Virgilio Caballero, amor por los demás

Paola Félix Díaz

Virgilio Caballero Pedraza siempre fue periodista. Más periodista que abogado. Más periodista que antropólogo etnólogo. Más periodista que maestro. Todas esas profesiones no le calaron tan hondo como la de comunicador, oficio-profesión que marcó la vida de quien era visto desde hace algunas décadas como el auténtico precursor de los medios de comunicación públicos en México.

Desde los siete años este gran hombre daba muestra de sus grandes dotes al encabezar su primer programa de radio en la vida. Fue en la XEB, “La Estación del Buen Tono”, empresa propiedad de la cigarrera del mismo nombre y que después fue bautizada como “La B Grande de México”, ubicada en el Centro de la Ciudad.

Un día, en su infancia, su madre le tomó de la mano y lo llevó hasta las instalaciones de la radiodifusora, donde fue contratado e hizo durante once años un programa de radio, de acuerdo con la entrevista que le hizo el escritor Abraham Gorostieta Martínez cuyos datos retomo para este artículo.

Rectitud, honorabilidad y trabajo, fueron las premisas con las que creció en sus primeros años en su natal Tampico, Tamaulipas, después en la Ciudad de México. Su juventud fue de trabajo y entrega al estudio, principios inculcados por sus padres.

Su lucha por las causas sociales lo marcaron de la forma que menos esperaba. La historia le tenía reservado un espacio en el “Palacio Negro de Lecumberri”, donde fue encarcelado por la prepotencia del poder que quiso acallar (sin lograrlo) su indignación social materializada en el movimiento estudiantil del 68, del que formó parte con sus ideales de justicia.

Esa pasión por comunicar con veracidad fue la que lo llevó a ser, con el paso de los años, merecedor del Premio y Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, y que la Unesco lo llamara como asesor en temas de libertad de expresión.

La labor que desarrolló durante décadas a favor de una prensa que siempre estuviera del lado de los grupos vulnerables, marginados, los sin voz; tiene un gran soporte en la historia de vida de mi querido compañero fallecido en la víspera del lunes en esta Ciudad.

Fue su interés trabajar siempre a favor de los demás lo que lo llevó a estudiar simultáneamente su carrera como maestro, en la Normal, como comunicador, y antropólogo etnólogo.

De vuelta a la vida política, Virgilio Caballero reforzó su convicción, pero esta vez en una tarea precisa: la democratización de los medios de comunicación públicos, para que éstos quedaran sujetos a la ética, la responsabilidad y el compromiso social, por estatuto de ley, no como concesión ni dádiva.

Como director de agencias y de medios, constructor de medios públicos y más recientemente, en el 2015, en su calidad de Diputado federal en la LXIII Legislatura, hizo posible la normalización de medios del Estado independientes, pero para ello tuvo que superar fuertes resistencias de grupos reacios al cambio.

El Canal del Congreso, uno de sus grandes proyectos, es hoy una realidad, y mantener iniciativas de ese calado no solo es compromiso para honrar su memoria, sino homenaje a un hombre que siempre tuvo en su mente la existencia de una prensa y medios de comunicación no dominados por grupos de poder, siglas, membretes o fueros.

El maestro Virgilio Caballero definió lo que para él es el periodismo:

“Es un amor. Amor a los demás reflejado en un oficio que tiene que ver con la capacidad de compartir lo que se sabe, lo que se investiga, lo que se piensa. Tiene que ver con la necesidad de investigar la vida y relacionar los hechos entre sí, para poder explicar cotidianamente lo que ocurre en un país o en una circunstancia determinada y tener la capacidad de compartirlo con los demás”.

Ese es el legado de Virgilio Dante Caballero Pedraza.

Descansa en Paz querido amigo y compañero de luchas.

Activista social y titular del Fondo Mixto de Promoción Turística de la CDMX. @LaraPaola1

 

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