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Las nuevas organizaciones sindicales que agrupan a los principales gremios de trabajadores en el país se presentan como una alternativa para velar por los derechos de sus integrantes; sin embargo, son encabezadas por líderes que se han mantenido más de 10 años en el poder, como Francisco Hernández Juárez, quien con más de 41 años al frente del gremio de telefonistas ha visto pasar a más de siete presidente de la República. En la mayoría de los casos, esos dirigentes se han vinculado o son militantes de partidos políticos y algunos, incluso, han ocupado cargos de elección popular.

A decir de especialistas, las nuevas centrales de sindicatos “parecen más de lo mismo”, “un gatopardismo evidente” que esconden intereses políticos. Una de estas agrupaciones es la Nueva Central de Trabajadores (NCT), encabezada por Martín Esparza, también dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), y Benito Bahena, líder de la Alianza de Tranviarios de México (ATM), quienes son acusados, por grupos de sus respectivas disidencias, de imponerse en varias elecciones.

Lo mismo sucede en la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), donde a pesar de existir una presidencia colegiada, el principal actor es el líder de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez, quien prometió encabezar este sindicato de manera democrática hace 41 años, cuando fue elegido por primera vez en el cargo.

En el Congreso del Trabajo, dirigentes como Joel Ayala, de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), lleva al frente de esa central desde 1998, hace casi 20 años, periodo en el que rompió con Elba Esther Gordillo al no permitir un relevo en diciembre de 2003. Otro que pertenece al NCT y que ha prolongado sus periodos es Víctor Flores, de los ferrocarrileros, quien lleva las riendas de ese gremio desde 1995.

La UNT y la NCT fueron creadas para defender los derechos de los trabajadores y permanecer independientes al gobierno para tener mayor fuerza en negociaciones con empresarios.

Ambas son vistas como organizaciones afines, pero han tenido diferencias, principalmente entre Martín Esparza y Francisco Hernández, quienes se han disputado el protagonismo de la figura sindical en México y eso se ha reflejado en los mítines donde llegan a coincidir. Los grupos de cada uno discuten por quién es el orador principal y hasta por los templetes.

Martín Esparza se ha reelegido en el sindicato de electricistas desde que asumió la Secretaría General, en 2005, hasta sumar 11 años al frente de la organización. Con su reelección el año pasado, Esparza se perfila para ser uno de los sindicalistas con mayor tiempo en gestión al frente de esa organización.

Como secretario general del STRM, Hernández Juárez fue elegido por primera vez en 1976, con bandera democrática y criticando que su antecesor, Salustio Salgado, había permanecido más de 10 años en el cargo.

Hernández Juárez lleva 41 años en el poder y es de los sindicalistas que han ocupado un cargo de elección popular, de 2009 a 2012 fue diputado federal por el PRD.

Un caso parecido es el de Agustín Rodríguez, quien fue elegido como secretario general del sindicato de la UNAM en 1994 y actualmente es uno de los presidentes colegiados de la UNT. Con casi 23 años al frente de esa organización, ha superado a Evaristo Pérez, dirigente del mismo por 18 años. Rodríguez Fuentes ha tratado con cuatro rectores de la universidad y también ha sido diputado federal por el PRD en dos ocasiones.

Para José Manuel Lastra, académico investigador de la UNAM, desde su formación, los sindicatos en México se han visto unidos al gobierno, no por un tema de corrupción, sino por las condiciones que provocó la Revolución Mexicana y la forma en que se organizó el gobierno en años posteriores. Un aspecto que ha afectado a los sindicatos históricamente ha sido la alianza con los partidos, considera Lastra. Refiere que el siglo pasado comenzó el PRI, quien incluyó a los campesinos y obreros como un sector. Actualmente, ese mismo asunto se da en la relación que existe entre líderes sindicales y partidos políticos.

La semana pasada se hizo público un caso enmarcado en este contexto, luego de que el dirigente de los trabajadores del Metro, Fernando Espino, se sumó a la campaña de Delfina Gómez, candidata a la gubernatura del Estado de México por Morena. Espino encabeza el sindicato desde 1973.

Según expertos, en la creación de la Nueva Central de Trabajadores, que encabeza el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), a cargo de Martín Esparza Flores, se distingue la influencia del viejo sindicalismo, lo cual se puede observar con líderes como Bahena, quien se aferra a seguir manejando las riendas de la Alianza de Tranviarios de México (ATM). Por la época de su creación, el nuevo organismo parece ser la prevención de algunos líderes sindicales ante nuevas reformas de la Ley Federal del Trabajo e, incluso, rumbo a las elecciones de 2018.

Alfonso Bouzas, especialista en materia laboral y miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, explicó a EL UNIVERSAL que el problema no son los sindicatos, sino quien los lidera: “Parece ser más de lo mismo”, dijo. Consideró la creación de la Nueva Central “un gatopardismo evidente” que esconde intereses políticos. La agrupación de varios sindicatos trae beneficios directos a los líderes, quienes se postulan como candidatos a un cargo de elección popular, puesto que las cuotas suelen servir como financiamiento para las campañas.

“Fidel Velázquez —quien fue líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) por 40 años— llegaba con su lista después de ver a gente de Los Pinos y decía que iba “al palomeo”, acordaban con el Presidente quienes iban a ser los candidatos por la CTM, que era el sindicato más poderoso y aportaba grandes cantidades de dinero para las campañas”, compartió José Manuel Lastra.

Javier Aguilar, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, destacó que Benito Bahena ha buscado un lugar en el gobierno, al menos desde 2005, al lado de Morena. Este partido es apoyado por algunas secciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que también forman parte de la NCT.

“Están pensando en moverse, no tanto para organizar una nueva democracia, sino para ver si algún partido les ofrece una diputación. En 2012 igual hubo intentos por hacer una nueva organización, igual en 2006”, comentó Aguilar.

Alfredo Romero, académico de la Universidad Obrera, señala que tanto Bahena como Esparza Flores cuentan con cualidades, habilidades y actitudes de liderazgo reconocidas por sus agremiados, lo que se puede cuestionar son las formas que han tomado para alcanzar sus objetivos.

Romero coincide con Lastra en que los sindicatos mexicanos deben adaptarse a la nueva organización del trabajo que ha traído consigo la revolución tecnológica y enfrentar el desafío de los entornos tan cambiantes que implica la libre competencia, la acumulación de las ganancias y la falta de seguridad en el empleo.

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