La contabilidad de Guaidó: deudas y ganancias

23/03/2019
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Texto: José Meléndez

San José. – Tras dos meses de un peculiar ejercicio de la presidencia de Venezuela, sin trono en palacio, en un interinato, reconocido por las metrópolis y las periferias de la geopolítica en América y Europa y desconocido dentro y fuera de su país por gobiernos enemigos, el ingeniero Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez ya puede sumar, restar, multiplicar y dividir para revisar los primeros saldos políticos de los últimos 60 días.

En el balance de una contabilidad política que comenzó a correr el 23 de enero pasado, cuando se juramentó como presidente encargado, Guaidó logró acreditar a sus cuentas el crucial reconocimiento internacional de más de 60 gobiernos, desde Estados Unidos, Brasil, Argentina, España, Francia, Colombia, Japón y Australia hasta Guyana, Chile, Costa Rica, Alemania, Portugal, Paraguay, Panamá o Guatemala, entre otros.

También sumó una exitosa gira del 22 de febrero al 4 de marzo por Colombia, Argentina, Brasil, Paraguay y Ecuador, tras salir subrepticiamente de Venezuela hacia suelo colombiano y eludir una prohibición de viajar al exterior que el aparato político y judicial controlado por el cuestionado presidente venezolano, Nicolás Maduro, emitió en su contra luego de que asumió el interinato.

Guaidó, de 35 años, casado con Fabiana Rosales y padres de Miranda, añadió a las columnas positivas el hecho de que se transformó en el principal rostro de la oposición venezolana, a la que unió a su alrededor pese a las añejas disputas por rencillas personales, aspiraciones individuales, egoísmos partidistas, rencores internos y divisiones coyunturales que todavía azotan al bloque opositor.

El presidente encargado agregó a sus saldos positivos otro elemento crucial: se topó con un “bienvenido, presidente” en un cubículo de migración al retornar exitosamente a Caracas por el aeropuerto internacional de Maiquetía luego del periplo regional y revertir una derrota en uno de los acontecimientos que permanecen en sus números en rojo.

En el transcurso de febrero anterior, Guaidó prometió desde Caracas que una ayuda humanitaria internacional reunida en bodegas de zonas colombianas y brasileñas limítrofes con suelo venezolano entraría “sí o sí” a Venezuela. Pero a sangre y fuego, Maduro venció a Guaidó, cumplió su promesa y logró bloquear el 23 de febrero anterior el ingreso terrestre de la asistencia humanitaria a Venezuela.

Desconocido por los socios de Guaidó y aferrado a sus viejos aliados, como Cuba, Rusia, China, Bolivia, Nicaragua y un puñado de gobiernos caribeños y del Tercer Mundo, Maduro demostró que, por el momento, hay otros débitos en las cuentas del hombre convertido ahora en principal rostro de la oposición venezolana.

Una de las deudas pendientes es un factor esencial: la cúpula militar ignoró repetidamente, a lo largo de dos meses, las reiteradas exhortaciones de Guaidó de rebelarse contra Maduro y desconocerlo como mandatario, al aducir reiteradamente que es un usurpador de la Presidencia porque que se reeligió en 2018 en comicios ilegítimos para un segundo mandato que comenzó el 10 de enero pasado.

En sus balances favorables, Guaidó sumó lo que emergió como una victoria diplomática internacional. La ex presidenta chilena Michelle Bachelet, jerarca mundial del Alto Comisionado de la Organización de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, culpó el 20 de marzo a Maduro de recurrir a la represión política, con ejecuciones y tortura.

Pese a tener el timón de las fuerzas de seguridad, Maduro eludió, por lo menos hasta ahora, actuar directamente en contra de Guaidó.

En un escaño de diputado —suplente de 2011 a 2016 y titular desde 2016— y en una plataforma de dirigente estudiantil a partir de 2007, Guaidó transitó por la política venezolana como un casi perfecto desconocido hasta que el 5 de enero de 2019 fue electo como jerarca de la Asamblea Nacional de Venezuela, dominada por la oposición.

En esa fecha clave, Guaidó se instaló en la línea de sucesión presidencial de su país y solo cinco días antes de un momento excepcional en la crisis venezolana: el sexenio presidencial para el que Maduro fue electo concluyó el 10 de enero de 2019 y el de su controversial reelección consecutiva empezó ese mismo día.

Maduro fue considerado usurpador de la Presidencia por el parlamento venezolano, que le aplicó la Constitución. Maduro replicó que su reelección fue legítima.

En ese panorama institucional, Guaidó quedó en la posición estratégica al amparo del artículo 233 de la Carta Magna. De acuerdo con la Constitución de Venezuela, cuando ocurra la falta absoluta de la persona electa como gobernante, en los siguientes 30 días debe realizarse una nueva elección y, mientras tanto, la persona que desempeñe la presidencia legislativa se encargará temporalmente de la presidencia del país.

Guaidó siguió el libreto constitucional, juró el 23 de enero como interino o encargado y, en cascada, recibió el reconocimiento mundial.

No obstante, las opciones de sumar y de multiplicar están en la mesa de Guaidó, sin silla en el Palacio de Miraflores de Caracas —sede de la Presidencia— aunque también están las de dividir… y restar.

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