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24/04/2019
08:21
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Con una programación de 138 películas, Ambulante es, como cada año, un vasto territorio de la imaginación. El cine documental —la materia de Ambulante— puede centrarse en capturar una realidad espontánea pero la consciencia de los cineastas descubre en ella la inspiración para explorarse a sí mismos. Experiencias tan íntimas como ajenas, pues, los filmes de la gira son muchos y muy variados. En un intento no de dirigir al espectador sino de hacerle algunas sugerencias, escribo a continuación sobre algunas de las películas más interesantes que he visto en la programación de este año.

Un buen lugar para empezar es Cassandro, el exótico (2018), de la francesa Marie Losier. Retrato de un hombre, de un homosexual pionero en la lucha libre y de un orgulloso ex adicto, este filme es una inesperada tragedia sobre las fronteras del espíritu. Nos gusta pensar que el cuerpo y el alma están separados pero Losier y Cassandro nos muestran que la piel, los huesos, la consciencia, son los límites del alma. La sed de Cassandro viene de su biografía y, como luchador profesional, su historia es su cuerpo. Si la narración y la cercanía de Losier con Cassando no bastaran para crear una imagen íntima, la filmación en 16 mm nos sugiere una cinta casera, nostálgica, que muestra la caída de un ser amado.

En Tío Yim (2019) Luna Marán explora también la intimidad de un hombre pero, en este caso, de manera devastadora. Más que contar la historia de su padre, Jaime Martínez Luna, la directora captura su carácter y el efecto de este líder zapoteco y cantautor admirable en su familia. Marán evita los lugares comunes que resalten la perfección de Jaime al mostrarnos también a un solitario que quiere morir borracho en una cueva. Sus hijos y su esposa lo admiran y lo aman pero a la vez resienten su ausencia y sus ambiciones. Ante los espectadores aparece una figura casi insólita en los documentales de este tipo: un hombre real, que es más o menos lo mismo a lo que aspira la cinta boliviana Algo quema (2018).

Realizado a partir de distintos metrajes —noticiosos o de reuniones familiares—, este filme de Mauricio Alfredo Ovando busca la identidad genuina de su abuelo, el general Alfredo Ovando Candía. ¿Era acaso el hombre gentil que jugaba con sus nietos o el asesino ligado a la muerte del Che Guevara? A lo largo de la cinta la familia Ovando defiende alguna de estas contradictorias posturas y entre ambas se crea una humana biografía de un monstruo. También es un acto de redención para una familia incapaz de aceptar la verdad.

En menos de una hora la directora mexicana Eva Villaseñor logra ofrecernos en M (2018) a su hermano, el rapero Tankeone, de cuerpo entero. Su estructura narrativa es fragmentaria y no aspira a narrar sino a desnudar. Por supuesto, nos encontramos con las fiestas, la admiración, los admiradores, pero también con la autodestrucción de un carácter violento. El ritmo resalta por su inteligente velocidad, que a veces nos muestra lo suficiente en imágenes breves y después se sostiene para escuchar anécdotas exageradas e incoherencias de borracho.

Para aliviar un rato el dolor de vivir en familia, Ambulante ofrece su típica y vasta selección de documentales sobre música. No he podido ver Ryuichi Sakamoto: Coda (2017) pero no recomendaría a nadie eludir una hora y cuarenta minutos con uno de los compositores más versátiles de Japón, y quizá del mundo. En cambio, sí vi el documental de Jim Jarmusch sobre los implacables y ruidosos Stooges Gimme Danger (2016). Aunque Jarmusch cuenta la historia con ingenuidad y admiración, quizá su película sea la mejor que puede hacer un admirador sobre su banda favorita. Para contrarrestar ese efecto, Ambulante trae de vuelta el clásico de 1967 Bob Dylan: Dont Look Back, donde D.A. Pennebaker captura a Dylan no sólo cantando en el escenario sus temas clásicos sino evadiendo fans, desesperándose con un excéntrico periodista y peleando por descubrir quién arrojó un vaso desde su cuarto de hotel.

Como es necesario, otras películas siguen la ruta del horror, empezando por una que a veces resulta, de plano, graciosa. Familia de medianoche (Midnight Family, 2019), de Luke Lorentzen, es un paseo con un clan que se dedica a los servicios privados de ambulancia. La cinta es brillante no sólo por la cercanía de la cámara, que pareciera invisible para los protagonistas, sino por la compleja denuncia que hace de un gobierno inepto y rebasado por las necesidades de salud de la inabarcable Ciudad de México.

En un registro totalmente ominoso, el director Julien Elie abarca la violencia en México en Soles negros (Soleils noirs, 2018). Con episodios sobre el feminicidio, las desapariciones y la violencia de Estado, este filme expresa un México desolado y desolador donde la vida no es una garantía. Ni hablar de la felicidad. Sin embargo, en medio de todo aparecen héroes sencillos: mujeres y hombres que dedican sus vidas a salvar otras, o al menos lo que queda de ellas.

Caballerango (2018), de Juan Pablo González, nos muestra una comunidad rural donde abundan la ruptura y la muerte. En varios segmentos los habitantes cuentan cómo un día velaron a un joven, otro día a alguien más. Los suicidios abundan porque la siguiente generación parece rehusarse a una vida de contemplación y trabajo, reflejada en los cuadros estáticos y el ritmo natural de la película. Sin nostalgia ni sentimentalismo, González observa cómo la muerte invade silenciosamente el pueblo y se convierte en una nueva norma.

Lejos de México, aunque similar en algunos aspectos a Soles negros, El silencio de otros (2018), de Almudena Carracedo y Robert Bahar, muestra la lucha de los españoles que exigen los restos de sus familiares asesinados por el franquismo. La pelea no sólo va encaminada contra un gobierno conservador que prefiere ocultar el pasado y fingir la reconciliación, sino también contra una sociedad nostálgica del fascismo. Pareciera insignificante que una calle se llame como un general franquista, pero entonces uno estaría aceptando la entronización de los opresores, y eso es lo que hace la España contemporánea, salvo por el puñado de víctimas que exigen la verdad.

Hablando de la muerte, también hay que pensarla como un motivo de celebración. Tras la partida irreversible de Agnès Varda, Ambulante prepara un homenaje para la cineasta más singular de la Nueva Ola Francesa con la proyección de Rostros y lugares (Visages, villages, 2017). En relación con las películas anteriores, se trata de un documental importante y emotivo donde Varda y el artista JR emprenden un viaje para inmortalizar a los olvidados con fotografías enormes. Más que mera decoración, estas obras buscan recordarnos la altura de la gente común, que ni siquiera suele ser celebrada como los héroes. Es un homenaje a todos.

Twitter:@diazdelavega1

Alonso Díaz de la Vega
Alonso Díaz de la Vega es crítico de cine para el programa de radio Por la mañana con Ciro Gómez Leyva, y para el programa de televisión Mi Cine, Tu Cine, de Canal Once. También es miembro del comité...