El juez y la interpretación de la ley

Armando Hernández Cruz

En alguna ocasión cuando el texto constitucional decía “todos”, la persona que debía resolver el asunto me dijo que ese “todos” no necesariamente significaba “todos”, o sea que unos sí y otros no

El juez no debe legislar, es una expresión que no debería causar ninguna controversia. La interpretación de una norma jurídica debe hacerse de tal modo que la norma no puede perder, mediante el ejercicio interpretativo, el sentido literal de la misma. La letra de ley es el primer límite a la interpretación.

No es dable, mediante el ejercicio interpretativo arribar a la conclusión de que la ley no dice lo que dice, sino lo contrario de lo que dice. Así, el operador jurídico debe abstenerse de legislar o alterar la voluntad legis-lativa (ratio legis) en el proceso de interpretación.

Siempre tengo claro un ejemplo que me pasó: en alguna ocasión cuando el texto constitucional decía “todos”, la persona que debía resolver el asunto me dijo que ese “todos” no necesariamente significaba que el campo de aplicación de la norma era “todos”, o sea que unos sí y otros no cuando la ley dice “todos”.

Esta me parece una joya interpretativa que refleja un exceso en el ejercicio y transforma la interpretación en una violación al sentido normativo, lo cual resulta peligroso en un estado democrático donde es el legislador quien tiene la legitimidad democrática vía elección para erigirse en evaluador moral competente y tomar las decisiones normativas de legislar.

Esta función no debe ser sustituida por la del operador judicial, quien carece de la legitimidad democrática que otorga el voto popular.

Vemos cómo la labor interpretativa ha sido la labor en la historia del derecho, tanto de los teóricos al dotarnos de los métodos de interpretación jurídica como de los operadores del sistema que los aplican a casos concretos.

Algunos de estos métodos son: gramatical, sistemático, histórico, genético, teleológico, analógico, extensivo y a últimas fechas se habla de ponderación de principios.

Estos ejemplos son un botón de que el método elegido, la interpretación misma y sus consecuencias, son temas muy delicados que todos los abogados deben tomarse con mucho cuidado, pero aún más quienes tienen el delicado y muy preciado papel de impartir justicia.

Ello ha sido motivo de profunda discusión; pensemos por un momento en un juzgador que al resolver cuestiones que son sometidas a su jurisdicción intérprete o justifique su decisión con base en una asignación de sentido que va más allá de lo que dice el texto normativo.

De ahí que ampliar o restringir el campo de aplicación de un texto jurídico cuando no aparece así en la norma jurídica es una responsabilidad muy importante que no sólo implica la elección de un buen método y su respectiva justificación sino, sobre todo, y es lo más importante, tener claras las consecuencias que se originan con esa decisión.

Al final de cuentas de lo que se trata es de evitar que las sentencias judiciales se vuelvan argumentos de autoridad sin legitimidad democrática ni social y se siga diciendo “todo es interpretable”, “todo se puede justificar”, o bien “como lo dice el juzgador, él tiene la última palabra”.

Flor de loto.

O todo lo que es, es justo, o nada lo es.

* Presidente del Tribunal Electoral de la Ciudad de México (TECDMX)

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