México y su añeja desigualdad

Editorial EL UNIVERSAL

El país no sale bien calificado en un estudio sobre desigualdad. No pueden transcurrir más años sin que las condiciones sociales mejoren para millones de mexicanos

Desigualdad es una palabra que enmarca una realidad en el mundo, pero especialmente en América Latina y, de la cual México no escapa. Significa que desde el momento de su nacimiento, dos personas comienzan a ser diferentes. Uno tendrá fácil acceso a la salud y educación, mientras para otros serán metas no tan fáciles de alcanzar. Más adelante, por esa misma condición, la distancia tiende a crecer y mantenerse hasta la muerte; por supuesto, esa diferencia también influyó en que uno viviera hasta 10 años más que otro.

Esa desigualdad está presente en todos los países, pero unos son más desiguales que otros. De acuerdo con datos que hoy publica EL UNIVERSAL, entre las naciones más representativas de América Latina, sólo hay siete más desiguales que México y en nueve la distancia entre los más ricos y pobres no es tan amplia como la que impera en nuestro país.

Sólo el Estado puede comenzar a modificar esta situación. Uno de los mecanismos más utilizados para ello es el cobro de impuestos a través de una fórmula vieja y sencilla: que paguen más los que más tienen. Los recursos, entonces, deberían destinarse a la creación de infraestructura y servicios en aquellas zonas marginadas, donde la población necesita contar con las mismas oportunidades que los residentes de regiones más desarrolladas.

 

Sin embargo, expertos advierten del desigual –y ahí inicia todo– sistema tributario en el país, que tiende a ser más laxo con los ingresos que provienen de las ganancias de capital o los dividendos, así como con las personas de mayores recursos, pues tienen un tratamiento fiscal relativamente más benevolente que el resto de los contribuyentes.

Otra forma de paliar la desigualdad es por medio de programas sociales. En México se han hecho esfuerzos para que los apoyos económicos sirvan para terminar con el círculo de pobreza: los recursos se entregan a la jefa de familia y se plantea la necesidad de que los menores de edad tengan que acudir a la escuela. Para analistas del tema, hay deficiencias en los apoyos, pues consideran que no necesariamente están dirigidos a los más pobres y vulnerables.

El país lleva décadas con mecanismos de ese tipo y pocos resultados en la disminución de la desigualdad. Si la brecha no cede es hora de replantear directrices y de exigir resultados, no pueden transcurrir más años sin que las condiciones sociales mejoren para millones de mexicanos.

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