Según las teorías de Parente & Parsons, miembros de la Asociación Internacional de Consultores de Imagen, hay siete estilos dentro de los cuales se puede clasificar a personas e instituciones.
Parente & Parson desarrollaron una teoría llamada Universal Style en la que, mediante un cuestionario muy detallado, se determina a cuál de esos siete estilos pertenece una persona.
Víctor Gordoa, quien ha trabajado 13 años en ese ámbito y ha participado en el diseño de la imagen pública en 25 campañas políticas, dice que, entre los políticos mexicanos, el estilo tradicional y el natural son los que predominan. Aunque también hay algunos, muy pocos, que se ajustan a los estilos dramático y elegante.
El estilo, explica el autor de los libros Imagología y El poder de la imagen pública, es la expresión de la individualidad y, por tanto, un importante código de comunicación no verbal.
“Ningún estilo es mejor que otro; sin embargo, cada uno envía mensajes diferentes”, agrega el también fundador y rector del Colegio de Consultores en Imagen Pública.
Debilidades y fortalezas
“El estilo tradicional —señala Gordoa— es propio de una persona conservadora y denota organización, eficiencia, lealtad y fidelidad.
“El natural, por su parte, es muy característico, por ejemplo, de los perredistas, quienes no suelen usar pantalones de gabardina ni camisas de algodón; acostumbran chamarras y zapatos con suela de goma y no se ponen corbata. Las fortalezas de este estilo son accesibilidad y amistad.
“En cambio, el estilo elegante refleja distinción, refinamiento, sofisticación, cultura, estabilidad y éxito. Su debilidad radica en que, cuando se confunde elegancia con el precio de las prendas que se usan, se corre el riesgo de caer en la ostentación”.
Este estilo no implica presumir la marca de la ropa o los accesorios sino transmitir lo que ya se tiene en esencia. “Es cierto que el estilo elegante aleja e intimida a ciertas personas; sin embargo, también provoca admiración y deseos aspiracionales”, dice.
Políticos poco seductores
Cuestionado sobre la razón por la cual existen pocos políticos de estilo elegante en nuestro país, Víctor Gordoa explica que se debe a las características propias de ese sector.
“Si se está en un puesto en el que se aspira a un poder mayor, se piensa que lucir prendas de alta calidad significa alejarse del común de la gente; además, podrían despertarse sospechas respecto de las fuentes de donde provienen los fondos para adquirir esas prendas.
“Por ello, la mayoría de las políticos pertenecen al estilo tradicional o al natural, que los vuelve más accesibles al pueblo. Sin embargo, cuando se posee una esencia elegante, no se puede ocultar.”
Los elegantes
Víctor Gordoa señala como prototipo de político elegante a Santiago Creel (senador del PAN).
“La clase se mama y él proviene de una cuna de alcurnia. Además, se necesita cierto presupuesto para poder comprar prendas de mayor calidad.
“Otro ejemplo de un político elegante es el priísta César Camacho, quien con el tiempo se ha convertido en una persona de trato y apariencia distinguida.”
Respecto de las mujeres, Gordoa señala que en México no existen políticas con ese estilo, sino que pertenecen al tradicional y al natural.
“Ejemplo de una mujer elegante que trabaje en un cargo político es la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice; otro ejemplo es Letizia Ortiz, princesa de Asturias, en quien se da una afortunada combinación de naturalidad y elegancia.”
¿Cuánto cuesta ser elegante?
Aunque la elegancia no tiene que ver con marcas, sí se caracteriza por el uso de ropa fina, la cual es muy costosa. Gordoa dice:
“Por ejemplo, unos zapatos realmente finos, la mayoría de procedencia italiana o inglesa, cuestan entre 700 y mil dólares (de casi 8 mil a unos 12 mil pesos); los trajes de un buen casimir cuestan de 2 mil hasta 6 mil dólares (de 22 mil a 60 mil pesos); las camisas confeccionadas en algodones de primera calidad, con cuellos y puños impecables, entre los 450 y 600 dólares (casi 5 mil a más de 6 mil pesos). “Todo este tipo de prendas, por su corte exacto, añaden distinción al individuo que las porta”.
Según el entrevistado, una de las marcas que más se usa entre los políticos mexicanos es Ermenegildo Zegna.
Provocadores y sugerentes
Muy pocos políticos pertenecen al estilo elegante-seductor, que resulta “provocador y sugerente”, dice Gordoa. Entre sus fortalezas está el atraer al sexo opuesto, generar confianza y provocar sensación.
“Enrique Peña Nieto (gobernador del Estado de México) es un político de estilo seductor, porque es un hombre joven, atractivo y de cuerpo bien cuidado. Cuando habla y establece contacto visual, siempre está seduciendo.”
Otro ejemplo: “Juan Camilo Mouriño (jefe de la Oficina de la Presidencia de la República) también viene de una familia muy acomodada: él nació rico y sabe de la compra de prendas finas. Sus trajes, corbatas, camisas lo revelan. También tiene cierto atractivo para las mujeres; podríamos decir que es una combinación entre lo elegante y seductor”.
Finalmente, el experto señala: “Toda imagen es relativa a tres factores: la esencia: Se tiene que ser, no disfrazar.
“El objetivo a lograr: no es lo mismo legislar desde una curul del Senado que tratar de ser presidente municipal de una pequeña localidad.
“Las necesidades de la audiencia: Una vez identificadas, se deben satisfacer con códigos de comunicación verbal y no verbal coherentes.”