‘Yo sin plásticos’, una transformación social... posible

Angélica Simón

Trata de pensar en las actividades que realizas en tu día a día. ¿En cuántas de éstas está presente el plástico?

 

El primer café de la mañana que compras en la cadena de moda viene en vaso de cartón ¡claro!, pero con su respectiva tapa de plástico y su popotillo para moverle; el vaso del jugo; el contenedor de la saludable ensalada que compraste por la tarde; las 4, 6 o 10 bolsas en las que pusieron tus compras del supermercado…

 

¿Qué tienen en común todos esos plásticos? Son de un solo uso: unos minutos de “utilidad” y a la basura, generando problemas de contaminación tanto inmediatos, como a largo plazo y más allá de las fronteras municipales, llegando a los océanos y matando miles de animales marinos cada año.

 

Se han producido 8.3 mil millones de toneladas métricas de plástico en el mundo entre los años 1950-2015, y de estos desechos, únicamente 9% fue reciclado, mientras que 12% ha sido incinerado y el restante 79% se encuentra en los rellenos sanitarios y en el medio ambiente.

 

Su consumo es tan desmedido, tan irracional, tan automático que ni siquiera nos hemos detenido a preguntarnos si verdaderamente tienen una función irreemplazable o si podemos vivir sin ellos.

 

La respuesta es sí, podemos vivir sin plásticos de un solo uso, aunque lograrlo no es fácil, insisto, no porque sean necesarios o irreemplazables, sino porque se requiere de un cambio de mentalidad, de un comportamiento distinto y de una respuesta razonada cuando nos ofrecen un popote, una bolsa. Necesitamos una transformación social profunda resumida en un par de sencillas oraciones: “no, gracias”, “yo sin plásticos”.

 

Las personas, nuestras decisiones, nuestras acciones son las que hacen historia, las que inspiran revoluciones y así es como surge #yosinplásticos, un proyecto de empoderamiento ciudadano liderado por voluntarios de Greenpeace en 24 ciudades del país, quienes, de persona a persona, están tratando de convencer a distintos comercios locales de dejar de usar como insumos plásticos de un solo uso, o desechables, y a la gente de dejar de solicitarlos o rechazarlos.

 

¿Imposible? ¿Por qué habría de renunciar una persona a la comodidad de sorber con popote? ¿Por qué un negocio dejaría de dar desechables para lavar decenas de tazas? Porque ahora, gracias al trabajo de los voluntarios compartiendo información, saben de la problemática de la basura plástica y que nadie, nadie, escapa de ella, ya sea al quedar atrapados en una inundación (por los drenajes obstruidos) o porque el pescado que tanto disfruta está contaminado con restos plásticos.

 

No, no es imposible. En un par de semanas, medio centenar de comercios, (cafeterías, mercados, restaurantes, etcétera) en distintos estados de la República ya son parte del movimiento #yosinplásticos y la plataforma usatupoder.org donde se albergan las peticiones para los dos o tres negocios que han manifestado alguna resistencia suman más de mil 250 firmas de ciudadanos preocupados por este tema.

 

¿Pocos? ¿Muchos? Suficientes para mostrar que sumando de uno en uno podemos ser cada vez más los que construyamos en el día a día, con nuestras decisiones de consumo, la transformación que estamos buscando. No esperemos que suceda, ¡hagamos que suceda!

 

Coordinadora de medios en Greenpeace México

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