“Acepto maltratos y abusos por necesidad”

Metrópoli 29/11/2015 02:04 Fanny Ruiz-Palacios Actualizada 02:05
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Ana –no es su nombre real– es madre soltera y su situación económica la llevó a sumarse a las filas de la Policía Auxiliar, una de las policías complementarias de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF).

Su inicio en la corporación fue complicado, pues dedicarse a evitar la comisión de delitos en el Centro Histórico, no fue fácil.

Al graduarse, hace cinco años, la incorporaron al sector 52, Destacamento Tres. Le dijeron que su trabajo consistiría en combatir el comercio informal y su horario sería de 12 horas de trabajo por 36 de descanso.

De un día para otro y sin explicaciones le dijeron que trabajaría 24 horas y descansaría otras 24. Aunque no estaba de acuerdo, guardó silencio y acató las órdenes de sus jefes. Pero, con el paso del tiempo empezó a resentir los efectos: cansancio, mayores gastos y menos tiempo para su vida personal.

La necesidad de llevar alimento, ropa y calzado a su hogar la obligan a tolerar abusos por parte de sus mandos.

“A pesar de lo que estamos viviendo, no me puedo cambiar de sector porque en estas fechas se hace el corte para recibir nuestros haberes de fin de año”, dijo.

Teme que la puedan reasignar a la vigilancia del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, puesto que es de los peores pagados.

Resaltó que sus gastos no los podría sustentar si la transfieren a otro puesto. En la Policía Auxiliar es bien sabido que los mandos envían a realizar servicios mal pagados a quienes se quejan de las jornadas excesivas de trabajo.

En su casa la espera un niño pequeño, quien pasa la mayor parte de su tiempo en la guardería y con una señora que se dedica a cuidarlo por las noches.

Al tener mayores horas de trabajo y no poder hacerse cargo de su pequeño, debe pagar más efectivo para que le cuiden al menor mientras ella llega a su hogar.

Nadie en su familia es policía. Ana aceptó que tomó la decisión de serlo porque con la llegada de su bebé aumentaron gastos y no contó con el apoyo de su pareja.

Sabía que un policía tenía jornadas largas, pero también pensó que tendría tiempo para pasarlo con su familia.

“Me afecta en la vida laboral y personal. Con estos horarios incrementan los gastos, porque tengo que pagar más para que cuiden a mi hijo. Además, no me gusta cómo me hablan, como me tratan, creo que me merezco un respeto al igual que los mandos, pero nunca lo demuestran”, comentó.

Pidió al titular de la Secretaría de Seguridad Pública del DF ponga atención a lo que ocurre en una de las policías complementarias y dé marcha atrás a los excesos que cometen algunos mandos. Afirmó que las jornadas excesivas no favorecen a nadie y menos a los ciudadanos, pues son resguardados por policías agotados.

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