Futbol de mujeres

A pesar de su popularidad (al menos en esta ocasión), las desigualdades que persisten entre el futbol de hombre y mujeres son impresionantes
OTRAS
10/07/2015
01:53
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Estefanía Vela estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los...
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El domingo se jugó la final del mundial de futbol de mujeres. Le ganó el equipo de Estados Unidos a Japón con un marcador de 5 a 2. 20 millones de personas vieron la final, lo que lo convirtió en el partido de futbol más visto en Estados Unidos. A pesar de su popularidad (al menos en esta ocasión), las desigualdades que persisten entre el futbol de hombre y mujeres son impresionantes: las mujeres, por ganar el mundial, reciben 2 millones de dólares como premio. ¿Los hombres por ganar el mundial? Reciben 35 millones de dólares. Más increíble aún: un equipo varonil, sólo por llegar a la primera ronda en el mundial, ganan 8 millones de dólares. Según este artículo, las desigualdades se ven en los salarios que reciben (el salario mínimo de una jugadora en EUA es de $6,842 dólares; el de un jugador, $60,000) y la representación en los comités ejecutivos de la FIFA (24 miembros son hombres y solo 3 son mujeres). La importancia de que 20 millones de personas hayan visto la final del domingo no debe subestimarse: para quien diga que los salarios se deben a que no son tan populares, es un claro ejemplo de cómo puede serlo.

En Horizontal se publicó un artículo sumamente interesante sobre los apoyos (o la falta de apoyos, más bien) que recibe la selección mexicana de futbol de mujeres. El texto es sumamente importante porque apunta a todos los factores sociales (de política pública, de políticas empresariales, de políticas educativas) que podrían incidir en el fomento a este deporte. Es un recordatorio de cómo algo que se estima tan «natural» como la desigualdad deportiva entre hombres y mujeres, en realidad depende de una serie de decisiones que garantizan que esa desigualdad permanezca.

No puedo más que preguntarme: ¿de qué talento, diversión, proezas nos estamos perdiendo por seguir creyendo que, para ciertas cosas (como el deporte), las mujeres simplemente no son tan buenas como los hombres?

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