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Pacientes admiten el riesgo de la mota

En busca de superar su adicción, internos que son atendidos en los Centros de Integración Juvenil hablan de su experiencia, de su relación negativa con la marihuana

Después de relatar sus historias, exponen su deseo de rehabilitarse y no recaer, los pacientes del Centro de Integración Juvenil esperan que otros jóvenes no tengan más fácil acceso a las drogas mediante la legalización (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
Nación 26/12/2015 03:20 Pedro Villa y Caña Actualizada 10:17
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Claudia tenía 15 años y sabía lo que era drogarse con marihuana, hachís, tíner y LSD. A diferencia de sus compañeras de secundaria, para quienes su máxima preocupación era su fiesta con chambelanes, la de ella era cómo conseguir más drogas.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Claudia y otros pacientes de la Unidad de Hospitalización de los Centros de Integración Juvenil (CIJ) en la delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal, la mayoría jóvenes, relatan el camino que los llevó a internarse al mundo de las drogas, así como sus esfuerzos para superar su adicción, que les dejan claro que rechazan la legalización de la marihuana que representó el ingreso al mundo del que hoy buscan salir.

En su casa nunca se dieron cuenta cuando esta joven originaria del Distrito Federal comenzó a drogarse, y quien durante años diariamente fumaba mínimo tres dosis de marihuana.

“La primera vez que me drogué apenas había cumplido 14 años. Estaba estudiando en una escuela de paga, y un día se me hizo fácil ir con los grandes a una fiesta, y pues ahí armaron una pipa con marihuana; ahí fue donde inicié. Lo primero fue con marihuana, después hachís, cocaína, heroína. El crack no me llamó la atención”, comenta.

Conseguir droga para Claudia no fue complicado, gracias a sus amistades pudo contactar a un distribuidor y poco después se hizo novia de un joven que le proporcionaba la yerba.

“Cuando comencé con mi gusto por la mota me contactaron con quien vendía marihuana en la escuela. Después andaba con un chavo, y era quien me daba lo que yo quería”, sonríe con tristeza, al recordar lo fácil que llegó a ser tener a un proveedor que le garantizaba las dosis, lo que paulatinamente se tradujo en el consumo de drogas cada vez más duras en busca de nuevas experiencias.

En la Unidad de Hospitalización conviven hombres y mujeres que anhelan rehabilitarse y dejar un pasado de drogas y sufrimiento.

Mayra, de 34 años, recuerda su inicio con las drogas: “Fue mi pareja quien me daba marihuana para que la fumara todos los días. Me sentía relajada cuando fumaba, pero mi carácter cambió a raíz de esto. Era agresiva con mi mamá y con mi familia.

“Mi mamá se preocupó por mi adicción y fue ella quien encontró este sitio en internet y me trajo. Ella siempre me da palabras de aliento para que le eche ganas y salga para siempre de las drogas”, comenta  la joven, oriunda de la delegación Iztapalapa.

Mayra, quien debido a una infección mal atendida perdió el sentido del oído, sabe leer los labios de las sicólogas y médicos que la atienden, batalla para salir adelante y dejar este episodio, el cual comenzó hace 10 años.

“Mis dos hijos son mi inspiración, son ellos los que me dicen que le eche ganas, que ellos me esperan en casa. El más grande me comenta que me esperan en nuestro hogar, porque me quieren ver bien”, relata, quien espera que otros jóvenes no tengan acceso tan fácil a estas drogas mediante su legalización.

El riesgo de la mota

Guadalupe Trujillo Borbolla, directora de los Centros de Integración Juvenil, explica en entrevista que la marihuana muchas veces no es vista por los pacientes del centro como una droga, debido a que  consideran que  no es nociva, puesto que es “una planta y es natural”.

“La mayoría de los jóvenes que nos llegan al centro aseguran que no están consumiendo droga cuando se trata de marihuana, ésta no la ven como tal, ya que es una planta y algo natural, por lo que en su mayoría llegan por otras sustancias más fuertes, como la cocaína o el crack. Pero en la mayoría, la marihuana sí está dentro de su cuadro de consumo”, indica.

La doctora expone que la adicción a cualquier droga no se cura, sólo se controla, por lo que un requisito básico e indispensable para ser paciente de este hospital es que el ingreso debe ser de manera voluntaria, pues si se llega por obligación el tratamiento que dura tres meses resulta poco efectivo.

“Debemos entender que la drogadicción no se cura, se controla, es como la diabetes.  Si alguien llega aquí obligado por el trabajo o si lo mandan de algún reclusorio  y no tiene deseos de rehabilitarse, aunque esté aquí todo el curso, lo sensibilicemos de lo que ocasiona la droga, si no es por voluntad propia, no hay manera de que  funcione.

“Pero si ellos llegaron por su propia cuenta, porque comprendieron que tocaron fondo, los  resultados  son muy buenos. Cuando termina el tratamiento no significa que estén totalmente rehabilitados, sino que necesitan regresar una vez a la semana para darle un seguimiento, una terapia de observación para ver cómo sigue y cómo han evolucionado; de ellos depende que les vaya mejor”, señala Trujillo Borbolla.

Inspiración

A pesar de haber recaído hace un año, Claudia acaba de regresar al CIJ, porque desea recuperarse y dejar atrás el problema de las drogas que mantiene desde hace siete años.

“Acabó de regresar hace dos semanas a este lugar porque recaí. Cuando me salí la primera vez pensé que ya estaba bien y dejé de asistir a las terapias que continúan después. Pero me di cuenta que no. Comencé de nuevo con las drogas, pero ahora sí deseo rehabilitarme”, explica.

Su principal impulso para no recaer es su hermano Óscar, de seis años, ya que “él era el que siempre me veía como llegaba a la casa y no quiero que me siga viendo así, ya que soy su ejemplo. No quiero terminar en la calle toda drogada o acostándome con cualquiera para conseguir droga”, comenta.

Mayra, quien antes de ingresar a rehabilitarse era trabajadora de limpieza, al salir de aquí desea escribir libros para contar su vivencia y que pueda ser inspiración para que otras personas salgan del mundo de las drogas.

“Quiero ser escritora de libros de superación, porque pienso que con lo que yo estoy viviendo aquí puedo ayudar a otros jóvenes a impulsarlos a hablar las cosas que nos molestan, a expresarse, a dejar salir todo lo que nos deprime, a pedir ayuda, porque sólo de esa manera los problemas se pueden resolver, como el caso de las drogas”, señala.

Para Enrique, de 24 años de edad, el principal incentivo para continuar con su proceso de rehabilitación son su hijo y esposa, quienes le manifiestan su deseo de que se recupere cada vez que lo visitan.

“Mi principal apoyo y medicina es mi familia. Cada vez que vienen a visitarme, mi esposa y me hijo me dicen que le eche ganas, que sus brazos me esperarán todo el tiempo que sea necesario, porque prefieren no verme por un tiempo, pero que valdrá la pena verme ”, comenta, quien antes de ingresar al hospital era taxista.

Ricardo recuerda que la curiosidad y la invitación de un vecino adicto a las drogas lo llevó a probar crack, sustancia a la que se convirtió en adicto durante casi tres años.

“Comencé por curiosidad y cuando un vecino me invitó, la probé y me gustó. Ya no la pude dejar”, hoy busca hacerlo.

Carlos, de 28 años, admite que su principal impulso en este proceso de dejar las drogas es su esposa, quien lo abandonó debido a su adicción.

“El amor por mi esposa es lo que me tiene aquí. Ella me preguntó: ‘¿Las drogas o yo?’ y pues reflexioné que estaba perdiendo a mi pareja por culpa de algo que no valía la pena y por eso es que ingresé por mi propio pie a este CIJ”.

“No a la legalización”

Fundado en 1969, los CIJ han mantenido una posición de total rechazo a la idea de legalizar la marihuana en México, ya que consideran que para combatir este problema se le debe de apostar a la prevención y a la rehabilitación.

En el documento ¿Por qué NO se debe legalizar la mariguana?, los CIJ consideran que cualquier droga, sea legal o ilegal, es peligrosa, “por lo que en sentido estricto no hay drogas ‘blandas’ o ‘duras’, todas tienen efectos nocivos en el organismo de quien las consumen. No hay droga inocua”, señalan.

Los CIJ consideran que al legalizar la marihuana no se acaba el problema del narcotráfico, ya que si esta droga se controla por parte del Estado, no tardaría en caer en el mercado negro y con esto aparecerían una vez más  la violencia y la corrupción.

La asociación civil considera que al permitir su uso se abriría la puerta a que más adolescentes y jóvenes la consumieran y migraran con más facilidad a otros estupefacientes, como la cocaína.

En el folleto 7 argumentos sólidos contra la legalización de la marihuana, el centro afirma que la yerba sí es una droga que puede provocar daños físicos y sicosociales, que ocasiona dependencia física y sicológica, motivo por el cual, aseguran los CIJ, se generarían más gastos en cuestiones de salud.

La asociación civil argumenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no reconoce usos médicos para la marihuana, afirma que a mayor disponibilidad de drogas mayor probabilidad de su consumo, además de que en México no se criminaliza a los usuarios de estupefacientes, puesto que en 2009 se modificó la Ley General de Salud y en el caso específico de la marihuana está despenalizada la posesión de hasta cinco gramos para consumo personal.

“CIJ mantendrá su postura en contra de la legalización de la marihuana. Es un problema que impacta a quien la usa, a las familias y a la sociedad en conjunto. Las políticas públicas que sí funcionan son la prevención, el tratamiento y la rehabilitación del consumo de drogas en apego a los derechos humanos”.

Ricardo Sánchez Huesca, director de Investigación y Enseñanza de los CIJ, expone que se sumarán al debate nacional propuesto por el presidente Enrique Peña Nieto, además de apoyar las investigaciones en la búsqueda de encontrar evidencia de propiedades médicas de la planta.

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