24 | MAR | 2019
El maestro Francisco Javier fue sometido a una cirugía que consiste en introducir por las venas de su pierna izquierda cables hasta el corazón (YADÍN XOLALPA. EL UNIVERSAL)

Morir 3 veces... y tener otro corazón

14/12/2015
03:30
Cristina Pérez-Stadelmann
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A sus 52 años, Francisco ya "murió" tres veces. Padeció tres paros cardiacos súbitos. EL UNIVERSAL ingresó con él al quirófano en donde expertos del Centro Médico 20 de Noviembre del ISSSTE lo sometieron a un novedoso tratamiento de reparación cardiaca que le dará opción para recibir un trasplante

A Francisco Javier, maestro de música, de 52 años, le hicieron una radiografía y descubrieron que su corazón era más grande de lo normal. No fue una buena noticia, pues lo que en medicina se conoce como cardiomegalia causa daños en el tejido muscular que provocan que el órgano deje de bombear normalmente, lo que puede llevar a la muerte instantánea.

En su caso, manifestaba arritmias cardiacas y pulsaciones anormales que hacían que su corazón se esforzara demasiado y, por lo tanto, se agrandara. Algunos de los síntomas con los que vivía incluían fatiga, dificultad para respirar, mareos, tos, tenía 14 kilos de más por retención de agua. El diagnóstico: trastorno del ritmo cardiaco o fibrilación ventricular, es decir, su corazón tenía actividad eléctrica, pero no efectividad mecánica, con un ritmo ventricular rápido e irregular.

El 16 de octubre pasado, Francisco Javier, acompañado por su esposa Reynalda, acudió al Centro Médico Nacional 20 de Noviembre con un cuadro de bronquitis aguda; internado, a las pocas horas tuvo su primera muerte súbita cardiaca o paro cardiaco súbito. A esto seguirían otros dos. Fue reanimado en tres ocasiones distintas por especialistas de esta institución.

“Francisco Javier estaba muy grave, tuvo la fortuna de estar internado en un hospital en cada una de las ocasiones en que sobrevino la muerte súbita, pues en cualquier otro lugar, en la calle, en su casa, en su trabajo, habría caído en muerte súbita con muy pocas posibilidades de reanimación”, explica Rogelio Robledo Nolasco, médico cardiólogo y electrofisiólogo egresado del Instituto Nacional de Cardiología, quien es jefe del Servicio de Hemodinamia y Electrofisiología del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre.

Muy pocas personas saben efectuar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) a un paciente con paro cardiaco súbito; es necesario contar con un desfibrilador externo automático, instrumento con el que toda oficina pública, aeropuerto, central de camiones debería contar para salvar una vida en una emergencia, como ocurre en Estados Unidos, Canadá y en Europa, indica el doctor.

“La parada cardiaca súbita es causada por una falla eléctrica del corazón. Se confunde a menudo con un ataque al órgano, que es provocado por un problema de circulación. Se caracteriza por la muerte de una porción del músculo cardiaco, que se produce cuando se obstruye completamente una arteria coronaria”, explica el médico cardiólogo Robledo Nolasco.

En cuestión de segundos la persona pierde el conocimiento y deja de tener pulso. Sólo el tratamiento médico de urgencia, como la reanimación cardiopulmonar (RCP) y la desfibrilación externa pueden evitar la muerte por paro cardiaco súbito o muerte súbita cardiaca en el instante, detalla Robledo Nolasco.

Argumenta que “en México no se le da la suficiente importancia a la muerte súbita cardiaca como enfermedad coronaria fuera del hospital, que es actualmente la urgencia médica más importante que impacta por lo súbito y sorpresivo”. Por cada minuto que el corazón de la persona —ya desmayada— permanece en arritmia cardiaca se reduce 10% la posibilidad de sobrevivencia.

La muerte súbita cardiaca puede afectar a los bebés, sobre todo prematuros y de bajo peso, y comienza a afectar cada vez con más frecuencia a los adolescentes y a los atletas.

“Compete al Estado encontrar medios para prevenir la muerte súbita con la práctica de un programa de capacitación en materia de socorrismo básico que actúe en el momento comprendido entre que ocurre el hecho y la asistencia inicial del sistema de emergencia”, indica.

Los desfibriladores externos automáticos en Estados Unidos y Canadá están en lugares públicos como aeropuertos, centrales de autobuses, oficinas y escuelas.

“La gente sabe qué hacer en caso de que una persona caiga súbitamente desmayada para así asegurar la continuidad de la cadena de supervivencia en lo que llega la ambulancia”, comenta Robledo Nolasco.

En México no hay estadísticas sobre decesos por esta causa. Existe sólo un acuerdo que emitió el pleno del Consejo de Salubridad General (CSG) en sesión ordinaria del 23 de noviembre de 2012, en el que se exhorta a los propietarios y responsables de establecimientos con grandes concentraciones de personas (mayor o igual a 500 personas), así como a las ambulancias destinadas a la atención de emergencias, a contar con desfibriladores automáticos externos en sus instalaciones, pero esto aún no está suscrito en una ley”, agrega el especialista.

El desfibrilador puede ser operado por cualquier persona con un entrenamiento mínimo dentro de un lapso de cinco minutos a que sobreviene la arritmia, lo cual propicia una mayor oportunidad de llegar al hospital para ser atendido de emergencia. Se le considera un soporte básico de la vida.

Con este dispositivo se logra salvar la vida de un individuo mediante una descarga bifásica. Para el experto, estos aparatos deberían estar ubicados en lugares tales como terminales de todo tipo de transportes, tanto nacional como internacional, centros comerciales superiores a mil metros cuadrados, estadios, locales de espectáculos, salas de conferencias, eventos y exposiciones, así como hoteles y centros turísticos, instituciones sociales y centros educativos de todos los niveles.

Entre 33 mil y 53 mil decesos anuales en México se dan por muerte súbita cardiaca, en su mayoría ligados a enfermedad esquémica del corazón, reporta la Clínica de Arritmias y Marcapasos del Departamento de Cardiología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, a través del artículo Conceptos actuales sobre la muerte súbita.

En México, el tiempo promedio de atención de una emergencia cardiaca que ocurre fuera de un hospital es mayor de cinco minutos, que disminuye las posibilidades de supervivencia de una persona, así como su recuperación sin secuelas permanentes.

En el quirófano

Francisco Javier es sometido a un procedimiento de alta tecnología con hemodinamia (estudio anatómico y funcional del corazón); con un mapeo tridimensional cardiaco, que es un novedoso sistema para ayudar en el tratamiento de las arritmias, y con una cirugía consistente en ablasión cardiaca, un procedimiento que se utiliza para crear cicatrices en pequeñas zonas del corazón y así evitar problemas del ritmo cardiaco.

EL UNIVERSAL ingresa a la cirugía. Al paciente se le aplica anestesia general. Lleva puestos electrocatéteres, cables especiales recubiertos de plástico, que se han introducido por las venas de su pierna izquierda; estos se llevan al corazón ayudados por una cámara de rayos X.

Una vez en posición, se conecta al paciente a una computadora especial que permite registrar de manera continua la actividad eléctrica cardiaca, que detecta el funcionamiento del sistema eléctrico propio del corazón o sitios anormales dentro del órgano que causan ritmos cardiacos anormales.

El ventrículo derecho del paciente tiene una cicatriz o herida probablemente provocada por un virus; las arritmias están formándose alrededor de esta cicatriz. El médico llega con la punta del catéter hasta la cicatriz y quema este tejido. Francisco Javier sabe que esta cirugía es uno de los pasos previos a una donación de corazón.

“Me han dicho que soy candidato a un trasplante cardiaco, pero que antes seré sometido a este procedimiento de alta tecnología que controlará mi arritmia. Ya no podíamos esperar una cuarta muerte súbita y vivir en el hospital como lo he hecho durante los últimos tres meses”, dice el profesor, que se sabe un sobreviviente, antes de ser sedado.

“Con este novedoso tratamiento el paciente controlará su arritmia; podrá estabilizarse un tiempo; regresará a su domicilio en Durango, en lo que obtiene la donación de un corazón que se le pueda trasplantar”.

Antes del trasplante es necesario que en los próximos meses reciba un desfibrilador automático (DCI), que es un aparato eléctrico similar a un marcapasos, pero más completo, con la capacidad de detectar y tratar distintos tipos de taquicardias.

Es un dispositivo del tamaño de una caja de cerillos que ayuda a que el corazón mantenga su ritmo normal a través de descargas eléctricas. Este se implanta debajo de la clavícula.

“Será fundamental que Francisco Javier cuide sus alimentación. Podrá trabajar de manera normal frente a sus alumnos en la escuela, sin correr ni subir escaleras”, explica el médico a Reynalda previo a la cirugía, mientras ella no suelta de su mano los santos y estampas a los que les tiene fe.

Robledo Nolasco lo llama “el último camión de la vida”, es el último recurso para el corazón cuando se han agotado todas las demás opciones y no queda más que el trasplante.

Explica que “de ahí la importancia de agotar todos los recursos posibles antes de que el paciente reciba un trasplante. Por ahora erradicamos el disparador de sus arritmias, pero durante los próximos cinco años Francisco Javier deberá ser vigilado muy de cerca”.

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