Cómo sobrevivir a la selección natural en el emprendimiento

Análisis

Cartera 03/11/2016 01:42 José Antonio Dávila Castilla Actualizada 01:42
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Es ampliamente conocido en nuestra cultura el concepto de la supervivencia del más apto. La idea de la competencia feroz y descarnada en los mercados se compara con la lucha por la supervivencia en la naturaleza. De ahí que tanto las empresas como los individuos que laboran en ellas buscan competir para destacar o sobrevivir.

Este concepto presenta tal arraigo en la mente de la gente que genera concepciones erróneas sobre la realidad de la empresa y hace casi imposible entender un fenómeno como el efecto multiplicador en la comunidad de los emprendedores.

Para la gran mayoría, empresa es igual a competencia y no cabe espacio para la colaboración. Esto hace difícil entender el aspecto de la colaboración entre comunidades de empresas.

Para el emprendedor, no es nueva esta lucha constante por el mercado, los clientes y estar delante de los demás con la calidad y velocidad suficientes para sobrevivir.

El emprendedor sabe que enfrenta competidores más grandes, con mayores recursos y que “sólo sobreviven los más aptos”.

Sin embargo, también sabe del apoyo que encuentra entre sus pares —en otros emprendedores— que de manera espontánea y generosa comparten experiencias, conocimiento, contactos y, en ocasiones, hasta capital. Es ahí donde los mundos corporativo y emprendedor se separan. No sólo la competencia es connatural al ser humano, también la colaboración.

Cuando Darwin hablaba de la “selección natural”, señalaba a la capacidad de adaptación como atributo para la supervivencia. De la misma forma, en las empresas se ha ido desplazando el enfoque de los empresarios hacia la flexibilidad organizacional; en la medida en que una organización puede adaptarse a los cambios socioeconómicos y a la continua evolución de los mercados tendrá mayor oportunidad de sobrevivir.

En la medida en que en una comunidad se manifiesta la empatía entre sus miembros y se generan o descubren elementos afines entre ellos, los integrantes construyen un ecosistema mejor preparado para adaptarse a los cambios del entorno, y entonces sobrevivir y florecer.

La colaboración sería la gran virtud que se manifiesta en el mencionado “efecto multiplicador” dentro de los ecosistemas emprendedores, que constituye una de sus armas más poderosas, ya que permite la polinización de ideas y experiencias, así como la generación de entidades que fortalecen al entorno de las iniciativas empresariales.

Competir y colaborar serán los dos elementos clave en el éxito de toda organización.

La colaboración se convierte en la fuerza que les permite adaptarse, sobrevivir y ser exitosos en el mercado, al más puro estilo de lo que describió Darwin sobre la selección natural. Colaborar es la fuerza, no la debilidad.

En las comunidades emprendedoras, en donde no existe una clara dependencia ni una red jerárquica de relaciones, predomina el concepto de la autoridad y la participación: se comparten las buenas ideas, se busca aprender de quienes se han adelantado en los mercados, se forma a los cuadros de avance, no para ser empleados, sino para generar nuevas empresas y colaborar con ellos.

Las comunidades de emprendedores se han convertido en un verdadero centro de desarrollo de talento, quizás el más poderoso en la era moderna. Precisamente ésas son las cualidades que definen a quien inicia una nueva empresa y, por ello, quienes las viven conforman la comunidad ideal para la colaboración, aquella donde el efecto multiplicador es la norma, en vez de la excepción, y como consecuencia surge de forma natural la innovación constante hacia el futuro.

Director del Centro de Investigación en Iniciativa Empresarial (CIIE) de IPADE Business School

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