“No nos agarrará Trump con los dedos en la puerta”

El subsecretario de Población, Migración y Asuntos Migratorios de la Segob, Humberto Roque Villanueva llama a no especular sobre deportaciones

Humberto Roque Villanueva Subsecretario de Población, Migración y Asuntos Migratorios (VALENTE ROSAS. EL UNVIERSAL)
Nación 26/12/2016 02:06 Ariadna García Actualizada 07:41
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A pesar de las amenazas antiinmigrantes que como candidato lanzó el republicano Donald Trump, hoy presidente electo de Estados Unidos, el subsecretario de Población, Migración y Asuntos Migratorios de la Secretaría de Gobernación, Humberto Roque Villanueva, llama a la calma y, sobre todo, a no especular.

En entrevista con EL UNIVERSAL, afirma que se requiere una actitud prudente, sin considerar antecedentes y esperar a que la relación con Estados Unidos sea de gobierno a gobierno.

Recuerda que 2016 fue un año en el que México vivió distintos fenómenos migratorios. Si bien la cifra de mexicanos deportados de Estados Unidos se mantuvo en poco más de 200 mil y los centroamericanos retornados, por parte de México también rondaron esa cantidad, para las autoridades aún quedan pendientes en el tintero.

Se vivió al iniciar el año, una crisis humanitaria de ciudadanos cubanos que en busca de salir de su país quedaron varados en Costa Rica, luego de que Nicaragua cerrara su frontera, por lo que México fue parte de la ayuda para trasladar a más de 4 mil hasta la frontera con Estados Unidos.

Después, ciudadanos haitianos y africanos abarrotaron las fronteras de México en busca de refugio en Estados Unidos. Y a partir del 20 de enero de 2017, Trump tomará posesión en la presidencia estadounidense.

El encargado de la política migratoria del país asegura que el gobierno de México no está indiferente a esos problemas ni pasmado frente a lo que ocurre en el vecino país del norte. Y algo es seguro: “A México no lo van a agarrar con los dedos en la puerta”.

¿Se esperan “olas” de migrantes retornando a México en 2017?

—Yo creo que una actitud prudente es no especular y tomar en consideración los antecedentes históricos que nos miden en esta tendencia.

Creo que el presidente [Enrique Peña Nieto] ha hecho bien en decir que hay que esperar a que tome posesión [Donald] Trump, para que la relación sea de gobierno a gobierno. Muchos están diciendo que el gobierno [mexicano] está un poquito indiferente, pasmado y ya deberíamos tener instrumentos para saber qué vamos a hacer.

Por supuesto que el gobierno de México sabe qué tiene que hacer en materia del Tratado de Libre Comercio (TLC), no lo van a agarrar con los dedos en la puerta. Tenemos gente que sabe perfectamente cómo está el asunto. En la parte migratoria también.

¿Hay instrumentos adecuados para atender el tema?

—Si los ha habido para atenderlos, los habrá para atenderlos.

Pero no se trata de jugar a las vencidas, eso no me parece la mejor posición. Yo creo que como sugiere el Presidente de la República, debemos esperar a que Trump esté sentado en su lugar de presidente y que empiece esa relación que debe ser entre Estado y Estado. Porque si empezamos a especular podemos, sin querer, interferir.

Si se parte de un prejuicio, es difícil llegar a una buena negociación. Estoy convencido que la actitud prudente del gobierno de la República es la correcta y es muy fácil desde la trinchera de oposición decir: “Vayan mucho a…”.

De cualquier manera hay que recibir a los mexicanos.

—¿Ha oído del Programa Somos Mexicanos? Está coordinado entre el Instituto Nacional de Migración, la Secretaría de Relaciones Exteriores y las oficinas de apoyo a los migrantes en los estados que han venido creciendo.

Cuando llega el deportado, lo primero que se hace es extenderle una identidad, porque muchos no tienen ningún elemento que les permite identificarse; se les toma foto, generales y se les extiende una identificación como si fuera la del INE.

Se les brinda alimento y la posibilidad de albergue, así como seguro popular por tres meses. Lo más importante es que se les pregunta adónde desean ir. La oficina del lugar que eligieron inmediatamente deposita la cantidad para el desplazamiento.

¿Este programa abarca cualquier tipo de ayuda?

—El último brazo es muy importante, es el firmado con el Consejo Coordinador Empresarial, que ofrece sus bolsas de trabajo para que con la información que va a dar el INM de las personas sobre dominio de inglés y último empleo podamos cruzar demanda y oferta. Estamos preparados.

¿Qué van a hacer para 2017?

—Hemos avanzado mucho. En el caso de Centroamérica, falta profundizar en dos instrumentos que dependen de la voluntad de los centroamericanos, no de México: se puede incrementar la tarjeta de trabajador fronterizo que le sirve fundamentalmente a los guatemaltecos, sobre todo para actividades agrícolas y de servicios; a los beliceños, particularmente en Quintana Roo, donde hay oferta en construcción y turismo. Esa tarjeta está a la disposición de quien la desee solicitar y también la de visitante regional que se amplió de tres a 10 días sin necesidad de regresar a su lugar de origen.

El Salvador y Honduras piden mismo trato y puede ser, el gobierno de la República está analizando esta situación, nada más que requerimos una reforma a ley migratoria porque señala solamente a países limítrofes.

¿Las estadísticas migratorias del país van al alza?

—Afortunadamente, las cifras que tienen que ver con dos de los elementos que le dan sentido a la estadística migratoria, los mexicanos retornados por parte de Estados Unidos y los centroamericanos que nosotros hemos regresado a sus países de origen, son cifras muy parecidas al año pasado.

Todavía no llega a 202 mil el número de mexicanos retornados por la frontera norte, que fue la cifra del año pasado. Ahorita andaríamos en 196 mil. Por lo que se refiere a los centroamericanos, también las cifras son muy parecidas: a la fecha, 170 mil 215. El año pasado fueron 191 mil, muy similar.

Es interesante que estos dos fenómenos que constituyen la columna vertebral analítica que más le importa a México entender, se comporten de la misma forma por dos años consecutivos.

¿Qué les dice eso?

—Varias cosas: que se ha estabilizado de alguna manera el proceso de deportación estadounidense hacia México y que no tendríamos por qué esperar grandes cambios en esa materia; sin embargo, por supuesto que habrá que esperar a que entre la nueva administración, pero hasta ahora, digamos que de aquellas cifras de 2008, 2009, con [Barack] Obama, se han ido estabilizando en 200 mil personas o eventos.

Hubo un año muy fuerte, en 2015 fueron 205 mil y llevamos a noviembre 195 mil. Pero tuvimos un año pico en 2009 con 601 mil 356 y ha venido en declive: 469 mil; 332 mil (2010); 339 mil (2011), 332 mil (2012), 242mil (2013) , 205 mil (2014) y calculo que vamos a terminar 2016 muy parecido.

¿Qué hay que hacer con los centroamericanos?

—La solución de fondo la hemos planteado, es que haya mayor ayuda financiera para estos tres países que conocemos como el triángulo del norte. Sí, el Congreso de Estados Unidos aprueba una partida millonaria en dólares, si hacen dentro de sus limitaciones presupuestales un determinado esfuerzo para ayudar.

¿Cuáles son las razones principales de estos tres países para usar a México de tránsito e intentar llegar a Estados Unidos? Por un lado, en Guatemala hay un problema de sequía: el corredor seco de Guatemala que abarca a veces un poco de Honduras, esta es una tragedia de carácter climatológico.

En el caso de Honduras y El Salvador, hay serios serios problemas de delincuencia, criminalidad y riesgos físicos. Ahí estamos de acuerdo con que en nuestra frontera sur la mayor parte de personal está ahí, particularmente en Tapachula.

Afortunadamente se ha duplicado el personal para atender a los solicitantes de refugio centroamericanos en la frontera sur. Nos ayuda la ACNUR, que ha sido muy solidaria para que podamos abrir, hasta donde nos lo permita el dispositivo encargado de analizar los casos, el dictamen correspondiente.

México siempre es señalado. ¿Qué papel juega?

—La política migratoria mexicana hacia Centroamérica tiene las siguientes características: está basada en la ley migratoria mexicana que dice que un migrante que no tiene los documentos que lo acrediten para su estancia física en territorio nacional no es un delincuente, es simple y sencillamente un ser humano que está dentro de una situación administrativa irregular, obviamente debe ser captado por el INM pero hay un límite en que lo podemos retener en estación migratoria.

Tenemos dos dispositivos de retorno, el que corresponde a los adultos que son, y yo he visto a los autobuses, de primera; a veces van los niños cuando se puede, pero existen los Opis y se van en avión, van acompañados de personal especializado. Se van encontrando diferencias de características de políticas hacia el centroamericano.

En cualquier estación migratoria, particularmente la SXXI (En Tapachula), hay todo un dispositivo de Comar que informa a migrantes la posibilidad de que acudan a solicitar el estatus de refugiado en México.

¿Cuál es el mayor de los conflictos al que se enfrentan hoy?

—Nuestro mayor problema es el recurso económico. Se nos dice que hay hacinamiento en la estación migratoria, que no alcanzaron elementos de aseo personal, pero es la cantidad.

¿Qué prevén para 2017?

—Un cambio drástico de la política estadounidense hacia los haitianos. Van a empezar deportaciones por avión a la isla de Haití, casi es un hecho, no están pasando la prueba para considerarse refugiados y por ello van a retornar.

¿A México le afecta?

—Nosotros no lo veríamos como riesgo, no tenemos política migratoria interpretada en ese sentido como de seguridad nacional, pero además no es un número que preocupe.

¿Qué se prevé con los migrantes centroamericanos?

—Creemos que no va a haber reducción de las cifras actuales, tampoco estamos esperando un incremento. Establecerse en 200 mil en situación irregular no es buena noticia, pero tampoco prevemos un incremento.

Ignoro qué se puede hacer con el nuevo gobierno. ¿Hasta dónde habíamos llegado con el gobierno de Estados Unidos? A que como muchos centroamericanos sí pueden solicitar el estatus de refugio porque está justificado, aquellos que son perseguidos por las bandas, aquellos que están amenazados en sus lugares de origen.

Lo que teníamos avanzado es que no tuvieran que llegar a México porque el país sólo está capacitado para analizar el caso dentro de el país y, en caso de que no lo cumpla, regresarlo; eso no les resuelve el problema. Pero Estados Unidos llegó a plantear, ya no dio tiempo a un tercer país y entonces que pudieran acudir a Belice, que no tiene la misma ley migratoria, y ahí hacer su examen para ver si pueden entrar. Lamentablemente, el tiempo se acabó.

¿Es posible reavivar el tema?

—Se dialoga con El Salvador, Honduras y Guatemala, la razón por la que pueden ser ellos regresados casi de inmediato es porque los propios gobiernos cooperan.

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