En torno a algunos versos de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, la escritora mexicana Cristina Rivera-Garza construyó su novela La muerte me da, un thriller intenso protagonizado por dos mujeres: una periodista y una detective. Con esa obra, la narradora y ensayista obtuvo, por segunda ocasión, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2009 a novela escrita por mujeres, que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
A ocho años de recibir por vez primera el Premio Sor Juana, la narradora e historiadora asegura que frente a la literatura mantiene una actitud crítica y lúdica respecto al lenguaje. “Permanece la sensación burbujeante ésa de caminar dentro de una oración (o un párrafo) (o una página completa). El gozo de producir (más que de encontrar) puntos de partida. La convicción de que toda escritura que es, es política. La irreverencia (más que oposición) ante la cuadratura de los poderes. La maravillosa sensación de estar iniciando (otra vez). La urgencia (esta cosa vital) (esta cosa intelectual) que lleva a la pluma (o al teclado) otra vez”, apunta la escritora.
Definida como una novela perturbadora y ferozmente contemporánea, La muerte me da (Tusquets, 2007), es considerada por el jurado como un thriller, pero no un thriller cualquiera. “Rivera-Garza se instala como una detonación en este género tradicional y lo despedaza desde adentro, reinventado las maneras clásicas de narrar”.
En esa afirmación que consta en el acta del jurado, integrado este año por Sandra Lorenzano y Eduardo Antonio Parra, de México y Margarita Valencia, de Colombia, también se destaca el dominio del lenguaje literario de Cristina Rivera-Garza, su audacia narrativa, su atracción por el riesgo y la ruptura de los modelos establecidos, que la confirma como la autora de una obra de estructura provocadora que va de la narración al ensayo y de la poesía a la reflexión.
La poética de Alejandra Pizarnik
El jurado señaló que La muerte me da teje un relato complejo y atractivo en el que la historia policial es un pretexto para reflexionar sobre la propia escritura, sobre la vida y sobre la muerte. “Con la sombra de Alejandra Pizarnik siempre presente, el texto construye un equilibrio entre la pasión y el análisis, donde las palabras y los cuerpos son los términos principales de una ecuación que atrapa la estructura desde las primeras líneas”.
Considerada por ellos mismos como “una de las voces iberoamericanas más sólidas de hoy”, la escritora nacida en Matamoros, Tamaulipas en 1964, es la única que se ha hecho dos veces con el premio que está dotado con 10 mil dólares.