Por la jerarquía católica han sido tratados como un subgénero de familia, como los incompletos, como los que reproducen patrones nunca ideales para una sociedad, como a los que se les puede decir “pobrecitos”, y a los que de alguna forma los incluyen en el costal de las descalificaciones junto con las nuevas uniones homosexuales.
Son las familias monoparentales, aquellas conformadas por un solo padre de familia (ya sea hombre o mujer) y los hijos, que representan el 9% de los 24.8 millones de hogares que existen en México. Son esas historias que te encuentras en las aceras, de las que todos pueden contar porque son cercanas, pues parten de la experiencia personal o de amigos y familiares.
Mónica vive con sus hijos, Héctor y Emma Elizabeth. No considera que su familia esté por debajo de otras, pues a pesar de obstáculos por la ausencia del padre, han salido adelante. “Somos como cualquier familia y aunque tal vez sí faltó el amor o cercanía paterna, ahí ha estado el abuelo de mis hijos para no perder la figura masculina”, dice Mónica.
“Las familias tradicionales están en extinción, se están construyendo nuevos modelos de familias, mientras tanto no se puede asegurar que un niño esté predeterminado a circunstancias negativas por pertenecer a una familia monoparental o biparental”, explica el psicólogo de la Universidad Intercontinental, Fernando Valadez.
Lo que el experto subraya, y más aún en medio de la polémica generada por los matrimonios entre personas del mismo sexo y la posible adopción de menores por estas parejas, es que existen miles de niños que han sido criados por parejas homosexuales sin genitalidad.
“Ahí están siempre a cargo de los menores, la abuela y la madre, las tía y la madre, la hermana y la madre, y ello no indica el desarrollo de un patrón similar de conducta en los niños”, dice.
Mónica acepta reproducir el patrón que su mamá desempeñó cuando su padre se fue. “Ella se quedó a cargo de siete hijos y sola avanzó, sin necesidad de un hombre a su lado. Hoy he decidido quedarme con mis hijos solamente, me siento tranquila y sé que los puedo sacar adelante en todo sentido”.
La realildad
Otra historia es la de Alfredo. Su padre se fue cuando él tenía dos años, fue educado por su madre y su abuela hasta los cinco, cuando su madre, Alejandra, decidió vivir con una nueva pareja.
“Siempre tuve guías a quien acudir, primero con mi madre y mi abuela y luego con la pareja de mi mamá, un referente masculino, aunque en realidad en las que seguía apoyándome era en las mujeres”, comenta Alfredo, de 32 años.
Lo cierto es que millones de niños de todo el mundo se crían en grupos domésticos en los que sólo está presente uno de sus padres por causa de divorcio, la muerte de uno de los padres o la imposibilidad o negativa de casarse.
“No existe una prueba inherente a que las familias monoparentales sean patológicas, indeseables o contrarias a la naturaleza humana”, dice Virginia Guzmán Rodríguez, que tiene master en sexología clínica y de la salud.
Las críticas
Ante esta realidad la jerarquía católica mundial se manifiesta en un mismo sentido. El cardenal hondureño Óscar Rodríguez Madariaga ha declarado que las políticas de control natal y las “familias desintegradas” son causantes de la pobreza en América Latina.
Madariaga ha dicho que las familias con mamá, papá e hijos son las “correctamente integradas”, y tienen mayor salud y desarrollo económico. En contraste, las familias monoparentales y las “desintegradas” experimentan más la pobreza.
A esta voz se ha unido la del hoy obispo de Tehuacán, Puebla, Rodrigo Aguilar, quien ubica a las familias monoparentales en una situación difícil y por el contrario, reconoce el esfuerzo de muchas familias por “conservar los principios de su identidad natural y cristiana”.
Para organizaciones como la de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), la jerarquía católica ha colocado en una categoría “de segunda” a las familias diversas, entre ellas las de divorciados, separados, reconstruidas por divorciados, las de poliamorosos y las de los homosexuales, a las que ni consideran familia, por su imposibilidad de procrear.
“Además de ponerlos en una segunda categoría, es una señalización y criminalización social por ser diferente a lo que esperan. No hay respeto a las decisiones y en el ámbito de la pretensión de conformar una relación homosexual es mayor el rechazo”, dice Juana Mercado, del área de jóvenes de la organización CDD.
Línea de derecha
Los religiosos no han ido solos en este camino, pues los últimos dos gobiernos liderados por el Partido Acción Nacional (PAN) han dado su respaldo a estas posturas, subrayando además un ideal de familia con papá, mamá e hijos.
En 2005, Vicente Fox instauró que cada primer domingo de marzo se celebraría el Día de la Familia en México. Hace un año Felipe Calderón asistiría a inaugurar el Sexto Encuentro Mundial de las Familias, organizado por la Santa Sede, donde se promovía que el esquema familiar óptimo era el conformado por padre, madre e hijos.
“Lo que habrá que preguntarnos es qué familia se celebra, hay muchos tipos. Pero desde una concepción de inspiración cristiana mantienen el cuadro perfecto y ensalzan el núcleo familiar, donde no falta ningún padres, hombre y mujer por supuesto, y los niños. Es un asunto netamente comercial”, dice Valadez.
Desde 2005, el Consejo de la Comunicación apoya campañas a favor de la familia. Los comerciales desde ese entonces y hasta hoy muestran a familias tradicionales, siempre unidas y felices.
Ni por equivocación contemplar en esas imágenes a quienes les falta el padre o la madre, o los educados por abuelos o tíos y nunca a los desarrollados en un entorno con parejas de homosexuales.
Pero la realidad siempre se sobrepone a los deseos de grupos de derecha. Ahí está Fernando y Francisco, dos padres divorciados a cargo, cada uno, de dos hijos producto de su matrimonio. Pero también están Emma y Janice, lesbianas que conforman, con Gala, una familia diversa. Y el travesti Anxelica Risco, quien tiene a su familia.
Situación cada vez más “normal”
El demógrafo del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Carlos Welti, asegura que las familias monoparentales experimentarán un crecimiento importante debido a las rupturas conyugales, a la independencia económica, así como a la autonomía de la mujer y la mayor esperanza de vida que experimentan sobre la población masculina.
“Hace tres décadas era un común que la sociedad viera como bichos raros a la gente divorciada y a sus hijos, pero hoy, si hay ausencia de la figura paterna no es extraño. Así sucederá con las familias formadas por los mismos sexos, hoy pueden verse fuera de los esquemas tradicionales de parejas, que en su mayoría siguen siendo heterosexuales, pero en no más de 10 años esto se verá como normal”.
Los que no cambiarán su postura al respecto, son los jerarcas católicos y eso lo tienen claro organizaciones como la de CDD, que recuerdan que Jesús hizo un movimiento inclusivo, donde no se discriminaba a nadie, “Donde hay amor hay familia”, dicen.