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Cuba-EU, un año de entendimiento

Primer aniversario del histórico 17D que derribó el último muro de la Guerra Fría en América e inició una nueva era en las relaciones políticas en el Hemisferio Occidental
Un hombre vestido con una camiseta con la bandera estadounidense permanece junto a un altar en el Santuario del pueblo de El Rincón, en las afueras de La Habana (ALEJANDRO ERNESTO. EFE)
17/12/2015
01:52
José Meléndez, corresponsal
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Un año después de que Estados Unidos y Cuba derribaron el último muro de la Guerra Fría en América y empezaron a limpiar los restos de las ardientes brasas bajo las cenizas de más de medio siglo de pleitos, las tareas bilaterales pendientes son abundantes en derechos humanos, bloqueo económico o nacionalización de bienes.

Pero la rapidez del cambio en EU contrasta con la lentitud en Cuba. Los presidentes Barack Obama, de EU, y Raúl Castro, de Cuba, anunciaron sorpresiva y simultáneamente el 17 de diciembre de 2014 que, tras 18 meses de negociación secreta, acordaron avanzar a la normalización de sus turbios lazos. En vísperas del 56 aniversario del triunfo, el 1 de enero de 1959, de la revolución cubana, Obama admitió el fracaso de casi 55 años de acoso de EU para obligar a Cuba a democratizarse. Ayer, la Casa Blanca dijo en un comunicado que “nuestra política hacia Cuba nos ha permitido mejorar de manera más activa la vida de los cubanos, impulsar nuestros intereses y valores en Cuba y construir amplios lazos de cooperación a través de las Américas”.

En la mesa de trabajo subsisten las denunciadas violaciones a los derechos humanos en Cuba, los 6 mil reclamos por 8 mil millones de dólares por las confiscaciones decretadas por la revolución en sus inicios o la exigencia cubana de que EU se retire de la base militar de Guantánamo, que ocupa desde 1903.

Aunque ambos gobiernos anunciaron en julio pasado la reanudación de vínculos diplomáticos, rotos por EU en 1961, el itinerario sigue atrapado entre dos realidades. Por un lado, están los acelerados cambios que Washington adoptó en los últimos 365 días, como pedir al Congreso de EU que levante el bloqueo que se impuso a Cuba en 1962, sacar a la isla de la lista de países terroristas o flexibilizar las reglas de viaje de estadounidenses a ese país. Obama adoptó una “valiente decisión” al debatir con el Congreso el fin del embargo, admitió Castro en abril anterior en Panamá, antes de reunirse con su colega estadounidense en la primera cita de mandatarios de EU y Cuba desde 1956.

Por el otro, está el inmovilismo de La Habana, que aceptó introducir cambios económicos pero descartó realizar reformas políticas a su régimen comunista de partido único, sin renunciar a la denunciada represión política interna. Cuba “no ha correspondido con la misma agilidad y no ha implementado medidas proporcionadas a las de EU”, advirtió el opositor Dagoberto Valdés, religioso, ex—miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano y director de Convivencia, revista digital cubana. “Algunos consideran que ‘algo’ está cambiando pero que no hay correspondencia, y otros, que la lentitud hace dudar de una voluntad de cambios reales”, afirmó, en una declaración que envió a este diario.

Al alertar que en su país hay un “forcejeo” entre “lo nuevo y lo decadente” y “el cambio y la inercia”, el disidente alegó que pese a que escenario, decorado y actores secundarios están listos, “falta lo fundamental: llevar a escena el guion y los protagonistas principales”, que son el gobierno y la “auténtica” sociedad civil. El contenido esencial de la obra “es el levantamiento del bloqueo estatal sobre las libertades y las iniciativas de los ciudadanos y la total democratización” de Cuba, recalcó.

La cubana Rosa Miriam Elizalde, periodista y editora de Cubadebate, periódico digital estatal de la isla, recordó que en las primeras horas del 17D —identificación en la que coincide con Valdés— todavía el bloqueo de EU “y el horizonte hostil” estaban donde siempre permanecieron. Elizalde narró en Cubadebate, a propósito del primer aniversario, que tras la euforia, “descubrimos que no es tan fácil demoler el muro que EU construyó durante medio siglo, y la prueba es que en las palabras en inglés que acompañan ‘el cambio’ de política, la obsesión por ‘democratizarnos’ está intacta”.

“Por supuesto, es preferible lidiar con un insulto que con una puñalada y los cubanos estamos especialmente bien dotados para las esperas. Sabemos desde la cuna que en el terreno de las relaciones entre los dos países las desgracias y las alegrías nunca se avisan con anticipación y aprendimos, por consiguiente, a no hacernos demasiadas ilusiones y armarnos de paciencia”, aclaró.

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