Eventos tecnológicos descubiertos por error

Algunos de los electrónicos que revolucionaron el mundo fueron descubiertos por casualidad. Conoce algunos casos
Otros inventos que deben su creación a la casualidad son: el Viagra, los Post It, el teflón e incluso la Coca-Cola cuya fórmula resultó de la búsqueda de un remedio para el dolor de cabeza
02/02/2018
07:00
Mariana Solano
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En sí misma, la innovación se refiere a una acción intencionada que busca crear algo que, además de benéfico y útil, resulte novedoso o mejor que su versión antecesora, en caso de haberse desarrollado.

No obstante, existen casos en donde, a pesar de no tener una idea clara de qué se crearía o cuál sería el propósito del invento, este resultaría ser todo un éxito y el nombre de su creador sería catapultado a la fama por el hallazgo.

A este tipo de sucesos se les conoce también como ‘serendipias’. La palabra hace referencia a los descubrimientos que son resultado de un accidente, casualidad o, bien, que surgen en la búsqueda de algo completamente distinto.

En general, el caso más famoso bien puede ser el de la penicilina de Alexander Fleming: la historia de la creación de uno de los antibióticos más populares en el ámbito médico se le atribuye a la supuesta costumbre del científico de trabajar con el laboratorio sucio. En ese sentido, si Fleming no hubiera dejado que las placas con las que trabajaba se llenaran de moho, no habría notado que esta suciedad se trataba en realidad de un cultivo de hongos de penicillium.

Este descuido afortunado llevaría al científico a encontrar un activo capaz de atacar las infecciones bacterianas que en aquella época le quitaban la vida a cientos de personas. Más adelante, el descubrimiento de Fleming se usaría para tratar otras enfermedades mortales como la neumonía, la difteria, la gangrena, la tuberculosis y hasta la sífilis. Sin duda, fue un hallazgo accidental que cambió al mundo entero.

Tal como este caso, los seres humanos hemos sido testigos de más invenciones casuales en muchos ámbitos, como el alimentario, el científico y el tecnológico, por mencionar algunos que le valieron a sus descubridores renombre y agradecimiento. A continuación te mostramos más ejemplos de innovaciones que, pese a ser un accidente, resultaron tener una enorme potencial. Mención especial merecen los casos de las pantallas que se autorregeneran y las “baterías eternas”que, si bien todavía están en proceso de investigación y desarrollo, posiblemente, en el futuro, estén en todos los gadgets.

Pantallas que se regeneran

Este descubrimiento accidental de finales de 2017 podría ser usado en pantallas de smartphones y tabletas. Es obra de científicos japoneses que experimentaban con nuevos tipos de adhesivos, entre ellos un polímero denominado “poliéter tiourea” que los sorprendió por su capacidad de autorrepararse. La ventaja de este material es que no requiere de procedimientos complejos o condiciones especiales: basta con aplicarle presión unos segundos en las zonas quebradas a temperatura ambiente y dejarlo reposar por unos minutos para que vuelva a su estado original.

Baterías eternas

En 2016, estudiosos de la Universidad de Irvine, en California, experimentaban con el fin de fabricar una batería para smartphone que fuera más segura. Para ello utilizaron nanocables en su estructura pero, no habían tenido éxito. Posteriormente, una de las estudiantes, Mya Le Thai, por casualidad, cubrió estos aditamentos con un electrolito hecho de gel, encontrando que ahora la batería podía someterse a 200 mil recargas durante más de tres meses sin detectar pérdidas de capacidad o energía y sin fracturas en los nanocables.

Los investigadores creen que la sustancia viscosa plastifica el óxido metálico en la batería y le da flexibilidad, evitando grietas.

Rayos X

El físico alemán Wilhelm Röntgen se encontraba probando la fluorescencia que producían los tubos de rayos catódicos, cuando se dio cuenta de que este tipo de energía tenía la capacidad de atravesar la materia. Para probar su alcance decidió realizar investigaciones con distintos objetos, entre ellos, un anillo de plomo, que no pudo ser atravesado pero, en ese experimento, casualmente logró ver los huesos de su mano. Röntgen desconocía cómo es que se producían estos rayos, por lo que decidió nombrarlos “rayos incógnita” o “rayos X”. Por este descubrimiento, que hoy se utiliza a diario, recibió el Premio Nobel de Física en 1901.

Impresora por inyección de tinta (bubble jet)

Uno de los mecanismos de impresión más populares hoy en día también es producto de un accidente. Se descubrió en los años setenta cuando un ingeniero de la compañía Canon pensó en utilizar un sistema de impresión similar al que hizo que su pluma comenzara a disparar chorros de tinta luego de ser aplastada por una plancha. Así se inició con el sistema de inyección de tinta que funciona a través de resistencias que, al generar calor, hacen que la tinta se caliente, se expanda y sea expulsada hacia el papel. Las gotas que genera son tan pequeñas que la imagen o el texto son nítidos. El sistema abarató los costos impresión.

Horno de microondas

Este electrodoméstico indispensable en las cocinas es producto de la fascinación del ingeniero estadounidense Perry Spencer quien, luego de descubrir que una barra de chocolate que llevaba en su bolsillo se había derretido al estar cerca de sus instrumentos de trabajo, hizo investigaciones al respecto. Spencer estaba rodeado de magnetrones, dispositivos capaces de transformar la energía eléctrica en microondas electromagnéticas que generan calor, entonces, luego de diversas pruebas, el ingeniero notó que los alimentos se calentaban siempre y cuando la energía fuera de baja intensidad. Estos hornos se empezaron a vender en 1947.

Marcapasos

El ingeniero estadounidense Wilson Greatbatch nunca pensó influir en el mundo de la medicina pero, mientras buscaba crear un mecanismo oscilador que pudiera grabar y registrar los sonidos del corazón, por error, agregó un componente que dotó al sistema con la capacidad de emitir impulsos eléctricos rítmicos característicos del marcapasos que conocemos hoy en día. El primer modelo de su invento fue implantado en perros en 1958 y fue patentado en 1962. La casualidad lo llevó a revolucionar el ámbito de la cardiología, por lo que, en 1983 la Sociedad Nacional de Ingenieros Profesionales lo consideró uno de los hallazgos del siglo.
 

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