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¿Algo bueno del Brexit?

Análisis

ARCHIVO EL UNIVERSAL
Cartera 14/07/2016 01:42 Agustín Llamas Mendoza Actualizada 01:42
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La decisión de Reino Unido de salir de la Unión Europea obliga a redefinir el proyecto de integración europea, cambia la relación transatlántica y activa una gama de consecuencias en la configuración política, económica y cultural del mundo.

El consenso analítico sostiene que es el fin del mercado único y del libre establecimiento de europeos en el Reino Unido, y de británicos en Europa. Solo en España, habitan más de 300 mil británicos, que acogen a los más de 12 millones de visitantes que el mercado británico envía a España cada año. El sector financiero español también queda en el alero, pues Reino Unido es el segundo destino para las inversiones españolas en el exterior.

En un plano político, las consecuencias de la ruptura con el Reino Unido pueden ser radicales para la Unión Europea.

El Brexit activará iniciativas políticas a favor de la consulta sobre la UE a distintos países, empezando por Francia. El proyecto europeísta basado en una burocracia fuerte en Bruselas y en la consigna de “más Europa”. En muchos aspectos, resucita la Europa de los Estados-nación, y un ciclo en el que las identidades nacionales tendrán cada vez más peso en las decisiones políticas.

Es un cataclismo para los grandes partidos políticos instalados alrededor de los dos grandes bloques, el Popular y el Social demócrata.

Todos son partidarios del status quo de Bruselas y todos tendrán que lidiar con oleadas de populismo euroescéptico más o menos intensas en sus respectivos países, de aquí a unos años.

Culturalmente, el resultado es un revés para las élites, no solo políticas, sino también académicas, artísticas, mediáticas y corporativas, todas cosmopolitas, todas europeístas y fuertemente implicadas a favor de la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea.

Los expertos en su mayoría definen la decisión de la ciudadanía como una consecuencia de la inmigración de los últimos años; miles de plazas de trabajos tendrán que ser reubicadas así como muchas empresas que dejarán de tener los beneficios por los que en un principio decidieron basarse en el RU. Pero igualmente se podría señalar que tanta globalización o tanta ausencia de identidad nacional puede llevar a la población a decisiones extremas contrarias a los acuerdos regionales de todo tipo.

Sin embargo, parece que no todo es malo. Habría que considerar que las nuevas circunstancias podrían plantear la recuperación de la identidad nacional del Reino Unido.

Es cierto que la globalización y el desarrollo económico y comercial regional ha traído un gran avance para todas las sociedades; sin embargo, también se han pagado costos sobre todo de índole social como lo son las políticas antinatalidad y la implantación de la ideología de género que se impone desde la ONU pasando por organismos multilaterales como el Banco Mundial o el mismo Banco Central Europeo como condicionantes de flujos de capital a esas sociedades.

Algunos analistas están leyendo el Brexit como la imposición de los viejos, resentidos, desempleados y culturalmente populistas, y no necesariamente es así.

Es importante destacar que la migración indiscriminada ha ido desconfigurando las nacionalidades europeas y con mucha razón, independientemente de cuestiones de orden humanitario, esas sociedades tienen derecho de proteger su historia, costumbres y creencias nacionales.

Los péndulos de la historia siempre regresan a la naturaleza humana. Probablemente, estemos presenciando el regreso de ese badajo.

Profesor del área de Entorno Político y Social de IPADE Business School

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Agustín Llamas Mendoza
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