Este morelense nacido en 1966 considera que los cartonistas son "un mal necesario para la política y para el periodismo", pues son el instrumento que puede acercar a los lectores ocasionales a la realidad social. Empezó dibujando al Santo y a las Mujeres Vampiro pero los cambió por los trajes y las corbatas de los personajes que ahora disecta en sus cartones políticos. Resiente que le digan que "hace monitos", porque su trabajo, dice, es de verdadero análisis político.