154: Historias del Maratón de la Ciudad de México

OTRAS
17/09/2015
10:00
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Espacio diferente que busca publicar textos de TODOS quienes estamos cerca del mundo de las carreras y amamos correr. Publicamos, mínimo, los JUEVES.
OTRAS

No soy una, somos 35 mujeres que formamos una sola familia. Mujeres que nos conocimos gracias a una carrera, nos hicimos amigas por la euforia de alcanzar inscripciones para otra y nos hicimos hermanas entrenando para el Maratón de la Ciudad de México.

Somos completamente distintas entre nosotras: algunas somos psicólogas, otras maestras, enfermeras, ingenieras, licenciadas, abogadas, doctoras, corredoras de bienes raíces, amas de casa, dentistas, periodistas, estilistas, entre otras. Algunas son solteras, otras tienen novio y unas más están casadas; hay quienes no tenemos hijos, unas con 1, 2, 3 y una muy valiente con 5. Por complexión tampoco paramos: hay altas, chaparritas, hobbits, delgadas, llenitas, rubias y morenas.

Poco a poco fuimos compartiendo nos fuimos inscribiendo al maratón de la Ciudad de México 2015, en un principio éramos 5 y con los ánimos y el apoyo entre nosotras terminamos siendo 20 las que aceptamos este nuevo reto. Vivimos de todo: entrenamientos de altura, travesías, corazones rotos, momentos de llanto, etapas de mucha emoción, lesiones, momentos donde queríamos tirar la toalla, palabras de aliento, metas personales alcanzadas, robos, amistades que se fueron y otras que llegaron; pero nunca estuvimos solas, siempre hubo alguien para leernos o escucharnos aunque fuera de madrugada. 

Pero lo más especial de este maratón fue el km 39.5 donde las que no corrieron nos esperaban para animarnos. Ahí estaban ellas: la coach que tenía guardados nuestros números de corredoras para ir monitoreando cuando nos encontrábamos cerca, la que se puso a desinfectar las bolsas con refresco para hidratarnos, las dos fotógrafas oficiales, el esposo orgulloso con la cámara lista, las hermanas mitoteras, la que compró 500 chocolates, la que nos mandó a hacer medallas especiales, la que hizo bolsas con gomitas, la que llevó un costal de naranjas, los que no durmieron haciendo un portaretrato gigante, la que llevó arándanos, el animador enamorado de la entrenadora, el hijo que bailaba sin pena, el papá listo para acompañar a su hija en los últimos kilómetros, la que nos hidrataba como si estuviéramos en el desierto y los buenos deseos de todos los que físicamente no pudieron estar ahí.

Miles de momentos que han quedado guardados en nuestro corazón, cada una con sus razones, cada una con sus dedicatorias; pero si nos preguntan por qué lo hacemos, es fácil de contestar: soy mujer... soy corredora... ¡soy #Intensa!


Libi Ayala

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