Saca tarjeta roja al cáncer

Óscar Campillo, un joven árbitro del Sector Amateur de Colima, venció a la enfermedad; busca ser silbante de élite
Ve con optimismo la vida, tras ser alentado por compañeros de profesión (ESPECIAL)
04/02/2018
00:30
Héctor Alfonso Morales
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El árbitro Óscar Campillo Espinoza siente que el dedo de la divinidad lo eligió para una misión dolorosa, pero de que la que salió librado.

Le diagnosticaron cáncer testicular. Apenas a los 22 años tuvo que hacerle frente para mantenerse con vida y continuar con la pasión de impartir justicia en el terreno de juego.

Contó las sesiones de quimioterapia a las que fue sometido, durante su padecimiento. Fueron 42. Número que tiene bien grabado en la memoria, por lo cruento que suena y los estragos en su cuerpo, como la disminución de su peso corporal y la pérdida del cabello. “Dios siempre elige a sus mejores guerreros para las peores batallas. A mí me tocó pelear contra el cáncer”, narra el silbante del Sector Amateur de Colima, en entrevista con EL UNIVERSAL.

Escuchar “tienes un tumor maligno en el testículo y algunos más en en el cuerpo”, por parte de los doctores, puede equivaler a pensar que los días terrenales están contados, que la muerte está próxima, que llegará en cualquier instante.

Campillo tuvo miedo, pero decidió encarar la enfermedad. “Cuando escuchas que tienes cáncer, piensas lo peor, porque se piensa que es igual a muerte. Y no, lo superé”, se congratula.

Para el combate, la joven promesa del arbitraje mexicano obtuvo fuerzas. Primero, sus padres: Miguel Campillo y Maricruz Espinoza, lo alentaron para que se recuperara. Encontró otro respaldo. Mensajes de dos de los jueces de la Liga MX con mayor fama: Roberto García Orozco y José Luis Camargo. Ambos le mostraron su apoyo moral, le pidieron que nunca abandonara la pelea contra el cáncer, por imposible que pareciera salir vivo.

Óscar aprovechó ese aliento a su favor. Se motivó para seguir. “Fue importante. Ellos se comunicaron conmigo para que le echara para adelante. Son mis ídolos en el arbitraje y que se tomaran la molestia de dedicarme unas palabras, la verdad es que fue valioso” atesora. Poco a poco, Óscar ha ido recuperándose. Cualquiera que vea sus fotografías en su Facebook puede notar cómo se veía antes, durante y después del cáncer testicular.

No le avergüenza verse delgado, sin pelo. Lo que presume es que puede continuar vestido de árbitro, cargar su silbato y las tarjetas. El mal que le afectó pudo dañar sus órganos, no sus sueños. “Busco llegar a la profesional. Mi riñón quedó un poco dañado en el proceso y tengo que recuperar mi mejor condición física. Soy de los mejores árbitros de Colima y llegaré a Primera”, expresa.

Como es natural con los silbantes, recibe insultos, mentadas y hasta amenazas. Nadie puede estar siempre de acuerdo con los nazarenos. Eso ya es lo de menos en la vida de Óscar Campillo. Se siente como un guerrero de Dios que derrotó al cáncer y que, confía, será parte de la élite arbitral.

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