Se buscan propuestas viables

Editorial EL UNIVERSAL

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En la disputa por el poder los aspirantes echan mano de todos los recursos posibles para ganar más adeptos que el adversario. Desde capturar clientelas por medio de dádivas e inundar redes sociales con falsos seguidores hasta lanzar ambiciosos planes que en la realidad son difíciles de concretar.

Los siete candidatos a gobernar la capital del país han hecho varias propuestas. EL UNIVERSAL eligió seis de cada uno, un total de 42, y las puso bajo la lupa de expertos. El resultado es desalentador: poco más de la mitad (23) fueron consideradas inviables, lo cual apunta a que los aspirantes prefieren lanzar promesas de apoyos y realización de obras aunque rayen en lo irreal.

Las propuestas de los candidatos no deben ser planes que se acepten sin cuestionamientos. Se requiere la opinión de colegios de expertos que sirvan como contrapeso y guía para alcanzar un mejor proyecto. La consolidación de una sociedad participativa y el compromiso de medios de comunicación comienzan a cambiar el rostro de las contiendas electorales, al menos en lo que se refiere a evaluar dichos y propuestas de aspirantes.

Al respecto, en estas páginas, el domingo pasado, Sara Sefchovich escribió: Las decisiones de cómo y en qué gastar el dinero en nuestro país son lo primero que se debería revisar si queremos acabar con la corrupción. No nada más exigir transparencia en las cuentas cuando ya se hicieron las acciones sino empezar desde antes, desde decidir si aquí es necesario un puente o no, si hay que comprar más carros para el Metro, si conviene gastar en publicidad, en esta competencia deportiva o aquella exposición internacional. Eso permitiría […] combatir de raíz la corrupción.

En el mismo sentido, hace tres días, el presidente ejecutivo y del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, Juan Francisco Ealy Ortiz, también expresó la necesidad de exigir a los participantes de la contienda electoral propuestas y proyectos viables que sean congruentes con las necesidades más apremiantes de México.

Las campañas no deben ser un escenario de ocurrencias y de lanzar promesas de grandes obras que son poco factibles o que requerirán de cuantiosos recursos de los cuales se carece.

Las campañas y los discursos de los candidatos implican la responsabilidad de plantear ideas congruentes, de ubicarlas en la realidad e incluso explicar de dónde saldría el dinero para concretarlas. Por fortuna, distintas voces y trincheras se suman cada vez más al escrutinio. El camino es correcto.

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