El cine está muriendo: Peter Greenaway
La última vez que fue al cine fue para ver Blue Velvet de David Lynch, en 1986 (IVAN STEPHENS. EL UNIVERSAL)

El cine está muriendo: Peter Greenaway

05/01/2016
00:10
Madrid
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Al cineasta le preocupa que en la actualidad sólo se tengan películas basadas en texto

A sus 73 años, el cineasta británico Peter Greenaway mantiene intacto su espíritu trasgresor y su ambición cinematográfica. Su última película, Eisenstein in Guanajuato, lo deja en evidencia, pero también su discurso: “El cine se está muriendo muy rápidamente”, dijo en una entrevista.

Se nota que es un discurso elaborado, que lleva en su cabeza mucho tiempo y que disfruta recitándolo casi de memoria. Aunque también lo lleva a la práctica. La última vez que fue al cine fue para ver Blue Velvet de David Lynch, año 1986.

“Mi gran preocupación es que tenemos un cine basado en el texto. El Señor de los Anillos, Harry Potter, incluso Godard o Lars von Trier. Todo el mundo se limita a ilustrar textos. No es una buena idea”, sostiene.

“Otra cosa absurda es la pantalla única. Dos tercios del mundo se quedan detrás de tu cabeza. También creo que el cine usa mal a los actores. Pero lo más absurdo de todo es la cámara.

“Tenemos que cambiar todo eso para poder liberar al cine”, proclama el autor de The cook, the thief, his wife & her lover.

Greenaway descubrió a Sergei M. Eisenstein a comienzos de los 60, cuando estudiaba Bellas Artes en Londres. “Sigo pensando que la pintura es mucho más importante que el cine”, apunta en un paréntesis. “Pero siempre me decepcionó que la pintura no pudiera tener banda sonora”.

El filme, que se presentó en la pasada Berlinale, es un ejercicio entre la indagación documental y la fantasía que presenta al autor de El acorazado Potemkin como un personaje excéntrico que descubre su homosexualidad.

La historia se centra en el viaje que el cineasta ruso hizo a México en 1931 para rodar una película, tras haber sido rechazado por la industria de Hollywood, y en su relación con el joven y atractivo guía Palomino Cañedo.

“Cuando abandonas tu territorio te conviertes en otra persona; incluso si vas de vacaciones, lejos de la gente que conoces. Eso te libera y empiezas a pensar diferente, te abres”, explica.

“A Eisenstein le pasó algo así. Cuando fue a Hollywood invitado por Chaplin se deshizo de Stalin, de Rusia y del materialismo didáctico. Su vida profesional se vio afectada y también la personal. Él nunca llegó a entender su sexualidad, había mucha ignorancia en Rusia. Y esa liberación le permitió ser él mismo”.

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