“Le clamamos a Dios para que la violencia termine”

05/07/2015 01:04 Amalia Escobar / Corresponsal Actualizada 01:04
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Son mayoría los que han emigrado hacia el extranjero, sobre todo hacia Estados Unidos, pero son numerosos también quienes han huido de sus comunidades para trasladarse a otros estados de la República

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Cifras dadas a conocer por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) indican que al menos 281 mil 418 mexicanos se encuentran actualmente en condición de desplazamiento forzado interno. De estos casos 9 mil se registraron el año pasado

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De acuerdo con esta organización, 89 mil 859 corresponden a casos de desplazamientos masivos

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Chihuahua, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Tamaulipas y Veracruz son los estados que, debido a la violencia, cuentan con mayor número de desplazamientos masivos

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Sin embargo, Chiapas, Guerrero y Oaxaca cuentan con un considerable número de personas desplazadas por conflictos entre comunidades indígenas, así como de carácter religioso o político

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Si bien en los registros de las organizaciones hay casos de personas desplazadas en Chiapas desde 1995 y que no han podido regresar, el fenómeno ha crecido aceleradamente a partir de 2011

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Hoy, el Centro de Vigilancia de Desplazados Internos (IDCM, por sus siglas en inglés) señala que México se ubica, junto con El Salvador, Honduras y Guatemala, con la mayor tasa de desplazamiento de la región

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Plutarco Elías Calles.— La violencia se recrudece y el narco éxodo escala. En este municipio, cuya cabecera municipal es Sonoyta, familias del área rural y urbana han huido con los zapatos y la ropa que traían puesta. Cualquier lugar es mejor que vivir entre el fuego cruzado de bandas criminales.

Los Memos y Los Salazar, grupos contrarios del narcotráfico, se disputan la plaza a pesar de la presencia de elementos policiacos de todos los órdenes, municipal, estatal, federal, incluso de la Marina y del Ejército.

El desplazamiento humano empezó el 30 de abril de este año, cuando estos grupos se enfrentaron en el ejido Desierto de Sonora, a 10 kilómetros del casco urbano. Ese día, el lugar se quedó sin un alma, mil 200 personas huyeron y unas para no volver más.

A decir de los exiliados por la violencia, aquel día había más de 40 cuerpos tendidos en el kiosco de la plaza, la Procuraduría de Sonora emitió una cifra oficial de 3 muertos.

En un recorrido de EL UNIVERSAL por la zona, se observaron casas con múltiples impactos de bala, paredes que son un mudo testigo de historias de cruda violencia, de vida y muerte.

Un pueblo desolado y pocas personas mirando con zozobra y desconfianza a través de pequeñas rendijas de sus ventanas.

“Aquí nada volvió a ser igual, le clamamos a Dios porque esto termine”, dijo la pastora del templo Divino Redentor, Mónica Brenan, que relató cómo su comunidad quedó desolada.

El fenómeno más notorio de la situación que prevalece aún en esa comunidad fue el 7 de junio. El día de las elecciones votaron en una casilla especial en el municipio para salvaguardar la integridad de los ciudadanos.

Pocos han regresado, se ha tratado de hacer una vida normal, ya hay clases en las escuelas, pero muchos niños ya no volvieron, lamentó.

El 8 de junio fueron ejecutados dos policías municipales afuera de una tienda de autoservicio, en plena ciudad. El 14 de junio se encontró el cuerpo sin vida del subdirector de Seguridad Pública Municipal.

La narcoguerra ha cobrado decenas de vidas, en tanto las cifras oficiales alcanzan 17 asesinatos en un mes y 38 en lo que va del año.

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