Ponen "pacheco" a Pasteur

Cultura 26/12/2015 04:10 José Juan de Ávila Actualizada 06:56

La plaza en honor al científico luce sucia y olvidada; punto de encuentro de manifestantes

Hace 105 años, en 1910, el gobierno de Francia donó la estatua a México como símbolo de amistad, en el contexto del primer centenario de la Independencia nacional y a 15 años del deceso del científico. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

Porfirio Díaz acudió a poner la primera piedra a la plaza Pasteur, quien en 1864, un año antes de su muerte, desarrolló el proceso conocido como “pasteurización”, para eliminar bacterias patógenas. No obstante, la estatua llegó a México un año después, cuando ya había estallado la Revolución. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL

El bronce de Pasteur, obra del escultor Atonín Carlès, se encuentra desde su llegada a México en el cruce de Reforma e Insurgentes, en la colonia Tabacalera aunque desde 2010 está en su lugar actual, debido a una remodelación y a las obras para la construcción de la entonces nueva sede del Senado. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL

El espejo de agua está seco. Las lajas sobre el lecho del jardín de rocas están rotas, algunas desparramadas, otras pulverizadas. El pedestal de granito que soporta desde hace más de diez décadas la figura del científico ha sido vandalizado con pintura, al igual que los muros de la fuente, que luce como basurero, como las jardineras a su alrededor. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL

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A Louis Pasteur le pudo pasar de todo en México. Pero seguro al científico francés y benemérito de la humanidad le daría rabia mirar que la plaza y la estatua en su honor, levantadas en la esquina más importante del país, no han pasado por una pasteurización. Y menos aún aprobarían un antidoping.

Basura, botellas de cerveza, paredes pintarrajeadas y suciedad son parte de la escenografía cotidiana de la plaza Louis Pasteur. Incluso manifestaciones de fumadores de marihuana, churro y chela en mano, también son lugar común en torno al monumento, justo frente a la sede del Senado del país.

Hace 105 años, en 1910, el gobierno de Francia donó la estatua a México como símbolo de amistad, en el contexto del primer Centenario de la Independencia nacional y a 15 años del deceso del científico. El mismo Porfirio Díaz puso la primera piedra a la plaza Pasteur, quien en 1864, un año antes de su muerte, desarrolló el proceso de “pasteurización”, para eliminar bacterias patógenas. No obstante, la estatua llegó a México un año después, cuando ya había estallado la Revolución.

Hoy, la plaza, jardín y estatua en honor a Pasteur, ubicados en la esquina de Insurgentes y Paseo de la Reforma, exhiben el descuido y desdén de ciudadanos y autoridades, aún después del 13 de noviembre cuando los gobiernos del DF y de la delegación Cuauhtémoc iluminaron con los colores de Francia varios monumentos de la ciudad, en solidaridad con aquel país por los atentados terroristas en París que dejaron 137 muertos y 415 heridos.

El espejo de agua está seco. Las lajas sobre el lecho del jardín de rocas están rotas. El pedestal de granito ha sido vandalizada con pintura, al igual que los muros de la fuente, como las jardineras a su alrededor. En medio de la podredumbre, un Louis Pasteur mineral nos mira en medio de una nube de humo de mota.

Puede afirmarse que Pasteur literalmente quedó en medio del debate nacional sobre la despenalización del consumo de marihuana. Sólo el 8 de diciembre pasado un par de centenas de jóvenes marihuanos o activistas del consumo de cannabis se apostaron alrededor de la plaza, frente a la sede del Senado de la República, para convertirla en un masivo fumadero de mota.

Jóvenes consultados ahí afirmaron que la Cuauhtémoc, que encabeza el moreno Ricardo Monreal, les da permiso de protestar con frecuencia ahí, churro en mano. En el lugar fue imposible hallar representantes del gobierno local o delegacional para confirmar la versión. Apenas un par de policías de tránsito se pararon tímidamente a 20 metros de los “pachecoactivistas” a tomar nota. EL UNIVERSAL preguntó a un grupo de personas que hablaban por radio si eran funcionarios y ellos negaron la especie.

Parece ironía que el portal de la Secretaría de Turismo del DF (mexicocity.gob.mx) muestre la plaza Pasteur como “sitio de interés” de la ciudad para “actividades de relajamiento y contemplativas”.

Aún sin protestas a favor de la cannabis, basura y grafitis rodean siempre a este Louis Pasteur, que a lo largo de más de un siglo ha padecido hasta los deseos de desaparecerlo.

Hace justo tres años, en noviembre de 2012, el entonces senador priista chiapaneco Roberto Albores Gleason presentó sin éxito un punto de acuerdo para remover la estatua de Pasteur donada por Francia en septiembre de 1910, para en su lugar colocar una de Belisario Domínguez (1863-1913), senador chiapaneco y prócer contra la dictadura de Victoriano Huerta y paladín de la libertad de expresión.

No obstante los méritos de don Belisario, el chauvinismo de Albores ignoraba por completo la historia detrás de la estatua de Pasteur y los beneficios que dio este científico francés a la humanidad, como sus vacunas contra la rabia y el cólera, la pasteurización o avances en microbiología.

Microhistoria nacional. El bronce de Pasteur, obra del escultor Atonin Carlès, se encuentra desde su llegada a México en el cruce de Reforma e Insurgentes, en la colonia Tabacalera aunque desde 2010 está en su lugar actual, debido a una remodelación y a las obras para la construcción de la entonces nueva sede del Senado.

En el contexto de esa remodelación y construcción de la actual plaza, el 23 de diciembre de 2006, bajo el basamento del monumento, removido unos 15 metros, autoridades del INAH encontraron una cápsula de tiempo centenaria.

Bajo una lápida, con la leyenda 1910 estaba la declaratoria del Centenario de Independencia, seis periódicos de 1910, una fotografía del presidente Porfirio Díaz cuando puso la primera piedra a la plaza Louis Pasteur dos meses antes de que estallara la Revolución Mexicana que lo mandó al exilio, justamente a Francia.

En la declaratoria aparecen los nombres de los miembros del comité de los festejos del centenario de la comunidad francesa-mexicana, entre ellos Luis Bautista Ebrard, ex tesorero y abuelo de Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal de 2006 a 2012.

En un comunicado fechado el 7 de enero de 2007, el INAH indicó que la caja de acero galvanizado contenía un conjunto de papeles relacionados con la entonces futura donación del monumento por parte de la comunidad francesa de México. La ceremonia fue presidida por Porfirio Díaz el 11 de septiembre de 1910.

“El especialista Pedro Francisco Sánchez Nava, adscrito a la Coordinación Nacional de Arqueología, dio a conocer que los documentos se dividen en diarios de dos tipos: franceses y mexicanos. Cada grupo está conformado por tres periódicos, y en el caso de los galos, también se encontró un acta manuscrita. Todos ellos estuvieron enrollados por un listón con los colores de la bandera de Francia (azul, blanco y rojo)”, dice el comunicado del INAH. Los diarios franceses son del miércoles 7 y jueves 8 de septiembre. Los mexicanos son El Diario y El País, del viernes 9 y El Imparcial del sábado 10 de septiembre de 1910.

El arqueólogo Sánchez Nava también destacó la localización de fotos tomadas por los Casasola del momento en que Díaz, acompañado por miembros de la comunidad francesa, coloca la primera piedra o caja de dedicación de la estatua de Pasteur, y subraya que dos meses después estalló la Revolución.

Dijo también que “se trata de un momento de quiebre, el mismo Díaz se ve ya como un anciano pero todavía dando muestras de entereza, y de las relaciones que había logrado establecer a nivel internacional.

“Aparece el general Díaz metiendo la cucharilla de albañil en la mezcla de cemento para vaciarla encima de la Caja de dedicación (con una cubierta de plomo), ésta incluso tiene huellas todavía de la mezcla que le cayó. En otro momento, se ve a otro personaje ‘metiendo también su cuchara’”.

Agregó que al parecer, ese mismo día (11 de septiembre de 1910) la comunidad americana donó la estatua de George Washington, la cual se localiza en la colonia Juárez de la capital.

Antes de que el monumento de Pasteur se ubicara en su lugar actual, se devolvió la cápsula de tiempo, en cuyo interior se apilaron recortes de las primeras planas de los diarios EL UNIVERSAL, Reforma y La Jornada, copia de la declaratoria del Centenario de la Independencia, dos discos compactos con datos sobre la remodelación de la plaza, que costó cinco millones 600 mil pesos, según se difundió entonces.

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