Centralismo y acceso efectivo a la salud

Editorial EL UNIVERSAL

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En México es falso afirmar que la afiliación a alguno de los sistemas públicos de salud es igual a un efectivo acceso a la salud. Cada día cientos de familias, pese a contar con seguro médico, viven un peregrinar de kilómetros sólo para encontrar un centro de salud —ya no digamos hospital— o doctor que los pueda atender.

Y cuando al fin estas miles de familias logran sortear los obstáculos geográficos y económicos para llegar a un hospital, muchas veces no son atendidas, y las explicaciones que reciben siempre son las mismas: demasiada gente, poca capacidad, falta de equipo e infraestructura en los hospitales y que no hay especialistas disponibles.

Situación que en los hechos hace que millones de mexicanos, pomposamente incluidos en las cifras gubernamentales como beneficiarios del sistema de salud, no cuenten de manera efectiva con tal servicio de primera necesidad, y por el cual pagan o pagaron impuestos en algún momento de su vida.

Una de las razones de ésto es la inequitativa e ineficiente distribución de los centros de salud a lo largo del territorio nacional: la mitad, 90, de los 180 hospitales de tercer nivel que existen en México se concentran en Ciudad de México, Estado de México o Jalisco. Por ello cientos de familias y enfermos de otros estados se ven obligados a buscar atención en estos puntos, destacadamente en la capital del país.

También se debe a una precaria infraestructura de salud: a pesar de que ocho de cada 10 mexicanos, es decir 98 millones, tienen acceso a algún tipo de seguridad social, 90% de los centros de salud que existen en México, es decir 30 mil 554, son apenas de primer nivel. Esto significa que sus recursos son principalmente los básicos para atender enfermedades comunes y la capacidad de estos sitios se vuelve limitada frente al exceso de demanda. Entre 2006 y 2017 se construyeron un total de tres mil 117 establecimientos de salud en México, de los cuales ocho de cada diez eran de primer nivel. En contraste, apenas 44 hospitales de tercer nivel construidos en el mismo periodo.

Por si fuera poco, la fuerza laboral y las unidades de salud mejor equipadas también están concentradas en ciertas regiones del país. Mientras que en la capital hay cuatro médicos por cada mil habitantes, en otras entidades se registran de uno a dos, de acuerdo con estadísticas de la OCDE hasta 2016.

Los últimos datos oficiales reflejan que la mayor cantidad de los recursos médicos se destinan a la capital. Este incomprensible centralismo deja a los estados a la deriva, apenas con lo básico, o ni siquiera, para cubrir las necesidades de su población y tiene como efecto que para la mayoría, sobre todo para quienes viven alejados de las ciudades, ser derechohabiente no baste para que reciban atención y ésta sea especializada y de calidad, es decir, para tener un efectivo acceso a la salud.

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