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Las buenas maneras: fantástico cine

Tan inclasificable como impredecible, 'Las Buenas Maneras', de los brasileños Marco Dutra y Juliana Rojas, es un extraordinario ejercicio de buen cine que se ha ganado ya su lugar entre lo mejor de 2018.
Las buenas maneras: fantástico cine
05/10/2018
10:38
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Pocas veces se tiene la fortuna de enfrentarse una película que desafíe tantas convenciones, que tome tantos riesgos y que sea tan inclasificable como Las Buenas Maneras (As Boas Maneiras). La cinta combina, con sorprendente soltura, el drama social, el cine romántico, el fantástico, la animación y cuando menos te lo esperas, la película en algún punto se vuelve incluso un musical en la vieja tradición Disney.

 

Lo sorprendente del asunto es que todos estos giros suceden con naturalidad, y todos ellos funcionan. El arsenal de recursos que demuestran la dupla de directores y guionistas,  Juliana Rojas y Marco Dutra, es tan impresionante que llega un momento en que pareciera que son capaces ya de ejecutar cualquier truco con éxito. Y además todo sucede con un presupuesto que no parece millonario sin que ello demerite en ningún instante la calidad del filme.

 

Ana (Marjorie Estiano) es una joven de 28 años, que vive en un lujoso departamento en una zona de lujo en São Paulo. Ana está en búsqueda de una niñera que le ayude con las tareas del hogar dado que está embarazada. Es así como conoce a Clara (Isabél Zuaa) quien luego de una accidentada entrevista donde sin buscarlo demuestra sus habilidades como cuidadora, obtiene el trabajo. La diferencia entre estas dos mujeres no podría ser mayor: Clara proviene de un barrio pobrísimo donde no puede ni pagar la renta, mientras que Ana vive una situación cómoda aunque se muestra solitaria, el padre de su hijo está ausente y su propio padre -la que le mantiene todo el numerito- tampoco la quiere ver.

 

Se trata pues de un choque de clases que tiene su punto de unión en la tremenda soledad de ambas mujeres. Ana se muestra absolutamente inmadura: incapaz de aceptar su realidad, sale al centro comercial y compra unos finos zapatos de tacón alto que ya no puede usar dada su avanzado embarazo, se emborracha con cerveza la noche de su cumpleaños (donde además nadie le ha hablado para felicitarle), se viste con un atuendo sexy como para negarse a aceptar no sólo el cambio de su figura sino el fin de sus noches de fiesta, y observa con terror el ultrasonido donde ve al pequeño engendro que vive dentro de ella.

 

Hasta aquí todo normal, una película brasileña cuya ruta parece ser la de la denuncia, el contraste social, la irresponsabilidad de la clase alta y la capacidad de la clase baja para, como es usual, cargar con los de arriba e incluso acompañarlos en sus traumas existenciales. Uno no sospecha el primer gran giro de la trama, cuando la relación de ambas mujeres se convierta en algo más que niñera y empleadora. El lazo de soledad que une a estas mujeres las convierte prácticamente en sobrevivientes.

 

Pero la película no se queda ahí, vendrán más giros absolutamente inesperados de los cuales es preciso no saber para disfrutar la experiencia. Pero ojo, si bien no saber detalles de la trama eleva la experiencia de esta cinta, el gozo no está en la secrecía o lo impactante de los eventos que vendrán, sino en la forma en como Rojas y Dutra son capaces de ejecutar esos cambios y hacerlo sin perder piso, sin masacrar su trama, sin que el espectador lo vea venir.

 

La película abreva de las fuentes más imprevistas: hay homenajes a Rosemary’s Baby, a Alien, al cine de Rick Baker, de Landis, de Cronenberg, de Abdellatif Kechiche, hasta el cine de Walt Disney (!).

 

Del drama social al suspenso, de la animación al erotismo, del terror al musical. Juliana Rojas y Marco Dutra, invencibles, hacen lo que quieren con su público en un viaje absolutamente inesperado delq ue nunca pierden el control. Una película femenina, donde son las mujeres acción, reacción, cobijo y lucha, pero en las que ninguna de ellas se asume como víctima. Claro, hay público para todo, y la ausencia de convenciones provocará disgusto a muchos, al grado incluso de abandonar la sala.  Son los prejuicios hablando porque la cinta no exige demasiado al espectador, más allá de dejarse llevar.

 

Al final, la película es una celebración a lo no convencional: el amor no convencional, las relaciones de amistad inusuales, la maternidad no tradicional. Una película absoluta y extrañamente femenina donde el único elemento que permea por todo el filme, además de la dirección extraordinaria de sus autores, es el amor: incondicional, ferviente, apasionado, filial.

Se trata pues de una película fantástica, en toda la extensión de la palabra.

-O-

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Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.
 

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