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El riesgo de no verlas más

Editorial EL UNIVERSAL

Los esfuerzos oficiales por conservar la vaquita marina no son de ahora, con frecuencia se renuevan y se anuncia un mayor compromiso, pero no se cumplen los objetivos.

La desaparición de una especie del planeta sólo es un síntoma de que como especie “pensante” no nos interesa mantener el equilibrio en el orden natural terrestre ni las consecuencias que por ello puedan presentarse. La situación es más grave cuando se dieron voces de alerta e intentos por su conservación.

Desde hace varios años diversas organizaciones ambientales han hecho llamados insistentes sobre el riesgo de extinción en que se encuentra la vaquita marina, una especie cuyo hábitat se encuentra únicamente en el Golfo de California. Aunque no se puede determinar con precisión, estimaciones de hace unos meses ubicaban en apenas medio centenar el total de ejemplares del cetáceo.

El destino de la vaquita ha estado lamentablemente vinculado con otra especie igualmente en peligro de extinción: la totoaba, endémica también del Mar de Cortés y altamente codiciada en China, donde le atribuyen capacidades afrodisiacas y medicinales a su buche. Un kilo de su buche llega a cotizarse hasta en 60 mil dólares. Por este motivo bandas del crimen organizado controlan parte de la pesca ilegal. Los pescadores clandestinos usan redes enormes, toman la totoaba, su buche y tiran el resto al océano. Lo grave es que en esa malla también quedaron atrapadas y muertas especies como la vaquita marina.

A pesar de las medidas de conservación establecidas por el gobierno mexicano, en abril de 2015, los resultados no han sido satisfactorios, aunque se ofreció utilizar imágenes satelitales de lo que ocurre en el mar, drones y embarcaciones con cámara.

En un informe de Greenpeace, que será presentado hoy y al cual tuvo acceso a este diario, se establece que el peligro de extinción es el resultado de la negligencia y omisiones de las autoridades en la implementación de políticas públicas, profundos conflictos internos y estructurales entre los sectores ambiental y pesquero que, “en lugar de coordinarse, se contradicen”.

La magnitud del problema llevó a México, China y Estados Unidos a formalizar un acuerdo de colaboración para identificar y combatir rutas de tráfico y modus operandi de las bandas que comercializan ilegalmente la totoaba. Aunque las otras dos naciones colaborarán como países de destino y de tránsito, es en las aguas mexicanas donde este problema pudo haber sido controlado o disminuido hace varios años.

Los esfuerzos oficiales por conservar la vaquita marina no son de ahora, con frecuencia se renuevan y se anuncia un mayor compromiso, pero no se cumplen los objetivos. De darse un fracaso definitivo de México en esta cruzada, nuestro planeta, literalmente, no volverá a ser el mismo.

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