02 | JUL | 2020
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Fashion IQ. Psycho Christmas

19/12/2015
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01:00
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Bernardo Hernández
Lindsey Wixson en LOVE Advent 2013, Calvin Klein
Lindsey Wixson en LOVE Advent 2013, Calvin Klein

Fashion IQ. Psycho Christmas

19/12/2015
01:00
Bernardo Hernández
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¿Mi deseo para esta Navidad? Que la regordeta figura de Santa Claus (excepto la versión atlética de El Palacio de Hierro) se sustituya por una reencarnación camp de Ted Bundy o Jeffrey Dahmer y, de ese modo, todas las erogaciones absurdas, los compromisos sociales insufribles y los regalos deleznables sean eliminados a sangre fría, pero con mucho estilo.

Aglomeraciones en cualquier centro comercial. Consumismo rampante versus aguinaldos famélicos. Tortas de bacalao. Pavos mal cocinados. Romeritos aguados. Fruitcake de Sanborns. El Cascanueces. Pinos atiborrados de ornamentos chinos tóxicos. Escaparates con maniquíes enfundados en abrigos de pelo sintético para un mediodía que no baja de los 26°C.. Tránsito vehicular dantesco. Posadas etílicas que, inevitablemente, terminan en tragedias domésticas. El patético brindis de la oficina y la comida de fin de año que la secretaria gorda insiste en organizar. Ponche “con piquete” transmutado en un mood de mala copa. Flores de Nochebuena marchitas. Villancicos infernales. Un indigente con un gorro de Santa Claus y media sonrisa drogada colgando de sus labios. Sidra tibia que salpica un vestido bordado con lentejuelas trasnochadas y, de paso, embriaga la promesa de una noche de paz y amor: es la Navidad chilanga 2015.

La improbable postal navideña

Contrario a la realidad que me circunda, mi tarjeta decembrina predilecta –la cual, obviamente, no existe– consistiría en una suerte de figura literaria/publicitaria que tendría como protagonista a la top model Lindsey Wixson, quien luciría un maquillaje más pálido que la nieve, con sus enormes ojos de muñeca antigua enmarcados en un perfecto sfumato púrpura. Lindsey, quien luciría tan delgada como un suspiro, portaría un vestido de Mary Katrantzou impreso con un gráfico navideño post apocalíptico. Calzada con stilettos plateados Jimmy Choo, deambularía por un apartamento minimalista. Tras un ventanal enorme, el inasible y recurrente paisaje nocturno de Manhattan, sólo que esta vez con una implacable lluvia de fuego. Lindsey, quien para ese momento ya tendría entre sus manos una botella de Dom Pérignon y dos copas, se dirigiría –decidida y misteriosa– hacia la habitación principal. Ahí, de espaldas y semidesnudo, un Santa Claus (personificado por Jared Leto) ataviado únicamente con unos skinny jeans rojos y un ancho cinturón negro, observaría a través de sus gafas Ray-Ban Wayfarer la destrucción de la Babilonia posmoderna. Con un gesto de fingida resignación, ella brindaría con él, mientras ambos se fusionan en un abrazo al más puro estilo de David Lynch. Al final, el sensual Santa Claus se despoja de sus lentes oscuros, se aproxima al delicado oído de Lindsey y en un susurro le diría: “Feliz Navidad, la última...”.

Epílogo sans sucre

Cada Navidad puede ser la última y, en cierto modo, lo es. Con ella se archivan, en una USB portátil, los sucesos más significativos del año, los recuerdos que suelen jugar con la memoria, las promesas incumplidas, los retos superados (o no), las ganancias, las ausencias y el inevitable recuento de los daños. Es en Navidad, y no en la celebración de Año Nuevo, cuando hago corte de caja e, invariablemente, decido que es la última vez que me someto a un ritual social que cada vez me gusta menos, me estresa más y me genera menos satisfacciones. Sobra decir que, al año siguiente, vuelvo a caer en la misma espiral descendente de tensión, ansiedad, angustia, fatiga, consumismo compulsivo, vulgar glotonería y abandono total de cualquier rastro de espiritualidad. Lo único bueno de este diciembre es que –además de que se estrenó la más reciente película de Gaspar Noé, Love, un verdadero manjar psicoerótico con escenas explícitas en 3D– en la tele siempre habrá capítulos atrasados de South Park, The Simpsons y American Horror Story. Mi plan para el 24 de diciembre consiste en ponerme una sudadera gigantesca de Malafacha, perfumarme con una sobredosis de Alien Eau de Parfum Talisman Edition Anniversaire, de Thierry Mugler, y beber una botella de Moët & Chandon Rosé Impérial mientras río con las ocurrencias retorcidas de todos los personajes que han sobrevivido al apagón analógico y les deseo, al igual que a ti, una feliz (o al menos poco dolorosa) Navidad, así como un 2016 mejor que este turbulento año. ¡Salud!

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