Espacios para el arte

Cultura 23/12/2015 00:20 Sonia Sierra Actualizada 19:57

El escultor expone algunas de sus obras en zonas marginadas para que más gente tenga la posibilidad de admirar su trabajo

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Para el escultor Jorge Marín, el espacio público es un lugar lleno de posibilidades, que le da al espectador opciones de usar y vivir las obras como no puede hacerlo en un museo o galería.

“La experiencia de trabajar para el espacio público es algo que siempre quise. Lo he concretado de unos cuatro años para acá. Aprendo de la diversidad de públicos que coinciden en estos espacios, hay sociedades muy distintas”, expresa Marín en su estudio.

Marín (Uruapan, Michoacán, 1963) ha continuado la exhibición de sus esculturas monumentales en ciudades y municipios de la frontera entre México y Estados Unidos, y ha llevado también sus esculturas a ciudades de Asia; ahora muestra la pieza Alas de México en el museo Long de Shanghái.

En el país, sus grandes obras en bronce están en diversos espacios. Sobre Paseo de la Reforma, una obra suya es de las más vistas y usadas por el público. Pero su propósito es llegar con sus esculturas a lugares más apartados, por eso otra se encuentra a la entrada de un centro deportivo en Los Reyes, La Paz, estado de México.

Cuenta la historia de cómo nació ese interés: “Empezó porque yo estaba abstraído en mi estudio haciendo obra de mediano formato para museos, galerías, colecciones privadas; y descubro que la estructura del mundo del arte está diseñada para irse volviendo muy elitista. Una señal que tuve fabulosa —bueno con dos lecturas— de que había que abrirse a otros públicos fue descubrir que la calle estaba llena de obra mía pirata, de precios muy bajos; entendí que el público quería ver mi obra, un público que sólo podía gastar $500 en una copia mala de mi trabajo.

“Pero está el mito de no ir al museo o a una galería; decidí hacer una selección de lo más representativo de mi trabajo para llevarlo a la vía pública, para que vieran mi trabajo original. Se puso en exhibición en Paseo de la Reforma, tuvo un gran boom y, de hecho, una de las obras se tuvo que quedar porque el público la pidió. Me di cuenta de que ese público existe, que está marginado, que no lo estamos tomando en cuenta y hay que trabajar para ese público”.

Marín también descubrió que a menudo las obras se ubican en grandes vías, pero no en zonas marginadas. “Cuando la obra pública hace click con la sociedad le da a las comunidades un valor y un motivo de orgullo. Estoy muy interesado, empecé proyectos en zonas un tanto periféricas, como en Los Reyes La Paz”.

Sobre lo que ha pasado con la obra, detalla: “Una señal de cómo ha funcionado, de que hay apropiación, es que no tiene ningún daño ni hay grafiti; es una zona intensa con situaciones de mucho desequilibrio, y la obra sigue intacta. Hay otros proyectos para 2016 en zonas marginales. Estoy trabajando en esa posibilidad de llevar obra a espacios más apartados”.

La figura. Marín explica que esa obra en Los Reyes es una representación del cuerpo humano porque él busca una dignificación de la figura humana. “Busqué esto porque el cuerpo humano es un elemento iconográfico de fácil identificación; es mucho más complicado meter una obra abstracta, por ejemplo, en lugares de un público que no tiene toda esa preparación para entender otras formas más complejas de arte. Soy un convencido de que tenemos que ir paso a paso. Hay que entender los públicos, si no, son proyectos fallidos”.

Aunque Marín no detalla en qué otros lugares pondrá sus esculturas en 2016, dice que trabaja en un proyecto para el Estado de México; para esto investiga, pues no quiere hacer obra que no tenga que ver con la sociedad que lo vive. “Tengo 15 años viajando por el Estado de México, ahí está mi fundición, he ido entendiendo la idiosincrasia de las comunidades; estoy convencido de que no se trata de llegar e imponer una obra. He encontrado gente con quien trabajo, muy valiosísima a nivel profesional, por eso me involucro con las distintas comunidades”.

Paralelo a esos proyectos, en Estados Unidos presenta la muestra Alas de la Ciudad. “Empezamos una gira por ciudades fronterizas, comenzamos en Texas, la presentación ahí me ha dejado una experiencia muy fuerte con la comunidad mexicana y la latinoamericana. Tienen necesidad de reencontrarse con símbolos o iconos contemporáneos de su mexicanidad, hay un deseo tremendo de pertenencia, de no romper ese vínculo cultural e histórico”.

Considera que es un “nicho” que hay que atender: “El efecto es importantísimo para la gente de origen latino. Quiero seguir trabajando, eso me hizo modificar la ruta de mi exhibición, me quiero quedar en la zona fronteriza para poder llegar a estos públicos.”

Marín recorre con obras monumentales varios museos de Asia; ha estado en China, Singapur y Hong Kong. Sobre lo que ha pasado en Asia resalta: “Es otro mundo, ha sido fantástico. No hablo nada de chino, pero vaya que si me comuniqué de una forma impresionante con la gente que vio y usó mi trabajo”.

Uno de los elementos que he considerado clave para la obra en espacios públicos es el hacerla lúdica, participativa. Creo que el arte llegó a un punto un tanto extraño, casi de privatización o de elites, y se encerró en museos y galerías, quedó muy olvidado, muy de lado, consciente o inconscientemente, un gran público que también resulta que tiene necesidad de consumir arte. Consumir o hacer arte es una necesidad básica. Si los que habitan o pasan por una zona no hacen suya una obra que está en espacios públicos, es un proyecto muerto, hay que retirarla. La gente tiene que apropiarse, sentirse dueña de su calle, de su escultura”.

Este año, Marín también fue noticia cuando hubo decomisos de piezas falsas. Al respecto dice: “No tengo problema en que la gente replique mi obra, la entiendo, es un homenaje; hice una escuela, Guau! Eso me hace sentir bien desde mi vanidad. Pero no con mi firma. Mi firma tiene valor, estoy comprometido con un mercado que ha invertido en mi trabajo”.

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