Por su amor al futbol vencen discapacidad

Gerardo, fundador de Murciélagos Laguna, en Coahuila, encuentra en este deporte una oportunidad para quienes padecen debilidad visual

En esta modalidad el balón tiene incrustados cascabeles para orientar a los jugadores. Además, todos, salvo el portero, usan antifaz para igualar las condiciones (FRANCISCO RODRÍGUEZ. EL UNIVERSAL)
Estados 12/07/2016 04:10 Francisco Rodríguez Actualizada 08:18
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Torreón

Gerardo Sotelo Martínez siempre tuvo el deseo de jugar futbol, pero una discapacidad visual de nacimiento lo alejó de las canchas... de las canchas convencionales. A inicios de 2016, Gera, un lagunero de 16 años aficionado del club Santos Laguna, cumplió uno de sus sueños: formar el primer equipo de futbol para ciegos en Coahuila.

Gera nació con catarata congénita en los ojos. Soñaba que metía un gol en un Mundial, y cuando lo operaron logró ver un poco. A los ocho años tuvo desprendimiento de retina de su ojo izquierdo y perdió la vista por completo. Vió cuatro años más con su ojo derecho y a los 12 años la luz se apagó.

Gera sintió que su sueño de seguir pateando un balón se esfumaba. En el barrio no le daban la oportunidad de jugar. “Fallaba un gol frente a la portería o me pasaba de largo la pelota porque no la veía. Me sentí presionado y mejor me salí”, recuerda. Se mentalizó a que los límites no existen y que un día sus papás no estarían para apoyarlo. Es el más chico de seis hermanos.

Su pasión por el futbol no se había apagado. Un día se le ocurrió ponerle una bolsa de supermercado al balón y empezó a escuchar por dónde se movía. “Salía en las noches a patear el balón, qué padre, sí lo escucho y puedo jugar”, relata Gerardo.

Entonces navegó por internet —a través del programa Jaws, un software lector de pantalla para ciegos— y encontró que había más chicos que practicaban la disciplina pese a la ceguera. “Por qué no fundar un equipo de futbol para ciegos”, se motivó.

Tocó puertas en varias asociaciones civiles. “Es mucho problema. No se puede”, le negaban. Gera se desanimó y estuvo a punto de irse a San Luis Potosí, a jugar con los Búhos, equipo local de futbol para invidentes. “Mi familia me apoyaba y quería ir a hacer la prepa allá. Era un reto para mí”, cuenta.

Hasta que un día contactó a un amigo que también se animó con la idea del equipo. “Es la última vez que lo intento”, se dijo a sí mismo.

Conoció al profesor Irving Guardado de León, un entrenador de atletismo. “Profe, queremos hacer un equipo de futbol para ciegos. ¿Nos apoya?”. “Vamos a darle”, alentó Irving.

Empezaron a publicitarse en redes sociales y la gente empezó a preguntar. Hoy cerca de 16 jugadores con ceguera completa o con debilidad visual forman parte del Murciélagos Laguna, el primer equipo de futbol para invidentes en Coahuila.

Una oportunidad. Irving Guardado de León, licenciado en Educación Física, menciona que lo complicado para el entrenamiento es desarrollar la apreciación del oído, saberlos guiar con la voz. El balón con el que juegan tiene incrustados cascabeles para orientarse. En movimiento se escucha, pero si se para, hay que guiarlos con la voz.

“¿Dónde está el balón?”, pregunta un jugador luego de que éste se detuvo y no hizo contacto con él. “A lado tuyo”, le indica otro compañero.

“Hay que darles libertad. En un principio venían con el bastón y se trata de que sean independientes, manejarse solos, hablándose, que le pierdan el miedo”, comenta el profesor Irving.

El equipo se alista para practicar tiros a la portería. Las ligas de futbol para ciegos se juegan con cinco jugadores y el portero es el único que puede ver. “Aguántenme que no los veo”, bromea Gera cuando sus compañeros empiezan a practicar disparos. Gerardo es defensa central.

“Arco”, gritan los chavos cuando van a patear. Una regla de esta disciplina es avisar cuando van por la pelota. “Voy, voy”, gritan los jugadores. Hablan y aplauden constantemente. El sonido es su guía. Amigos y familiares se unen a las prácticas y los apoyan.

No hay límites. A los entrenamientos acuden jóvenes de Torreón, Matamoros y Gómez Palacio, principalmente. Entrenan en la Unidad Deportiva de Torreón dos veces por semana y los sábados en un campo que les prestan en el Territorio Santos Modelo.

Algunos muchachos, la mayoría entre 15 y 25 años, son débiles visuales o ciegos de nacimiento; otros lo son por causas de alguna enfermedad, o bien, la vista se les fue averiando hasta que dejaron de ver, a unos más la operación no les funcionó.

Osvaldo Ramírez Valenzuela, de 19 años, pidió a los entrenadores que lo invitaran. Lleva tres meses en el equipo. Dice que le gusta el futbol por tradición familiar. Osvaldo estaba en escuelas convencionales hasta que en quinto grado de primaria empezó a perder la vista. “Creo que la forcé mucho”. A los 10 años se le desprendió la retina y la vista se fue desgastando. A los 15, ya no pudo ver.

“Empecé a ver todo borroso, ya no distinguía bien a las personas. Ya no estaba viendo más. Se empezaron a dar cuenta mis papás porque me agarraba mucho de las cosas”, recuerda.

Osvaldo no se siente triste, en Murciélagos Laguna encontró gente como él: ciegos y con amor al futbol. Dejó de estudiar en secundaria por falta de recursos, su mamá es despachadora de una gasolinera y su papá albañil. Tiene otro hermano ciego, Víctor, que también es parte del equipo.

En la media cancha juega Jesús Puentes de Santiago, un jugador menudito que padece debilidad visual desde que nació. Los doctores le dijeron que nunca iba a poder ver bien, que puros bultos, pero siente que sí alcanza a distinguir a las personas. Para jugar, por regla, todos tienen que usar un antifaz para igualar las condiciones.

A Jesús siempre le ha gustado el futbol y las matemáticas, y le gustaría ser contador. Estudia la preparatoria.

Jesús cree que con Murciélagos se abre una oportunidad a mucha gente para practicar el futbol. “Yo jugaba con mis amigos pero se me iba el balón y venían los reclamos, qué no la viste, pues no. De todos modos me invitaban a jugar pero aquí se me hace más fácil. No batallo. Es más divertido estar en un equipo”, menciona.

Los futbolistas se disponen a jugar. Empiezan los aplausos, el “voy”, “estoy a tu derecha”, “pásala atrás”, como si realmente los vieran. Todo guiado por el sonido de los cascabeles dentro del balón y la arenga de los jugadores.

Tan importante es el sonido, que Gera se emociona cuando escucha las narraciones de los juegos profesionales. “Me emociono más que los que lo ven conmigo”, asegura.

Afirma que Christian Martinoli, cronista de TV Azteca, es el que más lo hace vibrar y le gustaría que un día narrara un juego de Murciélagos.

Por las narraciones, el jugador favorito de Osvaldo es Carlos Izquierdoz, defensa del Santos. “Cuando lo están narrando se me hace que es muy fuerte, muy aferrado a los contrarios y así me gustaría a mí ser”, platica.

El equipo de reciente creación participó en las últimas paraolimpiadas, pero apenas tenía unos meses formado y perdieron sus dos partidos.

Murciélagos Laguna solicita apoyos, no cuentan con balones suficientes ni más material. Piden al estado que les donen uniformes. El entrenador no recibe sueldo, lo hace por gusto. La cascarita sigue pero aún no hay gol.

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