"Legalización no acabaría con problemas de inseguridad"

Señala que en el combate al crimen organizado se deben atacar sus finanzas; en Europa no ve evolución hacia la regulación de las drogas, expresa

Wolfgang Götz; director del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (ESPECIAL)
Nación 23/12/2015 02:13 Inder Bugarin / Corresponsal Bruselas Actualizada 02:14

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La eventual despenalización de la marihuana en México no resolvería los desafíos del país en el ámbito de la inseguridad, pero sí podría liberar recursos policiacos para combatir otros retos asociados al tráfico de drogas y la delincuencia organizada, afirma Wolfgang Götz, director del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT).

“México es un caso específico. Si abre la puerta hacia la legalización del uso de la marihuana se movería en la dirección de países como Uruguay, pero no resolvería sus principales problemas, que tienen que ver con delincuencia y el tráfico de heroína y cocaína, principalmente”, dice a EL UNIVERSAL.

En entrevista, el experto alemán —quien ha dirigido durante una década el máximo organismo en el ámbito del estudio de la problemática de las drogas en la Unión Europea— afirma que la  legalización de la marihuana implica beneficios y riesgos.

“El lado positivo sería quitarle al crimen organizado la base para producir marihuana y con ello se liberarían recursos para que la policía, los jueces y el sistema de justicia puedan combatir otros delitos. Pero por otro lado, podría generar un aumento del consumo y de los problemas relacionados al uso de la cannabis”.

Afirma que en Europa casi 1% de los adultos consumen a diario cannabis, la droga que se notifica con más frecuencia como la razón principal para iniciar un tratamiento de drogodependencia por vez primera.

Para Wolfgang Götz la estrategia contra las drogas debe centrarse principalmente en la lucha contra las bandas delictivas, el incremento de los servicios de tratamiento por dependencia y en poner fin al encarcelamiento de los consumidores.

“Igualmente es fundamental atacar los fondos de las organizaciones criminales, hay que afectarlas en su punto más sensible: el dinero. Se requiere mayor cooperación internacional para combatir el lavado de dinero y confiscar sus recursos”.

¿Cuando tomó las riendas del OEDT hace 10 años pensó que en América tomarían el liderazgo en el debate sobre la legalización de las drogas?

—No, nunca. Siempre pensé que si habría un movimiento de legalización tendría su origen en Europa. Para mí es una gran sorpresa. Pero hay que ser muy precisos, el liderazgo de América sólo es sobre la cannabis y no sobre las drogas en general.

¿Qué fenómeno empujó a América hacia la legalización?

—Es el resultado de un debate que tuvo lugar durante muchos años en Estados Unidos sobre el uso médico de la cannabis. En California se supone que es sólo disponible con fines médicos, pero en realidad es muy fácil tener acceso si vemos que los pacientes son principalmente hombres de entre 25 y 35 años de edad. De manera que el segundo paso en Estados Unidos era hacerlo más legal y ahora tenemos casos como los de Colorado, en donde se ha convertido en un gran negocio.

¿Y en Europa qué dirección tomó el debate sobre las drogas?

—Tomó dos direcciones: hacia la despenalización [del consumo] y el tratamiento de los usuarios de drogas como personas enfermas y no como criminales. En muchos países, el poseer pequeñas cantidades para consumo personal sólo implica una sanción administrativa.  En el caso de la cannabis el riesgo de sanción es incluso mucho menor, por lo que los grupos organizados de usuarios no se han visto en necesidad de presionar para cambiar la política interna.

Entonces Europa está en una confortable posición en la que no se ve obligada a alterar su política de drogas, ni siquiera en el ámbito de la marihuana.

—La situación en Europa se encuentra estable, a nivel gubernamental o parlamentario no veo ningún país en dónde la mayoría de las fuerzas políticas estén a favor de legalización del cannabis. Así que por el momento no veo una evolución hacia la legalización en Europa, aunque no excluyo que en el futuro un país la adopte, y en ese momento, muy probablemente otros lo sigan.

La Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) de  2016  presentará una oportunidad sin precedentes para revisar y reorientar la política de drogas. ¿Se debe centrar en el tema de la marihuana?

—Ha sido un gran error centrar el debate sólo sobre la marihuana ¿Por qué no hablar también sobre éxtasis? Pienso que el debate debería iniciar desde arriba, hablando de valores y hacia dónde queremos ir, para posteriormente entrar en los detalles. La sesión de la ONU llega muy pronto, debió respetarse la fecha inicial de 2019. Me temo que el mundo no está preparado para esta cumbre.

¿Cuál será la posición de Europa en la UNGASS?

—Europa no cuestionará la Convención Única sobre Estupefacientes, pero tratará de integrar en el sistema dos puntos importantes: derechos humanos, con énfasis en la eliminación de la pena de muerte; y el enfoque del tratamiento y de reducción de daños, dos medidas que permiten recaudar evidencias científicas y hacer a un lado ideologías políticas.

¿A casi 55 años de la Convención sobre Estupefacientes, cuáles son los principales desafíos?

—El mayor es el policonsumo, ya no encuentras a personas que usen sólo heroína, marihuana, cocaína o metanfetamina; el mezclar sustancias se ha convertido en el patrón estándar. Por otro lado, están surgiendo nuevas sustancias, en 2014 se informó sobre 101 nuevas drogas sicotrópicas que desafían a los actuales mecanismos de control. También preocupa el aumento de la potencia y la pureza de las sustancias disponibles en el mercado.

En el ámbito de la producción y el tráfico, las drogas cada vez más se producen cerca de los puntos de consumo, es algo que estamos viendo con las sintéticas y la cannabis. Por último, tenemos internet, un gran desafío ante el cual todavía no estamos preparados.

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