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Jerusalén ¿el principio del fin?

El reconocimiento de Jerusalén como capital solo de los judios hecho el día de ayer por el Presidente Trump en nada abona a la construcción de la Paz en una zona que sigue siendo un polvorín. Un reconocimiento que sólo beneficia a las alas más radicales de ambos lados de la ecuación y como se ve, podría ser el detonante de una nueva escalada de violencia.
07/12/2017
07:44
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El reconocimiento de Jerusalén como capital tanto de Judios como de Palestinos no es una discusión nueva, ha estado en la mesa de las negociaciones de paz desde la creación misma del estado de Israel pues para ambas naciones esa debería ser la ciudad principal por diversas razones pero principalmente por motivos religiosos.

Ha sido uno de los asuntos más álgidos en las negociaciones y la hoja de ruta hacia La Paz se ha construido en términos de reconocerla como capital de dos pueblos para que convivan en ella de manera pacífica y ordenada. 

El reconocimiento de Jerusalén como capital solo de los judios hecho el día de ayer por el Presidente Trump en nada abona a la construcción de la Paz en una zona que sigue siendo un polvorín. Un reconocimiento que sólo beneficia a las alas más radicales de ambos lados de la ecuación y como se ve, podría ser el detonante de una nueva escalada de violencia. 

Hoy por hoy, la población árabe en Jerusalén supera el 42% del total lo que de facto se convierte en un elemento más para el aumento de las tensiones. Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por al menos tres religiones: judios, musulmanes y cristianos y por ello tanto la política exterior estadounidense históricamente ha mantenido una visión acorde a las resoluciones de Naciones Unidas.

La medida, por demás innecesaria y egoísta, demuestra una vez más que el mayor peligro para la estabilidad mundial se llama Donald Trump. La lógica detrás de la decisión no tiene más que una clave puramente electoral: quedar bien con sus bases electorales en momentos en los que sus índices de aprobación han declinado y donde además muy pronto estarán inmersos en la búsqueda de financiamiento para las campañas. 

Este reconocimiento, sumado al de los asentamientos ilegales de judios en tierras palestinas que ha sido política recurrente de Netanyahu incrementan el nivel de las hostilidades hacia la población palestina y podría convertirse en el final de la posible existencia de dos estados y por ende en el epitafio del proceso de paz. 

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