Termino un ciclo, comienzo otro

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En mi vida hoy termina un ciclo que se inició por primera vez hace más o menos un año, el de “bloguero”. Despedimos "Filoneísmo"
OTRAS
24/08/2015
00:00
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Agustín Basave (Monterrey, México, 1958) es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford. Inició su vida profesional entreverando teoría y praxis en diversos cargos públicos (diputado...
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La vida es cíclica. Está hecha de ciclos, además de etapas o fases, conceptos con las que se suelen confundir esos círculos vitales que se abren y se cierran y que tiempo después retornan y nos llevan a recorrer de nuevo la circunferencia. Pues bien, en mi vida hoy termina un ciclo que se inició por primera vez hace más o menos un año, el de “bloguero”. El Universal me dio la oportunidad de estrenarme en esta relativamente nueva modalidad de la comunicación, lo cual le agradezco a su director editorial y a su subdirector de Opinión. Yo he sido articulista desde los 17 años de edad, cuando en mi natal Monterrey comencé a redactar textos para los periódicos, pero nunca había “blogueado”. Y si bien seguiré colaborando catorcenalmente en la edición impresa del Gran Diario de México, por ahora me despido de mi blog “Filoneísmo”. Lo hago por una sencilla razón: no me alcanzará el tiempo para escribir semanalmente.

A partir del 1 de septiembre seré una vez más diputado federal. Sí, volveré a empezar otro ciclo que ya había culminado hace muchos años, el de la política. Dejaré por un tiempo la academia y regresaré a ese quehacer tan duro y desgastante, a menudo sucio, al que muchos se refieren como “la grilla”. Y es que aunque uno quiera trabajar exclusivamente para mejorar la cosa pública, sin distraerse en forcejeos con los rivales, la gran mayoría de ellos no lo permiten. Golpean, zahieren, con frecuencia mienten y enlodan, y si uno no se defiende acaba por ser vapuleado. No, no debería ser así, pero así es. La Política con mayúscula, la que se dice que se ejercía en la Atenas clásica cuando los griegos le dieron a su siglo más glorioso no el nombre de uno de sus filósofos o artistas sino el de uno de sus políticos, el de Pericles, es una visión idílica que por desgracia rara vez corresponde a la realidad de este mundo.

Masoquismo, dirán ustedes. Algo hay de eso, quizá, pero es que esa brega también tiene una parte noble que ningún otro trabajo posee. Cuando se ejerce con honestidad, cuando por encima de grillas se concibe como la vía más directa para ayudar a la construcción de una sociedad justa, se convierte en la más alta vocación. Ya me imagino la respuesta de muchos lectores, en estos tiempos de desprestigio rampante de todo lo que huela a política. Lo entiendo. Pero no hay que remontarse al siglo V antes de Cristo; piensen en José Mujica o recuerden a Líber Seregni en Uruguay, por ejemplo; políticos contemporáneos de los buenos, personas que dignificaron esa actividad hoy vilipendiada y que dejaron tras de sí un país mejor. Garbanzos de a libra, ciertamente, pero existen. A eso hay que aspirar. A combatir la corrupción, a luchar contra la desigualdad. Si se escucha a la ciudadanía, si se está cerca de ella, se puede hacer.

México está mal. Muy mal. Si no entramos al ruedo, si nos limitamos a ver los toros desde la barrera y a silbar y abuchear a los malos toreros, nada va a cambiar. Y el toro no los va a cornear a ellos sino al público, a todos nosotros. Debemos actuar. Algunos han decidido hacerlo desde organizaciones sociales, y está muy bien. La participación de la sociedad civil es necesarísima, imprescindible, ahora más que nunca. Pero no es suficiente. La democracia no funciona sin partidos y es imperativo participar también en ellos, depurarlos, acercarlos a la gente, trocarlos en lo que deben de ser: intermediarios eficaces, impulsores de las mejores causas, ejecutores de la voluntad de su electorado. Lo he dicho mil veces: no hay que desaparecerlos, hay que mejorarlos. Cuidado con la demagogia anti partidista y anti institucional: remember Fujimori.

Por todo ello, he decidido enmarcar mi acción política dentro de un partido, el de la Revolución Democrática. Es el que me invitó a ser candidato a diputado, el que abrió sus puertas a ciudadanos que no militan en sus filas como yo, el que más se acerca a la opción socialdemócrata en la que creo. Está en una situación crítica, y urge que salga de ahí por el bien no sólo de los perredistas sino de todos los mexicanos. Nunca hay que desperdiciar una crisis. México necesita un partido de izquierda democrática fuerte, un partido progresista respetuoso del Estado de derecho y de sus instituciones que también sea un partido de oposición firme y contundente, una opción real de poder capaz de sacar al PRI de Los Pinos. He sido simpatizante del PRD desde hace más de trece años: le he dado incontables conferencias y cursos a sus militantes, he sido dos veces su candidato a diputado federal y, gracias a su apoyo, presidente del Consejo Consultivo del Frente Amplio Progresista. Es tiempo de retribuciones, de entrar de lleno y formalmente a poner mi grano de arena. Embarcarse cuando el viento sopla a favor no es mérito; subirse al barco en momentos de tormenta, cuando el vendaval amenaza con provocar un naufragio, es lo que puede marcar una diferencia.

Ya sé que hay quienes repudian a la partidocracia y expresarán su desaprobación. Ellos están en su derecho y, siempre y cuando venga exenta de injurias, yo respetaré su crítica. Pero también sé que al gobierno priista, que me tiene en su lista negra desde que sus truhanes inventaron la patraña de que yo organicé la protesta estudiantil contra Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, intentará sabotear mi participación en el PRD. De este gobierno espero otros infundios, porque acostumbra crear sus fantasmas y luego asustarse con ellos; espero ataques, calumnias, difamaciones. Ya sé cómo se las gastan. Confío, no obstante, en que las personas de buena fe no caerán en el juego perverso de la mentira y del engaño, y ansío que se sumen a la defensa de un proyecto que, más allá de simpatías o discrepancias ideológicas, representa un esfuerzo honrado para impedir que sigan desgarrando a nuestro país.

En todo caso, gracias y hasta luego.

Los espero en Twitter: soy @abasave

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