Dedique un momento a recordar sucesos decisivos de su niñez o juventud. No sería arriesgado afirmar que esos recuerdos han definido su percepción del mundo, su personalidad y, en definitiva, lo que es usted hoy. Ahora imagine que pierde el acceso a ellos. Podrá percatarse, entonces, de la tremenda importancia de la memoria... Durante años se pensó que, en la edad adulta, el cerebro ya no se modificaba y que las neuronas (células nerviosas) morían sin que pudiera retrasarse su muerte. Pero esto no es del todo cierto.
“Recientemente se demostró que entre más activa sea la función cerebral, más se retrasa la aparición de enfermedades como la de Alzheimer. Todo el tiempo estamos expuestos a experiencias, por lo que nuestras neuronas se activan constantemente; esto se traduce en cambios plásticos en el cerebro”, dice el doctor Federico Bermúdez-Rattoni, investigador del Instituto de Fisiología Celular.
A fines del siglo XIX, Ramón y Cajal sostuvo que la información es almacenada en el cerebro mediante cambios anatómicos entre las conexiones (sinapsis) de las neuronas. Más tarde se propuso el concepto plasticidad sináptica para describir los cambios en las propiedades funcionales de una sinapsis como resultado de su actividad. Al someter a ratas adultas a repetidas sesiones de aprendizaje espacial en un Laberinto Acuático de Morris (LAM), Bermúdez-Rattoni y su equipo demostraron que sí se puede inducir la formación de nuevas sinapsis (sinaptogénesis) en las fibras musgosas del hipocampo, una región que forma parte del lóbulo temporal medial.
Regularmente, las fibras musgosas del hipocampo establecen muchas conexiones sinápticas en la región del cerebro conocida como stratum lucidum, pero muy pocas en la región externa llamada stratum oriens. Después de un análisis del cerebro de las ratas con el microscopio electrónico, Bermúdez-Rattoni y sus colaboradores confirmaron un aumento de terminales sinápticas de las fibras musgosas en el stratum oriens, es decir, una sinaptogénesis. Las ratas que experimentaron este incremento habían recibido 10 sesiones diarias de entrenamiento durante cinco días y semanas después recordaban mejor su tarea (memorizar la posición relativa de las referencias externas al LAM, con el fin de orientarse y encontrar una plataforma que les permitiera escapar del agua fría) que las que sólo fueron entrenadas uno o dos días.
Estos resultados sugieren que las nuevas conexiones sinápticas podrían estar relacionadas con la formación de la memoria de largo plazo y la representación espacial.
“Estos cambios en las neuronas se generan con gran rapidez; antes pensábamos que ocurrían en semanas.” (Leonardo Huerta Mendoza)