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"Es un día histórico, es un gran paso para la capital"

Ayer fue aprobada la reforma política del DF. En la sesión estuvieron presente s Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo (ADOLFO VLADIMIR. CUARTOSCURO)
16/12/2015
02:40
Juan Arvizu y Alberto Morales
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“Todavía no me creo que se vaya a aprobar la reforma política del Distrito Federal”, dice la panista Mariana Gómez del Campo (PAN), en la apertura del último debate de esta materia que toca 54 artículos de la Constitución, que se llevó 15 años en las discusiones de fondo en el mapa de la transformación del Estado.

Cada diciembre se desplomó el cambio en el salón de sesiones, cuando muchos esperaban que fuera votado y ello frustraba a la izquierda, que esta noche se va a dividir y los lopezobradoristas votarán en contra, igual que un puñado de panistas inconformes con los alcances de una modificación que ven a medias.

A Mariana Gómez del Campo la expresión le sale del alma, palabras con lo que resume el ánimo de la asamblea: “Todavía no me la creo”. La perredista Dolores Padierna expone, tiñe de amarillo y negro el nuevo diseño, soñado por el PRD, el de los tiempos fundacionales, y proclama: “¡Que viva la reforma política de la Ciudad de México!”, en el inicio de cuatro horas de discusión.

Ana Lilia Herrera Anzaldo (PRI), de menos emoción y más análisis, en tribuna plantea que haya coordinación con las nuevas reglas y se dejen atrás los pretextos del perredismo por los indicadores rojos en la gestión de gobierno que la lupa priísta encuentra. Armando Ríos Píter defenderá al PRD en el gobierno y a la reforma.

Y aunque sólo hay tres ajustes “obvios”, causa por la que el tema regresó de la Cámara de Diputados, en un rebote como de agonía, se entrelazan las fuerzas en un largo debate, muy al tono de un asunto atorado mil veces.

Porfirio Muñoz Ledo, quien dice: “He estado en todas las reformas políticas”, junto con Ifigenia Martínez, líderes del Frente Democrático Nacional, la semilla de los que están ahí en el lado izquierdo del salón, presencian el choque de posiciones. Un chaleco bajo el saco cubre al político del frío.

“Todavía no me la creo”, y quizá ello explique por qué avisan que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera llegaría hasta que esté en proceso de emisión la votación. Una vez, hace un año, al abrirse la discusión, sobrevino un aborto y la muerte súbita de la sesión y del periodo. Más seguro, Mancera no se expone. Llegará y caminará sobre la alfombra de los hechos consumados: 74 votos en favor, 20 en contra, una abstención, para agradecer la reforma aprobada.

“Es un día histórico para la ciudad de México, es un gran paso para la capital”, que culmina más de 200 años de búsqueda de este cambio. Un par de siglos, los lustros de pluralismo político incluidos, de los que otro jefe de gobierno, Alejandro Encinas (PRD), relata los trabajos emprendidos desde 1982. Así de largo ha sido el camino.

Mario Delgado, presidente de la Comisión de Distrito Federal, promotor incansable de la reforma que nace, votará en contra. Argumenta que la fórmula para la integración del Congreso Constituyente no es proporcional con la correlación de fuerzas, en la que aparece Morena, su nido.

Layda Sansores (PT) saluda con respeto y admiración a Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, e igual que Delgado repudia que 40% de los constituyentes lleguen “por dedazo”. Deja un saludo para Mancera, la decepción, porque “lo suponíamos de izquierda”. Pero sólo piensa en sus intereses. De modo que “Peña y Mancera, la misma chi…fladera”, afirma.

Marco Antonio Blásquez Salinas (PT), en la erosión del debate, califica a los últimos gobiernos en la capital como regresivos en la calidad de vida y dispersores de dádivas para la gente. “Media pensión a los adultos mayores, no es dádiva, pues les permite atender sus necesidades”, dice.

Con cuerda para otros 200 años de debate, el pleno acata el orden que fija el presidente Roberto Gil Zuarth (PAN), que ordena abrir el tablero de votación. Por fin. Y se rompe la maldición que negaba este cambio. Rabindranath Salazar, perredista, vota en contra, y levanta gritos de sus compañeros que le urgen votar en favor. Sobre los números de la aprobación una generación menguada de la izquierda aplaude con emoción. Dicen que Alejandro Encinas en un arrebato de gusto ha hecho una especie de “Roqueseñal”, mientras que priístas y panistas, se ven fríos.

La sesión sigue, llega Mancera y, ya que se va, se despide de Emilio Gamboa y de Fernando Herrera, y le dice a Barbosa: “Te hablo tocayito”; se va como es, como si no pasara estrés por sus nervios.

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