El aire en la CDMX nos está matando

Paloma Neumann

La Ciudad de México se ubica como la entidad con mayor registro de días de hospitalización en niños por infecciones respiratorias agudas (más de 5.8 días en 2011) de acuerdo con información recabada por la Red por los Derechos de la Infancia en México.

Datos del Informe Nacional de Calidad del Aire, del Instituto de Ecología y Cambio Climático, señalan que los problemas de calidad del aire tanto por partículas como por ozono persisten en la capital del país. En 2016, en prácticamente todas las estaciones de monitoreo se rebasó al menos uno de los dos límites normados para estos contaminantes. En ese mismo año, en ozono se excedió en varias ocasiones, activando el Plan de Contingencias Ambientales Atmosféricas después de una década.

En este contexto resulta interesante que la Ciudad de México sea sede de la Segunda Conferencia Anual de la iniciativa Women4Climate (Mujeres por el Clima) del Grupo de Liderazgo Climático, también conocido como C40, un grupo de gobernantes de ciudades que se han comprometido a implementar acciones para enfrentar el cambio climático, del cual la capital del país forma parte, representada por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera y la secretaria de Medio Ambiente local, Tanya Müller.

La realización de este evento es una oportunidad de hacer un corte de caja de la actual administración y hablar de un tema crucial que comparte causas y soluciones con el cambio climático: la contaminación del aire, que tan sólo en 2012 causó más de 6 millones de muertes prematuras en el mundo.

Si bien es cierto que en la Ciudad de México se han hecho algunos avances con ampliaciones en líneas de Metrobús, un par de ciclovías, y biciestacionamientos; también es cierto que la gestión de la calidad del aire sigue basada en la visión que fue necesaria implementar de manera emergente en la década de los 90, con el Hoy No Circula o las verificaciones, pero que ya resulta obsoleta.

La principal solución a este problema, a la emisión de gases de efecto invernadero, y a la congestión vehicular que le roban salud, calidad y horas de vida a los capitalinos, es la revisión y replanteamiento de la movilidad. Las alternativas para transportarnos de manera sostenible, cómoda, segura, siguen siendo insuficientes, y resulta preocupante que compromisos que realizó este gobierno aún no se cumplan cuando están por irse a la contienda electoral.

Ejemplos concretos son: la implementación del carril compartido “Trolebici” en el Eje Central Lázaro Cárdenas, para el cual hay presupuesto público aprobado desde 2015; las obras de infraestructura ciclista en el cruce de Avenida Río Mixcoac y Avenida Insurgentes, que ya han sido anunciadas pero no se han realizado; y la concretización de las líneas 5 y 7 del Metrobús.

Estos son sólo algunas obras que la sociedad civil advierte que pueden quedar como tradicionales compromisos sin cumplir. Esperamos ver que se construyan y diseñen verdaderas propuestas, basadas en información actualizada generada por expertos, que aborden los problemas de fondo que ya ponen en tela de juicio la viabilidad misma de la Ciudad de México, y desafortunadamente, de las ciudades mexicanas en general.

Uno de estos temas cruciales es, precisamente, la mala calidad del aire que respiramos, que pone en riesgo el derecho a la salud y a la vida de todas las personas, pero de manera más especial a poblaciones vulnerables como niñas, niños, adultos mayores y personas sensibles por condiciones críticas de salud, que además está vinculado inevitablemente a las causas que provocan el cambio climático antropogénico y que pareciera que las autoridades de nuestras ciudades consideran que es un tema que se puede postergar.

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