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La calma chicha

Leonardo Curzio

Si consultamos la encuesta que Banxico hace a los expertos, encontramos que dos factores eran ubicados como obstáculos para el crecimiento económico: la incertidumbre externa, producto de las inagotables rondas comerciales, y la incertidumbre política interna. Hoy tenemos el panorama más claro en ambos campos. En el plano comercial queda poca esperanza para que un Tratado razonable se acuerde. Nuevos aranceles y la construcción del muro son el pan de cada día. En el plano interno las encuestas no solamente ubican a López Obrador en el primer lugar, sino que algunas le dan una amplia mayoría territorial y una seria posibilidad de tener mayoría en ambas cámaras. Es verdad que todavía les queda un tramo a las campañas, pero la apuesta más sólida sigue siendo el triunfo del candidato de la izquierda.

En ambos casos desconcierta que la realidad no parece ser tan escabrosa como algunos la planteaban. Sin TLCAN y con AMLO mayoritario, las variables económicas disponibles no solo no reflejan nerviosismo, más bien reflejan una especie de continuidad asegurada. El mercado de trabajo sigue registrando altos niveles. La inversión extranjera directa (reportaba el propio gobierno) está en niveles sorprendentemente altos, y además la confianza del consumidor sobre el futuro de la economía nacional y personal tiene una muy notable vitalidad. A esto han ayudado estimaciones del FMI, los pre criterios de política económica del propio gobierno y las calificadoras que han mejorado la posición de la economía nacional y en modo alguno parecen temer una borrasca próxima. El tipo de cambio refleja más las vicisitudes externas que propiamente el terror de un presidente de izquierda. Por supuesto esto podría cambiar en las próximas semanas, pero si nos atenemos a un comportamiento inercial, no parece que el discurso del temor por el cambio a la izquierda esté subiendo el colesterol de los grandes capitales.

En el cuartel general de López Obrador (supongo) esto será como agua de mayo, pues le permite manejar un antídoto serio y creíble a alguna campaña del miedo por la alternancia. Pero al mismo tiempo le servirá de elemento moderador, ya que en caso de llegar a ser mayoritario tendrá un mandato para transformar el país. La gran pregunta es si ya sentado en el escritorio presidencial y con una cómoda bancada se sentirá como un potente Zeus después de copular con Europa; es decir, satisfecho y pleno por haber conseguido su objetivo, o bien, exultante e indómito, tratará de cumplir las expectativas de sectores más rupturistas. Cuando se conforman estos idilios entre un político y sectores amplios de la sociedad, como ocurrió con Fox, o al general Perón con aquello de no habrá más penas ni olvido, cada quien espera algo diferente de su ídolo. Cumplir todas las expectativas (sobre este tema escribía Lorenzo Meyer) se convierte en algo improbable.

Alejandro Moreno ha demostrado que una franja del electorado se ha corrido a posiciones más radicales y por tanto estarán esperando cambiar el modelo económico. Complacer a sectores que hoy votan por él porque garantiza continuidad y al mismo tiempo a otros porque garantiza ruptura es como ser centralista y federalista al mismo tiempo. En tiempos de campaña los porristas y seguidores te pueden perdonar todo porque están eufóricos y esperanzados, pero ya en la presidencia las decisiones tendrán que formularse con claridad. ¿Qué camino seguirá López Obrador para no romper el idilio que hoy tiene los sectores moderados? ¿Cómo explicará a sus sectores más radicales que esta maquinaria económica es mejor conservarla que entrar a experimentos cuyo resultado puede ser, cuando menos, incierto? No es un dilema fácil y dependerá de la forma en que (si es finalmente electo) ejerza la presidencia. Si es un presidente itinerante y ritual y permite que los técnicos se hagan cargo del gobierno, podrá frustrar a los más radicales, pero igual que Ollanta Humala mantendrá el curso del economía; pero si opta por tener una presidencia vigorosa y activista (yo francamente no le veo corte chavista) del tipo echeverrista, podríamos tener una administración más parecida a la de Rafael Correa en Ecuador. Ya veremos. Si opta por esta vía, los progresos económicos que tanto han costado y que tan lentamente se han venido derramando a las clases menos favorecidas podrían difuminarse. Pero no adelantemos vísperas, la campaña sigue su curso.
 

Analista polí[email protected]

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