Ricardo Ahued, “el apestado del PRI”

El empresario es odiado por políticos pero querido por el pueblo veracruzano; en los últimos años se ha opuesto a las reformas del gobernador Javier Duarte

Como legislador, Ricardo Ahued votó en contra de los impuestos Empresarial a la Tasa Única, de los Depósitos en Efectivo, de incrementar el IVA y vetó algunos artículos de la Ley Televisa que había pactado el PRI con el PAN (FOTOS: KARLO REYES)
Estados 27/08/2016 01:29 Edgar Ávila / Corresponsal Actualizada 01:36
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Xalapa.— Ricardo Ahued Bardahuil viaja frecuentemente en una camioneta Nissan pick-up en color blanco de modelo atrasado. El hombre de 58 años de edad, odiado por políticos pero querido por el pueblo, tiene un imperio del plástico en la capital veracruzana con 555 empleados.

En las 12 unidades de venta y cuatro tiendas, es habitual verlo en las cajas registradoras, módulos de atención, bodegas y en los pasillos repletos de cristalería, juguetería, peltre, plásticos, loza, lámina y electrodomésticos, los miles de productos que se ofertan en las tiendas Ahued, un nombre que ha ido de la mano del crecimiento de la capital de Veracruz.

Ricardo es priísta, ha logrado las más altas votaciones y ha duplicado el número de sufragios a sus competidores cuando fue candidato a la alcaldía, diputación federal y local; pero siempre ha ido a contra corriente y, a veces, en contra de su monolítico partido, lo que le convirtió —dice— en el “apestado” de su clase política.

Votó en contra del Impuesto Empresarial a Tasa Única, del Impuesto a los Depósitos en Efectivo, de incrementar el IVA y en los últimos meses se opuso a las reformas propuestas por el gobernador Javier Duarte.

Los priístas lo consideran un panista encubierto; desleal que flota en sus intereses; mezquino y con una doble moral. “Yo no he avergonzado a mi partido hasta ahorita, pero si es así pido una disculpa”, dice el empresario.

Las opiniones en las filas de la bancada panista se dividen entre quienes lo consideran un hombre sensato, de trabajo, exitoso y de familia; con quienes lo ven con recelo por los constantes desacuerdos con su partido.

“En las decisiones que he tomado, con valentía y arriesgando el pellejo, no me ha importado si voy en contra del PAN, PRI, PRD o Morena, porque yo quiero morir tranquilo y ser responsable de mis actos y no heredarlos a mi familia. Las decisiones que tomo no las tomo por el partido, sino por la conciencia y obedeciendo la voluntad ciudadana”, responde.

Comenzar de cero. Cuando terminó su periodo como alcalde de Xalapa (2007) regresó de tiempo completo a su negocio. Al hacer un corte de caja, se encontró con que su cuenta bancaria contaba con sólo 43 pesos.

Estaba en quiebra. “Tuve que empezar, vender propiedades para meterle ese dinero a mi negocio y pagar consecuencias fiscales, contables y de proveedores”, recuerda.

Los ejecutivos bancarios lo miraban incrédulos, pero al igual que miles de xalapeños lo conocían y decidieron triplicarle su línea de crédito, aunque debió esperar un año para enderezar el barco que abandonó cuando fue electo alcalde con una votación de 78 mil 260, la más alta del estado.

Su partido lo invitó a ser candidato a la diputación federal por el distrito de Xalapa. Aceptó, pero dejó a cargo del negocio a su hijo Ricardo, recién egresado de la licenciatura en Administración de Empresas.

Como legislador federal votó en contra de los impuestos Empresarial a Tasa Única, de los Depósitos en Efectivo, de incrementar el IVA y vetó algunos artículos de la Ley Televisa que había pactado el PRI con el PAN.

También habían prometido no más aumentos, pero su partido les dijo que ya se habían arreglado y fue que decidió no ir en votación conjunta.

“Me bloquearon mucho, eso te cuesta y empecé a apestar desde entonces”, comenta.

Raíces. Recontó una y otra vez las piezas que uno de los proveedores había mandado a la tienda de su padre. En una de las bodegas de la calle Juárez y Revolución, en pleno centro histórico de Xalapa, sus ojos brillaban de contentos al detectar que les hicieron llegar mercancía de más.

A los siete años vio aquel descubrimiento como una ganancia. Y así se lo hizo saber a su padre Alberto Ahued, dueño de una fábrica de hilados que fundó en Pachuca, Hidalgo, y que quedó en quiebra tras un incendio que arrasó con todo. No ganaste, ganas cuando vendes el producto y tienes utilidades decentemente y lo que sobra lo anotas y se los pagas al proveedor, le replicó.

“Nunca pienses que lo que está enfrente es tuyo hasta que no lo ganaste, lo demás es robar”.

Su padre duró hasta los 83 años, al momento de su muerte dejó una sola tienda al mando de su hijo quien decidió seguir la carrera de comerciante. Entonces su único empleado era Isaías, el mismo que ahora convive con los 555 que laboran en el emporio Ahued.

Duro de corromper. Se paró de su curul y se dirigía con paso firme a la tribuna para manifestar su rechazo a la decisión del gobernador Javier Duarte de utilizar el dinero del impuesto de 3% a la nómina para el pago de las deudas de su administración.

“Te van a madrear”, se escuchó a lo lejos. “Aquí estoy, cuando gusten”, respondió enojado. “Pero antes que suceda, vayan y díganle a sus hijos, a sus familias y a su conciencia de las cosas que se hacen erróneas con perversidad. Si me van a madrear me voy contento, me voy en paz, lo que ellos nunca van a poder hacer”.

Ahued se sienta en curules que ocupa la bancada del PRI, pero regularmente va en sentido contrario a la votación de sus compañeros e incluso a lo ordenado por el mandatario.

Refutó en tribuna la aprobación de una reforma a la Ley de Tránsito por considerarla anticonstitucional; rechazó las reformas anticorrupción, la entrega de plazas laborales a siete mil burócratas, la utilización del impuesto a la nómina para el pago de deudas y la entrega de la Casa de Gobierno a organismos autónomos, propuestas todas ellas impulsadas por Duarte.

Llegó a la diputación local con 52 mil sufragios, nuevamente el doble que sus contrincantes. “Ya nos costaba más trabajo porque la gente ya no quería votar por el PRI, votaba la gente pero no era mucha votación”.

Y sigue en las filas del tricolor. “Yo quisiera tenerle fe a un partido y decir: me cambio porque allá está el ISO 90 mil 90 de la bondad, del buen gobierno, decencia y honradez, pero no existe”, afirma.

El empresario asegura que en el fondo le gustaría que existiera un partido decente para salvar su imagen, porque —reconoce— el que quiera seguir participando en el PRI, su vida política “ya está muerta”.

El PRI, resume, “está en un momento desastroso, lástima por los grandes mujeres y hombres priístas capaces y honrados, que si hay”.

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