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México debe ser líder con una industria innovadora

Juan Antonio Reboulen

La transformación tecnológica está marcando pautas muy claras de cómo va a ser el futuro de las economías y los retos a resolver, que se centran en dos grandes pilares: apostar por una industria innovadora y desarrollar nuevas capacidades que permitan aprovechar eficientemente las nuevas tecnologías.

Recientemente, en una reunión que sostuvimos representantes de la Iniciativa Privada con el director de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), Li Yong, la gran conclusión fue que: “ningún país de este mundo puede avanzar, ni convertirse en un país desarrollado, sin un sector industrial fuerte”.

Un país con estrategia, gente trabajadora, así como suficientes recursos naturales como el nuestro puede ser la pauta para fortalecer la producción industrial, diversificar los tratados comerciales y transformar su producción interna en una prioridad.

A esto se suma una coyuntura de gran interés: la Cuarta Revolución Industrial, que tan sólo en México comienza a reflejarse en que 52% de los sectores productivos como la manufactura, industria automotriz, y la construcción han acelerado sus proceso de automatización y robotización para incrementar su productividad y evitar fuga de sus inversiones.

De ese tamaño es el reto: más de la mitad de la industria nacional nos da un indicador de que ahí es donde debemos invertir más y transformarnos en el líder que la región requiere, generando más conocimiento aplicado a la industria interna y el desarrollo tecnológico, los principales motores de una economía innovadora.

Es por ello que es fundamental implementar cuanto antes una estrategia sólida y contundente, que vaya a la par a la transformación tecnológica; un indicador que debe ocuparnos es la inversión —de menos de 1% del Producto Interno Bruto (PIB)— en innovación y tecnología, debajo de la media de otros países desarrollados que invierten hasta 2.5% a este sector estratégico y que se ve reflejado en sus índices de competitividad y productividad.

Una mayor inversión en adquirir y desarrollar nuevas habilidades debe ir acompañada de la profundización en la alianza existente entre gobiernos, empresas, industria, sociedad civil y academia para capitalizar oportunidades, aprovechar el talento y establecer prioridades en relación a cómo fortalecer el mercado interno y aprovechar el externo.

México tiene conocimiento, recursos y capital humano muy valioso, que sin duda son la semilla para generar valor tanto en el mercado nacional como en el internacional, ya sea través de las Cadenas Globales de Valor y los nuevos acuerdos comerciales. Aún más importante: generar mayor riqueza para todos los mexicanos y dejar atrás los ciclos de bajos crecimientos económicos.

Consejero Fundador del Instituto
para el Desarrollo Industrial
y el Crecimiento Económico

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