Tigres de papel

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¿Y el dinero, legislador?

No entienden que no entienden.
21/04/2015
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No entienden que no entienden. Los senadores y diputados; el Presidente y sus secretarios de Estado; la comentocracia acomodada a la sombra del poder; los ciudadanos que –hartos y cansados de tanta simulación- ceden ante la desesperación y renuncian a elevar su vara de exigencia. El Sistema Nacional Anticorrupción queda corto, sale debiendo y augura un fracaso rotundo en aquello para lo que presuntamente se diseño: combatir y prevenir actos de corrupción. México cuenta con un engranaje institucional muy débil (difusa definición de responsabilidades; incapacidad operativa y técnica para llevar a cabo investigaciones complejas) y muy distante de la realidad de los ciudadanos (los “puntos de contacto” entre el Estado yt el ciudadano son muy pocos). Esto es lo que permite que la delincuencia organizada opere con rampante impunidad en México. Entender tan mal como lo ha hecho esta y la pasada administración este problema es lo que ha causado tantas pérdidas de vida humana. Y en el Sistema Nacional Anticorrupción, brilla por su ausencia algo –por más mínimo que sea- que ayude a corregir esta realidad.

No se hace obligatorio la presentación de la declaración patrimonial, fiscal y de intereses (el famoso #3de3). Tampoco se incorpora ningún mecanismo de coordinación interinstitucional para combatir el lavado de dinero (entre la PGR y la Secretaría de Hacienda; entre la Secretaría de Hacienda y Unidades de Inteligencia Financiera). En todo el proyecto de dictamen no existe una sola línea que mencione al lavado de dinero, mucho menos a la inteligencia financiera. ¿Qué significa esto? Esto significa que no habría manera de combatir (¡pero combatir en serio!) los ríos de dinero que ingresan cada año a la economía formal proveniente de la extracción de rentas que las organizaciones criminales hacen de los bienes ilícitos que trafican y los servicios a los que se dedican. Cantidades multimillonarias que son las que, a su vez, compran lealtades en todos los niveles de gobierno y en todos lo partidos políticos. Cantidades multimillonarias que influyen en la provisión (o falta de) servicios públicos a los ciudadanos que se los han ganado con trabajo y el pago de sus impuestos. Cantidades multimillonarias que distorsionan el sentido mismo de nuestro pacto social porque a los muchos, se les regresa muy poco; y a los muy pocos, se les permite vivir cómoda (e ilegalmente) a expensas de los muchos. Si no se construyen mejores mecanismos para combatir el lavado de dinero (ejemplo, reformar el tipo penal de lavado de dinero para que no sea necesario comprobar que quien lava dinero lo hace “con conocimiento de” volviendo así más fácil iniciar una investigación judicial –tal y como sucede con el homicidio “culposo” o “imprudencial”-) este sistema esta condenado a ser un adorno “buena ondita” más en la currícula de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. Por más ganas que le echen y por más texto constitucional que cambien, la realidad no se modificará nada más porque así esperemos que lo haga. ¡Hay que actuar! ¡Y hacerlo con conocimiento de causa!

Y lo exijo con un grito al vacío. Como un reclamo que se pierde en el mucho o poco eco que podamos hacer los ciudadanos que no estamos dentro del selectísimo grupo de personas que toman las decisiones en este país. Si no se sigue la ruta del dinero para así acabar con el financiamiento ilícito a campañas políticas, partidos políticos y la subsecuente compra de lealtades que tanto daño le hacen al agregado de la sociedad, el problema de fondo va a seguir ahí.

Lo veo venir. El Gobierno de la República se curará en salud al aprobar este sistemita nacional anticorrupción (así, en minúsculas y en diminutivo), mientras que la oposición juega al walz que le marquen.

Siguen sin entender que no entienden. Todos por igual.

 

 

En 1956, Mao Zedong -el líder de la revolución comunista en China- declaró a un medio estadounidense lo siguiente sobre el imperialismo: "En apariencia es muy poderoso pero en realidad no es...

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