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Cercados por la basura

En cuestiones ambientales, China enfrenta no sólo el problema de la contaminación del aire. Las grandes ciudades generan toneladas de residuos que sobrepasan la capacidad de las instalaciones para manejarlos
OTRAS
18/12/2015
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Carmen González, periodista mexicana especializada en viajes y turismo. Locutora y productora de radio. Actualmente trabajo para el departamento de español de Radio Internacional de China. Vivo en...
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Desde que llegué a China, en 2011, una de las cosas que más me llamó la atención es que en el lugar donde vivo, se presta nula atención a la separación de residuos. Debo confesar que, en México, aprendí a la mala a separar mi basura, porque el camión ya no se quería llevar todo junto, así que comencé a separar la basura orgánica de la inorgánica. 

No soy experta en el tema, ni mucho menos, pero cuando llegué a vivir a Beijing, me sorprendió que no existiera ni siquiera esa mínima separación, de la basura generada en la cocina, de cualquier otra. 

Y en los contenedores que hay para varios departamentos (uno cada dos pisos) tampoco hay varios botes, es un sólo bote enorme a donde va a parar todo. 

En la calle sí hay botes de basura que dicen “reciclable” y “no reciclable”, pero es otra más de las muchas normas a las que nadie hace caso y los botes rebosan basura de todos colores y orígenes. 

A principios de año propuse a una colega china hacer un programa de radio especial sobre el manejo de residuos en Beijing, y lo que me contestó me dejó más intrigada aún con el tema: China no es muy bueno en eso, así que mejor no hay que hablar de ello. 

Entonces comencé mi investigación yo sola. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, el nivel de basura doméstica de las ciudades chinas aumenta 9 por ciento cada año, pero en mega urbes del nivel de Beijing, la tasa de crecimiento es de alrededor del 15 y el 20 por ciento. Y según la misma fuente, la producción anual de basura per capita alcanza los 440 kilos (para ser honesta, este último dato me parece que se queda corto).

Según datos de julio pasado, las ciudades de China producen 14 mil 600 millones de toneladas de basura doméstica cada año. En todo el país, aproximadamente dos terceras partes de las medianas y grandes ciudades están en el centro de un cerco de basura, y una cuarta parte de ellas, se ha desarrollado hasta un punto en el que las plantas de tratamiento de residuos son totalmente insuficientes. 

En el caso de Beijing, la planta más grande de tratamiento de residuos se llama Asu Wei. Su construcción data de 1986, y originalmente estaba en el área de Changping, pero se ha extendido hasta una zona conocida como Xiaotongshan. Hasta este lugar van a parar los camiones recolectores de basura doméstica y los triciclos de basura forestal. Todo para para allá. 

Asu Wei entró en funcionamiento en 1994 y en aquel entonces abarcaba un área de 26 hectáreas, que luego creció hasta las actuales 60.4 hectáreas. Durante sus primeros 17 años de vida, procesaba 2 mil toneladas de basura por día, actualmente procesa 3 mil 500 toneladas diarias. ¿Y cómo las procesan? las entierran.

El chiste es que durante los 20 años que tiene de existir, Asu Wei ha hecho tantas veces este procedimiento y con tal cantidad de basura, que ya es insostenible. De hecho la zona de los alrededores tiene una peste a basura insoportable. Y ahí vive gente.

Las autoridades mandaron plantar un tipo de pasto y aquello quedó verde, muy bonito, pero la peste continúa. ¿Qué va a hacer entonces Beijing con su basura? La propuesta es incinerarla. 

Ya se había presentado este plan, hace algunos años, pero no prosperó. Ahora se está desempolvando e incluso el departamento de medio ambiente de la Universidad de Tsinghua colabora con investigación para dar con la tecnología que permita incinerar la basura sin generar demasiados gases contaminantes. Pero la gente de los alrededores de Asu Wei se opone a la construcción de la planta de incineración. No porque crean que seguir enterrando la basura sea mejor, sino porque aplican el viejo y conocido refrán “más vale malo conocido, que bueno por conocer”.

“¿Quién nos asegura que no nos va a hacer más daño de lo que nos hace ahora la peste de esta planta?” dice una mujer que vive en la zona. Para ella, la peste es el menor de los problemas, comparado con tener que enfrentar gases tóxicos provenientes de la incineración de basura. 

Y aunque las autoridades aseguran tener la tecnología suficiente para llevar a cabo el proceso igual que se hace en Europa, la gente permanece escéptica.

En mi opinión, independientemente del destino final de la basura, nuevamente se deja de lado la concientización de la población. Al igual que con lo del cigarrillo, los chinos parecen no darse cuenta de la importancia de separar la basura. Al principio es una monserga, no digo que no, pero es un asunto de conciencia y de no ser egoísta. Un amigo que estudió en la ciudad de Harbin, al noreste de Beijing me decía: “aunque nadie obedezca las señales de la basura reciclable y no reciclable de los botes de basura públicos, por lo menos son dos botes. En Harbin ponen dos entradas con sendas señales pero todo va a un mismo bote.”

El asunto no es usar máscara anti-contaminación del aire o incinerar la basura, el asunto es crear conciencia en la sociedad. Y no hay ni la más mínima señal de que se quiera lograr eso. 

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