TLCAN 2.0: ¿mal arreglo o buen pleito?

Pablo Álvarez Icaza Longoria

México no debe aceptar chantajes, no debiera sentarse en la mesa de negociaciones hasta que EU elimine los aranceles al acero y al aluminio

En medio de los anuncios de represalias comerciales entre Estados Unidos (EU) y China, Mike Pompeo, secretario de Estado de EU, declaró el lunes pasado que en las próximas semanas podría anunciarse un acuerdo en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En ese mismo sentido, Sonny Perdue, secretario de Agricultura, consideró que es más viable cerrar un acuerdo primero con México y después materializar un consenso con Canadá.

Cabe destacar que estas noticias vinieron precedidas de la declaración la semana pasada de Ildefonso Guajardo, secretario de Economía mexicano, quien había asegurado que existía la posibilidad de una nueva reunión ministerial, junto a Robert Lighthizer, representante comercial de EU, y la ministra de Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, para retomar las pláticas.

En una audiencia ante el Comité de Finanzas del Senado de EU, Wilbur Ross, secretario de Comercio, señaló el 20 de junio que los aranceles impuestos a las importaciones de acero y aluminio procedentes de México y Canadá por razones de seguridad nacional se eliminarían si se alcanza un nuevo tratado comercial.

Sin embargo, los plazos para esta legislatura en EU ya caducaron y, curiosamente, se omitió el tema.

Estas declaraciones vinieron a renovar el optimismo en los mercados, al punto que no faltó quien comentara que México podría salir beneficiado de la guerra comercial entre las dos potencias mundiales y que, en este escenario, EU podría flexibilizar sus posturas para poder llegar a un acuerdo con sus socios comerciales.

Estos anuncios se reflejaron en el tipo de cambio spot que pasó de 20.83 pesos el 14 de junio a 20.67 al día siguiente, para seguir su tendencia a la baja a 20.40 ayer. No faltó quien interpretara esta apreciación del peso como una señal de que los mercados ya habían descontado los resultados electorales, cuando en realidad eso lo sabremos con certeza cuando veamos la cotización el 2 de julio.

Sin embargo, del “plato a la boca se cae la sopa”. Las declaraciones de los funcionarios de EU dejan entrever que la contraparte mexicana estaría más dispuesta a ceder que la canadiense, por lo que se podría alcanzar un acuerdo en principio, como sucedió con la Unión Europea en abril pasado, y luego proponer en fast track el asunto en un periodo extraordinario con el Senado, donde las negociaciones han sido secretas y no se sabe lo que ya se ha acordado ni lo que se está negociando.

Me parece poco realista que se pueda negociar y mucho menos aprobar un acuerdo sin la intervención del candidato ganador a la Presidencia. Más aún, querer jugar al “madruguete” pudiera ser contraproducente porque se podría interpretar que se le está queriendo poner una “camisa de fuerza” a la nueva administración.

Tampoco me parece viable ni creo que sea buena idea que se negocie con EU al margen de Canadá para poder llegar a consensos trilaterales. Desde hace varios meses la administración Trump ha insistido en firmar dos acuerdos en paralelo, lo que va en contra de la lógica trilateral del TLCAN. Pero, a lo mejor lo plantean porque ven a la parte mexicana muy deseosa -por no decir desesperada- de no dejar escapar la oportunidad de lograr un acuerdo.

México no debe aceptar chantajes, no debiera sentarse en la mesa de negociaciones hasta que EU elimine los aranceles al acero y al aluminio. Si lo hace, no creo que Canadá, que fue el país más afectado por la medida, quiera apoyar a México en las negociaciones.

EU está tratando de dividir y negociar por separado para obtener más concesiones, y sabe que por la incertidumbre generada por el cambio de gobierno, México está en una situación de mayor debilidad. La administración de Peña Nieto no debe pactar en estas condiciones de desventaja, cuando expertas y expertos nacionales e internacionales han recomendado posponer las negociaciones hasta 2019.

Me parece terriblemente ingenuo creer que se va a llegar a un buen arreglo en estas circunstancias y que con ello se van a eliminar dichos aranceles impuestos a Canadá y México. Los funcionarios de EU han culpado a las contrapartes del fracaso por no querer flexibilizar las posiciones, amenazando con que la “ventana de oportunidades” se puede cerrar.

Francamente, no entiendo por qué el gobierno mexicano sigue buscando un mal arreglo que pudiese dañar gravemente los intereses nacionales, generando un fuerte conflicto político interno con la nueva administración y con nuestros socios canadienses, y menos aún luego del trato que le está dando la administración de Donald Trump a los migrantes.

 

Catedrático de la EST-IPN
Email: [email protected]

Guardando favorito...

Comentarios