Viviana admira a Paola, pero busca su propio camino. (CONADE)

A seguir tradición ganadora

02/07/2017
00:37
Adriana Díaz Reyes
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Viviana del Ángel desea escribir historia de éxito en los clavados

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Cuando Viviana del Ángel pisó por primera vez la alberca de Ceforma en 2013, tenía apenas 14 años de edad. Ese día, recuerda la clavadista, aplicó para convertirse en alumna de la escuela de Ma Jin, quien, al notar su talento nato, no le permitió regresar a casa.

“Me eligieron para entrenar ahí y aunque el primer año fue difícil, pronto todo tuvo sentido gracias al apoyo de mis compañeros de selección y los entrenadores”, comentó Viviana, considerada por muchos, como la sucesora de la doble medallista olímpica Paola Espinosa.

En pocos meses, la veracruzana ya ejecutaba saltos de alto grado de dificultad. Pronto, comenzó a obtener medallas en competencias internacionales que la catapultaron, cuatro años después , al cuarto sitio del ranking mundial en plataforma y a la selección nacional que participará en el Mundial de Natación a mediados de mes.

“Cuando comencé no sabía casi nada, pero aprendí rápido. Ya conseguí dos medallas en Series Mundiales y espero poder repetir en podio en competencias más exigentes como son el Mundial y los Juegos Olímpicos”.

Aunque a Viviana no le desagrada que la comparen con Espinosa, asegura que está lista para escribir su propia historia.

“A Paola la admiro por todo lo que ha conseguido, pero yo formo parte de una nueva generación que ha hecho las cosas bien y que quiere repetir los logros de Germán Sánchez, Iván García y Ale Orozco”.

Viviana forma parte de los noveles talentos de los saltos ornamentales, donde también destacan Randall Willars, Melany Hernández, Rodrigo Diego y Dolores Hernández, entre otros.

“Aunque los medallistas olímpicos son muy buenos y tienen la capacidad para competir en otro ciclo, nosotros debemos comenzar a pulir nuestros saltos para continuar con la tradición ganadora de nuestro deporte”, consideró.

A la clavadista le encanta lanzarse desde la plataforma de 10 metros; la sensación de caer, comenta, es indescriptible.

“Es toda una aventura ser saltarina, porque cada que ejecuto un salto siento que vuelo. Me fascina cuando voy en caída hacia el agua y vivo intensamente cada entrenamiento. Lo más bonito que me ha tocado vivir es el momento de recibir la medalla, porque ver la bandera en lo alto es una situación maravillosa”, finalizó la deportista.

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