Los otros damnificados

Editorial EL UNIVERSAL

Hay decenas de familias que aún tienen que estar bajo casas de campaña o asilados con familiares porque sus viviendas quedaron dañadas por el sismo del 19 de septiembre pasado. La reconstrucción transcurre de forma lenta, atrapada en debates presupuestales y luchas políticas.

Para alumnos de cientos de escuelas públicas en la Ciudad de México la situación no es diferente. Sufren también por las afectaciones que el terremoto dejó en sus planteles. En la capital del país se identificaron mil 897 inmuebles con alguna afectación; 750 de ellos registran daños moderados o severos que requieren obras de construcción, que en su mayoría no se han realizado.

Hay miles de alumnos que toman sus clases hacinados, en aulas improvisadas que se instalaron en sus patios o en iglesias y parques. Las clases de talleres se han perdido así como las de educación física. En varios casos los horarios y días de clase se han reducido; en lugar de asistir los cinco días de la semana se presentan sólo tres o cuatro.

A los padres de familia no se les ha informado sobre la fecha de inicio de demolición o reconstrucción de áreas dañadas, y lamentan que tras el nuevo sismo del pasado viernes 16 de febrero ya no se hayan realizado revisiones a las estructuras.

A seis meses del terremoto de septiembre es poco y lento el avance en materia de reconstrucción afectando a la educación de miles de alumnos, no solo en la Ciudad de México, sino en entidades como Oaxaca y Chiapas.

En cuanto a sitios históricos y culturales la situación es bastante parecida. De acuerdo con una evaluación realizada por el periodista y escritor Fernando Báez, que ha documentado catástrofes culturales en Medio Oriente y América Latina, el panorama en México es desolador, ya que hay monumentos que tras el sismo siguen en un estado de descuido, a merced del pillaje. En entrevista con EL UNIVERSAL, critica que algunos proyectos de rescate se hayan agendado para atender en 2020.

La actual es una generación cuya enseñanza se verá mermada por un evento natural, pero también por la falta de voluntad política de la autoridad para dar carácter prioritario al tema. Se han fijado julio como fecha límite para concluir los trabajos, pero si en seis meses el avance es poco, no se puede prever que en cuatro meses concluyan los trabajos. En el aspecto cultural la restauración y el rescate es aun más lento.

En ambos rubros las consecuencias se verán en el futuro. Por lo pronto, la educación y la cultura, en varios estados del país, se han convertido en los otros damnificados.

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