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Obras de la exposición 'La otra fiesta de las balas. Martín Luis Guzmán', que exhibe el Museo de Arte Moderno hasta el 31 de enero (ADRIAN HERNANDEZ. EL UNIVERSAL)

Dejan libros de texto fuera de reforma educativa

14/12/2015
04:20
José Juan de Ávila
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Sigue vigente la versión de la administración pasada que, dicen especialistas, es un retroceso frente a reformas anteriores

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Desde 1960, el Libro de Texto Gratuito (LTG) ha sido el primer contacto de los mexicanos con la educación, el arte, la literatura, la cultura y la forma de ser ciudadano, y para muchos es el único en toda su vida. No obstante, el gobierno de Enrique Peña dejó a ese programa estatal fuera de su reforma educativa y mantiene como base la versión de la administración de Felipe Calderón que, según especialistas, ha sido “un retroceso” en la historia de la educación pública y “sin eje de nación”.

La investigadora Sarah Corona Berkin, autora de La asignatura ciudadana en las cuatro grandes reformas del Libro de Texto Gratuito en México 1959-2010, publicado en octubre por Siglo XXI; y de Niños y Libros, que repasa la historia de publicaciones infantiles de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de 1921 a 2010, plantea en ese sentido la urgencia de una nueva reforma a los LTG.

“Hay tiempo para hacerlo en los tres años que quedan del gobierno”, dice Corona Berkin, quien ubica las anteriores reformas en 1959 (cuando se inició el programa), 1971-1978, 1992-2000 y 2009, que a grandes rasgos coinciden en fechas con las identificadas por otros especialistas y por el gobierno.

“Los Libros de Texto Gratuito son el primer contacto con la literatura, la escritura y con el arte, y para muchos niños será el único contacto que van a tener en sus vidas con el arte o los escritores”, subraya Corona Berkin y agrega que en las primeras tres reformas al libro, el arte y literatura en él reflejaban la etapa histórica del país, y mantenían una idea de nación y de cómo ser ciudadano mexicano, según el gobierno en turno.

En esas primeras tres décadas de los LTG participaba gente como Martín Luis Guzmán, Jaime Torres Bodet, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, Francisco Toledo, José Gorostiza, Raúl Anguiano, Vicente Rojo, Arnoldo Coen, Sebastián o Leonora Carrington.

“Los libros de 2010 no han sido reformados. En su última edición, que no reforma, (2014-2015) sólo se corrigió la ortografía”, expone Corona Berkin, quien alude a las “117 faltas de ortografía”, que en septiembre de 2013 el entonces titular de la SEP, Emilio Chuayffet, reveló que tenían los LTG.

Meses antes de que se dieran a conocer esos “errores”, el 25 de febrero de 2013, Peña Nieto promulgó la reforma educativa, que incluyó cambios en la Constitución a los artículos 3 y 73.

Pero según reconoce la misma Conaliteg —que desde el gobierno de López Portillo (1976-1982) ya no se encarga de elaborar contenidos de los LTG sino solo de producir y distribuir los títulos—, no hay hasta ahora un plan de reforma a los textos escolares, aunque asegura que en las últimas ediciones 2014-2015 y 2015-2016 sí hubo algunos cambios de contenido: se retomó la portada con La Patria, de Jorge González Camarena, que apareció en los libros de 1962 a 1972.

Miguel Ángel Barrera, jefe de Difusión, Relaciones Públicas y Patrimonio Histórico de la Conaliteg, cuenta que Chuayffet le dijo que era “capricho” suyo, porque él había estudiado con esos libros, retomar esa portada que muestra a una mujer morena con rasgos indígenas, alegoría de La Patria.

Educación sin línea. En su libro La asignatura ciudadana, Corona Berkin analiza y critica los modelos de ciudadanía que el Estado ha formulado y propuesto a través del LTG e identifica cuatro reformas de 1959 a 2010, incluyendo la de su creación, que formó parte del Plan de Once Años de Torres Bodet, entonces secretario de Educación, quien designó a Martín Luis Guzmán como responsable de la Conaliteg y de poner en marcha el programa que, según Corona Berkin, tenía tres líneas rectoras: nacionalismo, una imagen legalista de la ciudadanía, y la exigencia de valores éticos más que políticos, como la honradez.

Otra reforma se emprendió en el gobierno de Luis Echeverría en 1971 y se concluyó en 1978, con José López Portillo, quien, según la investigadora, orientaba los libros hacia “el populismo tercermundista”, pues incluía la idea de un México unido con el resto de los países latinoamericanos, privilegiaba la solución de problemas, la invención y la imaginación, como las bases del cambio.

Una más se lanzó en 1992 con Carlos Salinas de Gortari y se dio por terminada con Ernesto Zedillo en 2000. Para la investigadora, también ésta tiene un eje de país, de cara a la entrada del Tratado de Libre Comercio, en el que se plantea a los niños mexicanos que son iguales a los del primer mundo.

La última —la primera con un gobierno panista— inició con Fox y concluyó con Calderón. Una característica de ella, según Corona Berkin, es que los libros “parecen carecer de una línea unitaria”, a diferencia de las tres reformas anteriores, marcadas por el nacionalismo, el mestizaje y por una idea clara de qué tipo de ciudadanos querían los gobiernos priístas en turno formar mediante los LTG.

Además no tiene una propuesta de ciudadano para los niños, señala. Los mexicanos que aparecen en los LTG en la gestión de Calderón son mayores de 18 años, la ciudadanía se vuelve un tema legal, además de que estos mexicanos “se han blanqueado al máximo, no se ve el mestizaje”. El Himno Nacional incluso se folcloriza cantado por mariachis o se caricaturiza.

“En estos libros (del panismo) encontramos un claro retroceso del nacionalismo mexicano y una desaparición de un presente nacional que incluye retos y conflictos”, señala la doctora en Comunicación por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y profesora de la UAM-X y UdeG.

“No sé si debo decir que estos libros son lo peor, pero sí, son lo peor. (La reforma de Calderón) es un retroceso frente a las tres reformas anteriores. (El gobierno de Peña) lleva ya tres años con esos libros. Necesitamos una nueva reforma, urge”, señala.

En un libro publicado por El Colegio de México en 2011, otra investigadora, Lorenza Villa Lever, advertía que las reformas del LTG anteriores a los gobiernos panistas, habían sido acompañadas por una reforma educativa más amplia. “El problema es que en los LTG actuales hay un retroceso en su calidad y eso es inaceptable”.

Cuando se inició el programa del LTG en el gobierno de Adolfo López Mateos, la Conaliteg tiró 17 millones 632 mil 22 ejemplares en 1960. Para el año escolar 2015-2016, produjo 2 mil 179 títulos de preescolar, primaria, secundaria y bibliotecas de aula, que suman 212.7 millones; con inversión de 2 mil 726 millones de pesos en producción y distribución, a razón de un costo de 104 pesos por alumno.

Barrera señala que la Conaliteg sólo produce de 15% a 25% de todos los LTG, aunque tiene la capacidad de elaborar hasta 100%. Sin embargo, aclara que si la Conaliteg hiciera esto último colapsaría la industria editorial y gráfica privada mexicana que depende de las licitaciones de la comisión para la producción en sus talleres.

A eso se suma el hecho de que una vez usados por los niños, hay un gran desperdicio, pues los padres desechan los libros o los venden como papel, lo cual es ilegal.

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