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Vicente Alfonso indaga misterios

En el thriller policiaco 'Huesos de San Lorenzo' hay deseos, abandonos, desapariciones, asesinatos y búsquedas frenéticas
La historia de Vicente Alfonso es una novela con estructura poliédrica que explora la identidad, la fe y la espiritualidad (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
16/12/2015
00:21
Yanet Aguilar Sosa
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Hay varios misterios en la nueva novela del escritor Vicente Alfonso; hay asesinatos, desapariciones, abandonos y deseos; hay búsquedas frenéticas, necesidad de expiar culpas y esclarecer verdades; hay varios tiempos y territorios, aunque siempre está su tierra, Coahuila; también hay varios personajes, pero en todo y en todos, en el fondo, subyace un misterio mayor, íntimo y perturbador, el misterio de las identidades, el “cómo nos contamos nuestra historia a nosotros mismos”.

El narrador y periodista nacido en Torreón, en 1977, asume su literatura como una obsesión por contar desde lo fragmentario, por relatar desde la perspectiva de cada uno de sus personajes en una suerte de declaraciones de testigos en un expediente legal; por saltar de tiempo en tiempo, que hacen de Huesos de San Lorenzo (Tusquets/ Foem) una novela poliédrica que posee un plano muy personal, casi autobiográfico.

La historia que obtuvo en 2014 el Premio Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz, abunda en lo vívido, abreva de los 14 años que el autor estudió en colegios jesuitas; reflexiona sobre ese permanente desconcierto de tener un gemelo idéntico; y explora lo mismo el territorio de la investigación judicial que la periodística; la indagación sobre los saurinos, en especial el de la Niña Cande y el de la línea entre la vida y la muerte.

Afianzado en la estructura del thriller policial, Vicente Alfonso ha escrito una historia adictiva contada desde diversas visiones de un mismo hecho, visiones contrapuestas y encontradas para que el lector decida qué fue lo que sucedió. Esa estructura poliédrica la aprendió de niño curioseando en los expedientes del juzgado donde su madre era juez.

“Cuando a mi hermano y a mí nos llevaba mi madre al juzgado había una sola regla que era: ‘mientras no se salgan del edificio pueden hacer lo que quieran’, rápido tuvo que incorporar una segunda regla: ‘mientras no salgan del edificio pueden hacer lo que quieran menos ponerse a leer los expedientes’, porque aunque al principio apenas sabíamos leer, con el paso del tiempo nos dimos cuenta que un expediente bien leído es como una novela policíaca que está contada desde diversas visiones de un mismo hecho y uno tiene el enorme privilegio de decidir qué sucedió”, señala el escritor en entrevista.

El coeditor de CONFABULARIO, suplemento cultural de EL UNIVERSAL, asegura que “de ahí viene la estructura de lo que escribo, de andar curioseando en esos expedientes que al final sólo proveen información fragmentaria, información que trata de ser más bien un rescate de tiempos ya pasados. No me gusta escribir los hechos, sino lo que viene después de los hechos; las revisiones de los testigos porque siempre salen cosas muchísimo más ricas; siempre hay enfrentamientos, contraposiciones, abiertas contradicciones y uno le da ese privilegio al lector, de decidir, pues al final juzgas tú qué pasó”.

En la novela que aun sin estar publicada ya había vendido sus derechos de traducción al turco y al alemán, hay un ejercicio de exploración, de reflexión sobre la gemelitud y las identidades; una novela que finalmente es la respuesta a esos cientos de veces que le preguntaron “¿eres tú o tu hermano?” y a la respuesta que con el tiempo él y los gemelos acaban dando: “Soy mi hermano”.

“Después de casi 40 años de responder varias veces por semana a esta pregunta que no tiene ningún sentido, he terminado por hacer esta novela como una respuesta. Empezó como un libro de ensayos, pero me di cuenta que por el lado racional iba a ser muy difícil transmitirle a la gente la experiencia, para transmitir la experiencia había que apelar más a lo sensorial, al enigma y a las estructuras complejas que nos hacen dudar de la realidad porque al final el fenómeno de la gemelitud es eso, algo que provoca duda en los demás, que provoca desconcierto: No por casualidad Freud lo pone como ejemplo en su Ensayo sobre lo ominoso, lo que es doble, una persona demasiado parecida a nosotros nos mete en un estado de incertidumbre que se parece mucho a cuando vemos una película de terror, por ejemplo, eso es quizá el más genuino de los terrores del ser humano, verse repetido”, afirma Vicente Alfonso.

El también autor de Partitura para mujer muerta que obtuvo el Premio Nacional de Novela Policíaca; y de Contar las noches, que resultó ganador del Premio Nacional de Cuento María Luisa Puga, quiso someter a sus personajes a crisis deliberadas de fe, de salud, de certezas jurídicas para ver qué pasaba. Esto viene de una cuestión autobiográfica; una novela poliédrica que explora la identidad, la fe y la espiritualidad, una novela que comienza con la frase: “La realidad es una; sus lecturas, infinitas”, pero que bien podría decir: “La realidad es una; todos buscamos expiar nuestras propias culpas”.

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