Revocación de mandato o refrendo de popularidad

María Marván Laborde

Las herramientas de democracia directa son un corrector de la democracia representativa. Están de moda en el mundo porque la popularidad de la democracia se ha venido en picada. Sin embargo, son armas de doble filo, al mismo tiempo que propician la participación, sus daños colaterales pueden ser inmensos: catalizan la polarización social y la inestabilidad política.

La revocación de mandato debe ser una válvula de escape para situaciones extraordinarias, jamás un procedimiento de trámite. Se pone a la ciudadanía a escoger entre dos grandes males, el gobernante es tan malo que es preferible la inestabilidad política que permitirle terminar su período.

Por su propia naturaleza, es una herramienta de protección de la oposición, jamás del presidente en turno. Éste sólo convocaría a iniciar el proceso si tiene la certeza de permanecer en el poder. La iniciativa de López Obrador supone que él mismo puede solicitar la revocación de su mandato. Es una contradicción en sus términos que será usada más bien para refrendar el apoyo popular de su mandato.

Lo que parece una graciosa concesión a la austeridad republicana, empalmar el proceso con las elecciones intermedias, es una trampa para hacer fraude a las restricciones de nuestra legislación electoral introducidas en la reforma de 2007-2008. Vale la pena recordar que el modelo de comunicación política fue impulsado cuando ya saben quién no llegó a la presidencia en 2006.

Si en las elecciones intermedias vamos a preguntar al pueblo si el presidente debe seguir a cargo de la nación, resulta evidente que saldrá a hacer campaña con todas las ventajas simbólicas, económicas y de comunicación que tiene hablar desde la palestra de la presidencia. En ese escenario cualquier queja de adquisición indebida en los medios de comunicación o uso de recursos públicos del gobierno a favor de su partido, se vuelve absolutamente ridícula.

Scott Mainwaring considera que una gran ventaja del presidencialismo es que está preestablecida la fecha de salida del presidente. La ciudadanía, por muy desesperada que esté, puede estar segura de cuándo se irá. Parece contrario a la naturaleza del presidencialismo introducir la revocación de mandato. Es un elemento extraño difícilmente funcional.

Los sistemas parlamentarios, también se diseñan con mecanismos que aseguren la estabilidad, por eso antes de llegar a la revocación de mandato, tienen el voto de no confianza. Éste se decide al interior del Parlamento no a través del voto popular, precisamente para evitar crisis catastróficas.

¿Por qué el Parlamento Inglés no ha sometido a Theresa May a un voto de no confianza? Porque saben que abrir esa puerta es un camino sin retorno de consecuencias inciertas. Recordemos que la Constitución Alemana exige, para pedir la destitución del canciller, que sus opositores se hayan puesto de acuerdo en el sustituto. Esta salvaguarda fue producto de la experiencia, los constituyentes querían asegurarse de no volver a vivir la inestabilidad de la República de Weimar que condujo a Hitler al poder.

Desde 1934 hasta la fecha los presidentes mexicanos han entrado y salido de acuerdo con la Constitución, el primero de diciembre de cada seis años, sin excepción. La entrega del poder, siempre ha sido pacífica y ordenada
Si el Congreso quiere aprobar la revocación de mandato, debería ser una bala de plata en manos de la oposición o los ciudadanos, jamás a disposición del gobernante en turno.

Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
Guardando favorito...

Comentarios