Cuando Martín despertó estaba adolorido, en una cama desconocida y en la habitación de una casa en Cuernavaca, Morelos. Desde los ocho años de edad, este niño vive en las calles de la Ciudad de México y fue en la Alameda, mientras dormía, donde fue ubicado, amordazado y secuestrado por cinco hombres que lo llevaron hasta ese cuarto para violarlo.
Tres meses después se enteró que también fue infectado con el VIH-Sida y con el apoyo de la Asociación Mexicana Pro Niñez y Juventud, Martín quiso denunciar a sus captores, pero en la agencia 59 del Ministerio Público del Distrito Federal las autoridades no quisieron iniciar las investigaciones con el argumento de que los hechos habían ocurrido en otro estado de la República.
Teresa, otra adolescente en situación de calle, ha tenido que escapar corriendo cuando menos en cinco ocasiones para no caer en las manos de pedófilos. “Llegan en carros muy lujosos o a veces en taxis y me dicen que si me voy con ellos pueden sacarme de la calle a mí y a mis hijas... yo no quiero eso”.
En historias similares, según cálculos de asociaciones civiles y de la Organización de las Naciones Unidas, están involucrados cuando menos 2 mil 500 niños y niñas del Distrito Federal que viven en las calles y que en plena luz del día son “enganchados” por consumidores de sexo y bandas de explotadores y comerciantes sexuales, cuya presencia se extiende cada vez más en la ciudad.
La zona de atracción
La Alameda central, enclavada en la gran área comercial de la Ciudad de México, es catalogada por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal como una de las principales zonas donde ocurre la explotación sexual comercial de menores.
Una de las modalidades de ese delito es la pederastia, pues hombres nacionales y extranjeros de entre 40 y 60 años de edad acuden a la Alameda para satisfacer su instinto sexual con niños y niñas que, por vivir en las calles, se vuelven más vulnerables y más fáciles de convencer, intimidar y engañar.
Todo sucede las 24 horas del día ante la mirada de comerciantes, trabajadores, empresarios, barrenderos, vendedores ambulantes, desempleados, estudiantes, policías locales que deambulan a caballo y en patrullas, miembros del Ejército que se dirigen al Palacio Nacional, senadores y diplomáticos que comen en los restaurantes del lugar. Todo pasa a unos pasos de un edificio de la Procuraduría General de la República.
Cuauhtémoc Abarca, director de la Asociación Mexicana Pro Niñez y Juventud, conoce la problemática por su trabajo de asistencia con niños en situación de calle. Ellos mismos, en llamados de auxilio, le han narrado los hechos.
Por eso sabe que el contacto de los pedófilos con sus víctimas ocurre en las inmediaciones de la estación Hidalgo del Metro y en las glorietas de la Alameda central. Ahí, los hombres se sientan y observan el escenario. Cuando eligen al niño o a la niña se acercan a ellos y conversan. En algunos casos, el trato continúa durante varios días hasta ganarse la confianza del menor, pero en otros el “enganche” ocurre de inmediato: les ofrecen dinero, comida o droga a cambio de aceptar el acompañamiento hasta el automóvil o a un cuarto de hotel.
Algunos niños que aceptan son llevados a hoteles de paso de la colonia Guerrero. En el caso de quienes son captados por extranjeros son trasladados a las habitaciones de hoteles cinco estrellas de avenida Reforma.
El pago promedio que reciben varía de entre los 100 y los 200 pesos. No más.
“Lo que ocurre después es que algunos niños y niñas se convierten en víctimas habituales de estas personas porque prefieren complacerlas y recibir el pago a cambio de pasar por lo menos una noche en un cuarto de hotel o tener disponible la droga”, comenta Abarca.
Sin embargo, otros niños enfrentan un fenómeno aún más violento, pues quienes se oponen y no acceden a los ofrecimientos son drogados y llevados por la fuerza a los hoteles para violarlos.
Eso le pasó a Martín el año pasado. Pero la madrugada del 3 de julio de este 2009 le ocurrió a otros tres de sus compañeros de calle que fueron hostigados, amarrados, golpeados y abusados sexualmente por varios hombres en el hotel Trébol de la colonia Guerrero.
“Ya hemos presentado denuncias porque han violado a los chicos en los hoteles Trébol y Parral y se ha vuelto una práctica común sin que las autoridades hagan algo para evitarlo, a pesar de que deben perseguir este delito por oficio”, dice Abarca.
La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) informó a KIOSKO que en unos días hará un operativo en hoteles de la zona para combatir este delito.
La cárcel sin rejas
Sofía Almazán, directora de Casa Alianza en México, señala que pocos son los niños que denuncian estos hechos por temor, pero también porque establecen vínculos estrechos con sus captores al grado de considerarlos sus amigos.
Considera que los niños en situación de calle viven en una especie de cárcel sin rejas, pues son espiados, abusados y explotados sexualmente sin que las autoridades hagan algo al respecto y sin que puedan huir o desprenderse de los lazos que los unen a sus captores.
“A veces hablan de ellos hasta con afecto y aquí les decimos que eso no puede ser, que ellos pueden y son merecedores de establecer lazos afectivos reales y más duraderos con otras personas que no les hagan daño”, señala Almazán.
Destaca que ante este gravísimo problema “debemos preguntarnos como sociedad por qué algunas personas tienen que consumir estos servicios, qué está pasando, por qué suceden este tipo de prácticas, llámense pedofilia o como se llamen, porque cualquier acto que implique la explotación sexual comercial es un delito y se debe castigar”.
La transformación
Otra de las especialistas que está sorprendida ante la expansión de la explotación sexual con niños, niñas y adolescentes en las calles del Centro la Ciudad de México es Norma Negrete, coordinadora en México de la organización mundial Fin a la Prostitución, Pornografía y Tráfico de Niños con Fines Sexuales (Ecpat, por sus siglas en inglés). Ella asegura que en la Merced los hombres que eran habituales consumidores de prostitución con mujeres ahora “demandan” niños varones para complacerse. “El fenómeno, lejos de prevenirse y disminuir -indica- se está desbordando al grado de que los consumidores están buscando otro tipo de satisfactores”.